El pasado 1 de septiembre, el presidente chino, Xi Jinping, arribó a la capital de Egipto para llevar a cabo la primera visita oficial al país en la última década. Xi asistió acompañado de su esposa acompañado de su esposa, Peng Liyuan, y fue recibido por el presidente Abdel Fattah El-Sisi y su esposa en el Aeropuerto Internacional de El Cairo, en una ceremonia con guardias de honor y jóvenes egipcios que ondeaban las banderas de ambas naciones. La visita tuvo lugar en el marco del 70º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Egipto, y formó parte de una gira más amplia por la región que incluyó, días antes, la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Kirguistán.

El encuentro se percibe como un encuentro diplomático entre ambas naciones. Sin embargo, esta no solo se posiciona como un gesto protocolar de aniversario, sino que representa una calculada estrategia durante el momento de mayor fragilidad de la arquitectura de seguridad estadounidense en Medio Oriente. Debido a que, además del 70 aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países, el contexto de crisis regional supone una razón dimayor fuerza para reforzar su mutua cooperación económica. En este contexto, el artículo abordará otras aristas de la noticia desde un enfoque crítico y descentralizado que aporten un análisis más completo.
Por otro lado, la cobertura de esta noticia revela un escenario complejo desde la perspectiva de países de capacidad media como Egipto. Precisamente, la visita expone el “hedging” estratégico de Egipto, ya que el Cairo ha empezado a diversificar sus opciones ante la incertidumbre generada por la guerra con Irán. Sin embargo, lo que resulta llamativo, no es el giro hacia Pekín en sí mismo, sino cómo este se ha hecho aún manteniendo un estrecho lazo con Washington. Debido a que, la ayuda estadounidense suele venir con condiciones tácitas de alineamiento estratégico. Y, Egipto recibe cerca de 1.300 millones de dólares anuales en ayuda militar de Estados Unidos. Por lo que, se demuestra cómo la incertidumbre de condiciones a la que ha llevado la inestabilidad regional supera las condiciones normales de alineamiento entre los países.
Asimismo, desde una perspectiva militar más compleja, la cumbre revela la búsqueda de China por reforzar su influencia militar en las regiones de África y Medio Oriente. De hecho, el pasado 22 de agosto, Egipto y China lanzaron el ejercicio aéreo conjunto “Eagles of Civilization 2026”, centrado en la planificación y gestión de operaciones de combate aéreo -ya la segunda edición anual. Asimismo, y en paralelo, el 19 de agosto empresas egipcias firmaron contratos de exportación con compradores chinos de productos agrícolas, textiles, minerales y bienes de ingeniería, mostrando cómo lo militar y lo comercial avanzan de la mano. En ese sentido, detrás del lenguaje de “hermandad civilizacional” hay un componente de cooperación militar creciente que ocurre en paralelo a los acercamientos de cooperación económica.

De la misma manera, la visita de cooperación mutua entre China y Egipto se da dentro de la construcción de un discurso de hermandad y cercanía entre dos países afectados por el imperialismo. En un artículo de opinión publicado en Al-Ahram, Xi sostuvo que la relación ha “mantenido su rumbo de desarrollo sin desviarse”, citando el apoyo histórico de China a la soberanía egipcia sobre el Canal de Suez y el voto egipcio para restituir el asiento de China en la ONU. Sin embargo, esto oculta la asimetría entre ambas economías. Por ejemplo, en el primer semestre de 2026, las importaciones egipcias desde China crecieron 14.3% hasta 10.400 millones de dólares, mientras que las exportaciones egipcias a China apenas alcanzaron 840.8 millones de dólares. Además, Egipto sigue el patrón clásico de una economía que exporta materia prima e importa manufactura respecto a China. Por lo que, aunque se busca construir un contexto de cooperación sur-sur de lucha histórica contra el colonialismo, la asimetría entre ambas economías es clara y puede generar diferentes dinámicas de interacción en el sistema internacional.
Por último, la visita mantiene un fuerte componente estratégico por la relevancia geográfica de Egipto. Por un lado, la Zona Económica del Canal de Suez es hoy el principal receptor de esa inversión, con capital chino representando el 40% de los proyectos recientes. En consecuencia, el interés de inversión por parte de la potencia asiática es real. Por otra parte, además de un destino aislado, Egipto se posiciona como una pieza en un recorrido regional más amplio que revela las prioridades reales de Pekín: asegurar rutas y aliados en un corredor marítimo cada vez más inestable. De hecho, el Canal de Suez es una ruta clave para el comercio chino, en la misma línea estratégica que Ormuz y el mar Rojo. En ese sentido, como la visita fue la segunda etapa de un recorrido regional, el acercamiento de China forma parte de una política transversal e integral
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