A más de cuatro años del inicio formal de las obras, nuevas imágenes obtenidas por Escenario Mundial en Ushuaia permiten observar el estado actual del predio destinado a la futura Base Naval Integrada, uno de los proyectos con los que Argentina busca ampliar su capacidad de operación sobre el Atlántico Sur y reforzar la logística hacia la Antártida. El contraste con los últimos documentos oficiales muestra, sin embargo, una brecha importante: mientras el Gobierno continúa definiendo a la instalación como un proyecto prioritario, el último porcentaje de avance físico cuantificado públicamente se mantuvo en 9,13%, y durante 2026 Defensa reconoció que la progresión de los trabajos depende de la disponibilidad financiera del Estado.

Las fotografías tomadas desde distintos sectores de la capital fueguina muestran un terreno ampliamente intervenido, caminos y superficies niveladas, maquinaria y algunas de las estructuras correspondientes a las primeras etapas del proyecto. No permiten establecer por sí solas el nivel de avance de cada componente de la futura base, pero sí ofrecen una imagen concreta del grado de materialización alcanzado por una iniciativa cuya piedra fundamental fue colocada en marzo de 2022.
Y esa diferencia importa especialmente en Ushuaia. La base no fue concebida simplemente como un nuevo lugar de asiento para unidades de la Armada Argentina. El proyecto prevé un muelle de aproximadamente 1.050 metros de desarrollo de atraque, instalaciones específicas para logística antártica, edificios de servicios marítimos, infraestructura para el Área Naval Austral y la Base Naval Ushuaia y, finalmente, viviendas para el personal. La ambición es construir una plataforma capaz de sostener operaciones navales en el extremo austral y prestar apoyo a la creciente actividad vinculada con el continente antártico.


Ese objetivo adquiere otra dimensión en 2026. Mientras la obra argentina continúa en sus etapas iniciales, la logística del extremo sur ya forma parte de movimientos concretos de distintos actores: Punta Arenas funciona como una plataforma consolidada hacia la Antártida; buques británicos desplegados alrededor de las Islas Malvinas utilizaron nuevamente instalaciones chilenas durante este año; y la propia administración británica en las islas evalúa recuperar conexiones marítimas con Chile. No se trata de una carrera formal entre Ushuaia y Punta Arenas, pero sí de una región donde disponer de puertos, servicios, infraestructura y capacidad de sostener operaciones tiene consecuencias geopolíticas concretas.
Cuatro años después, el gran muelle de Ushuaia todavía permanece en el proyecto
La escala de lo que Argentina pretende construir permite dimensionar también cuánto resta por ejecutar.
Según la planificación detallada por el Ministerio de Defensa ante el Congreso, la Base Naval Integrada fue organizada en tres grandes etapas. La primera contempla la urbanización y las redes de servicios básicos, el muelle, un edificio de servicios marítimos y las instalaciones necesarias para la logística antártica.
Solo el componente portuario previsto tendría una superficie aproximada de 15.640 metros cuadrados, sectores de atraque que sumarían unos 1.050 metros lineales y profundidades variables de entre 6 y 16 metros.

A ello deberían agregarse unos 2.540 metros cuadrados correspondientes al edificio de servicios marítimos y alrededor de 10.100 metros cuadrados de instalaciones destinadas específicamente a la logística antártica, incluyendo talleres, depósitos, cámaras frigoríficas, sectores administrativos y almacenamiento de combustibles y carga general.
La segunda etapa lleva la escala todavía más lejos: contempla aproximadamente 39.000 metros cuadrados de instalaciones para trasladar allí el Comando del Área Naval Austral, la estructura de la Base Naval Ushuaia, talleres, abastecimientos, automotores, la División de Patrullado Austral, alojamientos y distintos servicios.
Finalmente, una tercera etapa contempla la construcción y recuperación de viviendas fiscales para el personal de la Armada.
Frente a ese diseño, lo ejecutado hasta ahora permanece concentrado principalmente en los trabajos preparatorios.
El Informe N.º 144 de la Jefatura de Gabinete consignó como terminados los movimientos de suelo necesarios para dos galpones modulares de aproximadamente 1.250 metros cuadrados cada uno, además del sistema de fundaciones y la platea de hormigón armado correspondiente al Galpón Modular 24B, finalizada en mayo de 2025. También se avanzó en documentación técnica y licitatoria para el muelle, las redes de infraestructura y otros edificios.
El mismo documento estableció un avance físico general de 9,13% y un avance financiero de 19,40%, con una inversión acumulada entre 2021 y 2025 de $2.474.833.898. Es importante precisar que ese 9,13% constituye el último porcentaje general cuantificado localizado en la documentación oficial, no necesariamente una medición exacta del estado de la obra en agosto de 2026.
La actualización posterior presentada durante 2026 no publicó un nuevo porcentaje. Sí confirmó que se habían completado estudios, planimetría, movimiento y nivelación de terrenos y que existían avances en basamento, platea y una traza parcial de la red sanitaria.
Defensa mantiene la Base Naval Integrada como prioridad, pero reconoce el límite financiero
El dato más importante del último informe no está solamente en qué se construyó.
Está en qué condiciona lo que viene después.
Ante las consultas del Congreso, Defensa ratificó que la Base Naval Integrada constituye un “eje prioritario” para fortalecer la presencia argentina en el Atlántico Sur y mejorar la logística antártica. El objetivo declarado es convertir a Ushuaia en un centro de apoyo regional capaz de reducir costos y mejorar la capacidad de respuesta sobre el eje Ushuaia-Antártida.

