Chile profundiza simultáneamente sus vínculos con China y Estados Unidos en dos dimensiones diferentes pero estratégicas para su proyección en el Pacífico. Mientras el canciller Francisco Pérez Mackenna inició este 18 de agosto una visita oficial a Beijing destinada a ampliar la relación comercial, tecnológica y política con el principal socio comercial chileno, la fragata Almirante Cochrane acaba de completar su primera participación en Pacific Dragon 2026, ejercicio liderado por la Marina estadounidense dedicado a integrar capacidades de defensa aérea y antimisiles entre algunas de las principales fuerzas navales del Indo-Pacífico.

Los movimientos reflejan una característica cada vez más relevante de la política exterior chilena frente a la competencia entre Washington y Beijing: Santiago mantiene una relación económica considerada estratégica con China mientras sus Fuerzas Armadas profundizan niveles de interoperabilidad con Estados Unidos y sus principales aliados regionales.
La primera parte de esta ecuación quedó nuevamente expuesta con el viaje del ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, quien permanecerá en China hasta el 22 de agosto. La agenda contempla una reunión con el canciller Wang Yi, además de encuentros con el viceprimer ministro He Lifeng, el ministro de Ciencia y Tecnología Yin Hejun y autoridades de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, organismo central en la planificación económica china y en la implementación de la iniciativa de la Franja y la Ruta.
La gira también incorpora reuniones con empresarios y la presentación del programa Choose Chile, con el que Santiago busca atraer nuevas inversiones y ampliar mercados. China ya es el principal socio comercial chileno: durante 2025 el intercambio bilateral alcanzó los US$ 67.105 millones, según datos difundidos por la Cancillería.
La importancia que el nuevo gobierno chileno asigna a esa relación había sido explicitada pocos días antes del viaje. Pérez Mackenna afirmó el 12 de agosto que China constituye un “socio fundamental” para Chile y sostuvo que profundizar el vínculo responde a un interés estratégico de largo plazo, planteando como nuevas áreas de cooperación el comercio, las capacidades productivas, la ciencia y la tecnología.
Mientras Chile mira a China, su Armada profundiza la interoperabilidad con EE.UU.
El movimiento diplomático ocurre prácticamente en paralelo con un salto cualitativo de la cooperación militar chilena con Estados Unidos en el Pacífico.
El pasado 17 de agosto, la Tercera Flota estadounidense confirmó la finalización de Pacific Dragon 2026, ejercicio especializado en defensa contra misiles balísticos y defensa aérea integrada realizado con fuerzas de Australia, Chile, Italia, Japón, Corea del Sur, España y Estados Unidos. Chile y España participaron por primera vez en esta edición.
La presencia chilena estuvo encabezada por la fragata FF-05 Almirante Cochrane, que se convirtió además en la primera unidad latinoamericana invitada a participar activamente del ejercicio. La Armada de Chile había definido previamente esa incorporación como un reconocimiento a sus capacidades operativas y como una oportunidad para poner a prueba sus sistemas en un escenario internacional de alta exigencia.

Pacific Dragon tiene una dimensión diferente a los ejercicios navales convencionales. Durante las maniobras, los participantes utilizaron enlaces tácticos compartidos y realizaron operaciones coordinadas de defensa contra misiles balísticos, buscando perfeccionar procedimientos para una defensa aérea y antimisiles integrada multinacional.
Junto a la Almirante Cochrane operaron algunas de las plataformas más avanzadas de las principales marinas aliadas de Washington en el Indo-Pacífico: el destructor australiano HMAS Sydney, el japonés JS Kongo, el surcoreano ROKS Jeongjo the Great, el español Álvaro de Bazán y el estadounidense USS Jack H. Lucas.
Una integración militar que viene profundizándose
Antes de incorporarse al ejercicio antimisiles, la Almirante Cochrane había participado en RIMPAC 2026, el mayor ejercicio naval multinacional del mundo, donde se integró al dispositivo en torno al portaaviones estadounidense USS Theodore Roosevelt.
Chile acumula tres décadas de participación en RIMPAC. Desde su incorporación en 1996, la Armada chilena fue escalando posiciones hasta asumir cargos de conducción dentro de la fuerza combinada.
El propio Ministerio de Defensa chileno sostiene que esa trayectoria refleja la confianza existente con Estados Unidos y otras marinas participantes y permite incorporar posteriormente al entrenamiento nacional doctrinas, procedimientos y experiencias obtenidas durante estas operaciones multinacionales.
Chile entre China y Estados Unidos
La coincidencia temporal entre ambos movimientos no implica que Chile esté intentando reemplazar una relación por otra. Por el contrario, muestra cómo Santiago busca mantener abiertos simultáneamente espacios de cooperación con las dos principales potencias que compiten por influencia en el Pacífico.

Con Beijing, la prioridad continúa concentrándose en comercio, inversiones, infraestructura, tecnología y acceso a mercados. Con Washington y sus aliados, el vínculo alcanza niveles particularmente profundos en defensa, entrenamiento e interoperabilidad militar.
Esa diferenciación permite a Chile desarrollar una política de equilibrio sin necesidad de alinearse plenamente con uno de los dos bloques.
El contraste es especialmente visible esta semana: mientras Pérez Mackenna viajó a Beijing con el objetivo declarado de profundizar una relación que el propio gobierno chileno considera estratégica a largo plazo, una de las principales unidades de superficie de su Armada termina de entrenarse con Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Australia en una de las redes de defensa antimisiles más sofisticadas desplegadas durante ejercicios en el Pacífico.
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