Corea del Norte lanzó este jueves alrededor de diez misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón, como respuesta a la decisión de Estados Unidos y Corea del Sur de reducir sus ejercicios militares conjuntos. El lanzamiento vuelve a elevar la tensión en la península coreana y complica los intentos de Trump de reabrir un canal de diálogo con el líder norcoreano Kim Jong-un.

Según el Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur, los proyectiles fueron lanzados alrededor de las 17:00 hora local desde la región de la capital norcoreana y recorrieron aproximadamente 300 kilómetros antes de caer en aguas orientales. Seúl informó que reforzó sus sistemas de vigilancia y que mantiene una coordinación estrecha con Estados Unidos y Japón para analizar las características de los lanzamientos. Tokio también confirmó haber detectado un lanzamiento.
El episodio se produjo en el tramo final de Ulchi Freedom Shield, uno de los principales ejercicios militares anuales de Estados Unidos y Corea del Sur. Las maniobras habían sido previstas inicialmente para extenderse durante 11 días, pero Washington ordenó reducir sustancialmente su participación y finalmente ambos aliados acordaron limitar el ejercicio a cinco días, además de recortar parte del entrenamiento de campo. La decisión fue presentada por el mandatario estaodunidense como un gesto que podría contribuir a reducir las tensiones y facilitar un nuevo acercamiento con Corea del Norte.
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En este sentido, el presidente Donald Trump justificó la reducción apelando, entre otros argumentos, a su “muy buena relación” con Kim Jong-un y a su intención de volver a reunirse con el líder norcoreano. Trump afirmó el miércoles que espera encontrarse nuevamente con Kim este año, una posibilidad que refleja su intención de recuperar la diplomacia personal que caracterizó su primer mandato.
La decisión tiene una particularidad adicional: Ulchi Freedom Shield 2026 había sido diseñado precisamente para adaptar la preparación de ambos aliados a las transformaciones observadas en conflictos recientes. El ejercicio contemplaba la participación de aproximadamente 18.000 efectivos surcoreanos, además de fuerzas estadounidenses y elementos del Comando de Naciones Unidas, y debía incluir escenarios relacionados con drones, interferencias de GPS, ataques cibernéticos y otras amenazas multidominio.

Pero entre las experiencias analizadas se encontraba también una que afecta directamente a la península: la participación del Ejército Popular de Corea del Norte en operaciones reales junto a las Fuerzas Armadas de Rusia. La planificación estadounidense había señalado que las maniobras incorporarían lecciones derivadas de los conflictos recientes, incluida la experiencia obtenida por las tropas norcoreanas en el frente ruso-ucraniano.
Corea del Norte muestra que no fue suficiente el gesto de Trump para cambiar de postura
Por su parte, la respuesta de Pyongyang mostró que el recorte de las maniobras no fue suficiente para modificar su posición. Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano y una de las principales figuras de la política exterior del régimen, sostuvo que la reducción de la duración y el tamaño de los ejercicios no cambia su carácter “provocador y agresivo”. “Si Estados Unidos calcula que puede hacer pasar su reciente medida como una muestra de supuesta buena fe, no obtendrá la respuesta deseada”, afirmó.
Al mismo tiempo, Kim Yo Jong evitó cerrar completamente la puerta a una eventual negociación. Aunque rechazó la interpretación de Washington sobre los contactos recientes entre ambos países, sostuvo que las relaciones personales entre Kim Jong-un y Trump continúan siendo “excelentes”. Su postura combina así una advertencia militar con una señal política de que Corea del Norte no parece dispuesto a considerar el recorte de ejercicios como una concesión suficiente, pero tampoco muestra interés en romper el canal personal con el presidente estadounidense.

La secuencia también expone las dificultades que enfrenta Washington para equilibrar su estrategia hacia Corea del Norte con los compromisos de seguridad asumidos con Seúl. Los ejercicios conjuntos buscan mejorar la capacidad de respuesta ante una eventual agresión norcoreana, mientras que Pyongyang los interpreta desde hace décadas como ensayos para una invasión. La reducción ordenada por Trump generó preocupación en sectores surcoreanos por sus posibles efectos sobre la preparación militar de la alianza, aunque el Pentágono sostuvo que los objetivos esenciales de entrenamiento continuarían cumpliéndose.
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