Pero el mismo documento reconoce que la progresión de las obras depende de la disponibilidad de recursos.
La ejecución se encuentra supeditada a la programación financiera y disponibilidad de caja del Estado Nacional, mientras el FONDEF continúa apareciendo como principal instrumento de financiamiento.
Ahí aparece el verdadero contraste. El problema de la Base Naval Integrada ya no es demostrar su relevancia estratégica. Distintas administraciones, con orientaciones políticas diferentes, mantuvieron el proyecto y coincidieron en vincularlo con el Atlántico Sur y la Antártida.
El interrogante está en convertir esa definición estratégica en capacidad instalada.
Escenario Mundial ya había seguido el inicio de este proyecto en marzo de 2022, cuando comenzaron los primeros trabajos en Ushuaia. Cuatro años después, las grandes piezas que deberían cambiar la capacidad naval argentina en el extremo sur, principalmente el muelle y la infraestructura logística asociada, todavía permanecen por delante.
Mientras Argentina proyecta Ushuaia, Punta Arenas ya sostiene operaciones en el extremo sur
La comparación regional ayuda a entender por qué los tiempos del proyecto importan.
Del otro lado de la cordillera, Punta Arenas dispone desde hace años de infraestructura portuaria, aeroportuaria, comercial y técnica utilizada para operaciones antárticas de distintos países.
Durante 2026, esa capacidad volvió a quedar expuesta cuando el patrullero HMS Medway de la Real Armada británica, asignado al dispositivo militar británico alrededor de las Islas Malvinas, recaló en Punta Arenas para recibir apoyo logístico.
El episodio no fue aislado. La ciudad chilena forma parte también de las rutas utilizadas por el British Antarctic Survey y, más recientemente, la administración británica en Malvinas comenzó a evaluar la posibilidad de recuperar una conexión marítima comercial con Punta Arenas y ampliar el vínculo con proveedores chilenos.


Esto no significa que Chile y Argentina se encuentren desarrollando una competencia formal por el control de la logística antártica, ni que la futura Base Naval Integrada deba interpretarse como una respuesta directa a Punta Arenas.
Sí demuestra algo más sencillo: en el extremo austral, la infraestructura produce capacidad de acción.
Puertos, aeropuertos, depósitos, talleres, servicios marítimos y conexiones logísticas determinan desde dónde pueden operar buques y aeronaves, qué ciudades funcionan como puntos de apoyo y qué países pueden ofrecer servicios a terceros.
En un espacio donde convergen la proyección antártica, el reclamo argentino sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, las rutas del Atlántico Sur y la actividad militar y logística de actores externos, esa capacidad tiene una dimensión estratégica inevitable.
Argentina posee una de las posiciones geográficas más importantes del extremo sur, mantiene presencia permanente en la Antártida, sostiene el reclamo de soberanía sobre Malvinas y opera fuerzas navales en el Canal Beagle y el Atlántico Sur. Al mismo tiempo, alrededor de ese espacio funcionan redes logísticas utilizadas por Chile, Reino Unido y programas antárticos de múltiples países.
La Base Naval Integrada fue concebida para transformar esa ventaja geográfica argentina en capacidad logística y naval concreta.
Cuatro años después del inicio de las obras, los documentos oficiales y las imágenes obtenidas en Ushuaia muestran que esa transformación todavía se encuentra en sus primeras etapas.
La cuestión estratégica, por lo tanto, ya no es por qué Argentina necesita infraestructura naval en Ushuaia. Ese punto aparece prácticamente saldado en documentos y decisiones de gobiernos sucesivos.
La pregunta es cuánto tiempo puede sostener una prioridad estratégica en el papel antes de convertirla en una capacidad efectiva sobre el terreno.
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