El portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN-72) de la Armada de EE.UU. abandonó este domingo Tailandia y reanudó su regreso hacia San Diego, después de completar una escala de cinco días que permitió a sus cerca de 5.000 marineros e infantes de Marina descansar tras uno de los despliegues más prolongados de los últimos años. El buque había llegado al puerto de Laem Chabang el miércoles luego de pasar 286 días consecutivos en el mar, gran parte de ellos atravesados por las operaciones estadounidenses contra Irán.
La Armada estadounidense confirmó la partida después de concluir la visita programada, que funcionó como la primera escala prolongada de descanso de la tripulación tras meses de operaciones. “Queremos agradecer al pueblo de Tailandia por su increíble hospitalidad”, afirmó el capitán Dan Keeler, comandante del portaaviones.
Durante la escala, miles de integrantes de la dotación se trasladaron hacia Pattaya mientras el buque permanecía en Laem Chabang. Otros medios pertenecientes a su grupo de ataque realizaron visitas simultáneas en puertos cercanos. El destructor USS Frank E. Petersen Jr. atracó en Sriracha, mientras el crucero USS Robert Smalls realizó su propia escala en Map Ta Phut.
Escenario Mundial informó el 2 de septiembre que el Abraham Lincoln había llegado a Tailandia después de acumular 286 días consecutivos en el mar, una duración que legisladores estadounidenses calificaron como un récord moderno para un portaaviones de la Armada de EE.UU. La partida de este domingo abre ahora la última etapa de un despliegue que comenzó en noviembre de 2025 y terminó extendiéndose mucho más allá de la planificación inicial.
De un despliegue en el Pacífico a meses de operaciones contra Irán
El Abraham Lincoln había zarpado desde San Diego el 21 de noviembre de 2025 para un despliegue inicialmente orientado hacia el Indo-Pacífico. La guerra con Irán modificó posteriormente esa planificación. Washington terminó enviando al grupo de ataque hacia Medio Oriente, donde el portaaviones permaneció durante meses participando tanto en operaciones de combate como en el bloqueo naval estadounidense.
Los despliegues de los portaaviones de la Armada de EE.UU. suelen extenderse entre seis y nueve meses, aunque pueden prolongarse durante conflictos. En el caso del Lincoln, la extensión generó crecientes cuestionamientos dentro de Estados Unidos debido al tiempo acumulado por la tripulación sin una escala prolongada.
Durante agosto, legisladores reclamaron explicaciones al Pentágono por denuncias relacionadas con agotamiento, condiciones de vida, suministros y salud mental entre algunos miembros de la dotación. El Departamento de Defensa rechazó parte de esas versiones y sostuvo que varios de los problemas informados habían sido exagerados o solucionados previamente. La duración de la misión, en cambio, quedó fuera de discusión. Cuando el buque llegó finalmente a Tailandia el 2 de septiembre, acumulaba 286 días seguidos en el mar.
El George Washington tuvo que viajar desde Asia para permitir el regreso del Lincoln
La salida del Abraham Lincoln de Medio Oriente solo fue posible después de que la Armada estadounidense enviara otro portaaviones para reemplazarlo. El USS George Washington (CVN-73), normalmente desplegado desde Yokosuka, Japón, fue trasladado desde el Pacífico occidental hacia el Mar Arábigo durante agosto para asumir las tareas que venía realizando el Lincoln.
Escenario Mundial informó entonces que el movimiento obligaba a EE.UU. a retirar temporalmente del Pacífico a su único portaaviones desplegado permanentemente en Japón para sostener las operaciones en Medio Oriente. El George Washington ingresó al área del Comando Central estadounidense el 19 de agosto y permitió que el Abraham Lincoln abandonara finalmente la región después de casi siete meses.
Desde allí, el Lincoln cruzó nuevamente hacia el área de responsabilidad del Indo-Pacífico y navegó hasta Tailandia. La escala de cinco días marcó un corte excepcional dentro de una misión caracterizada precisamente por la permanencia sostenida en el mar. Ahora el portaaviones vuelve a navegar hacia su base de origen en Naval Air Station North Island, San Diego, aunque la Armada no informó públicamente una fecha definitiva para su llegada ni descartó posibles escalas logísticas adicionales durante el trayecto.
Su regreso cerrará uno de los ejemplos más visibles del esfuerzo que la guerra con Irán impuso sobre la flota estadounidense: para retirar finalmente a un portaaviones que llevaba meses operando en Medio Oriente, Washington tuvo que desplazar hasta la región a otro grupo de ataque proveniente del principal teatro de competencia naval con China.
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