Un avión de combate F-18 español derribó este domingo un dron que había ingresado en el espacio aéreo de Rumania desde Moldavia, en un nuevo incidente que cuestiona la seguridad del flanco oriental de la OTAN. La interceptación ocurrió a las 05:01 hora local, cerca de la frontera rumana con Ucrania y Moldavia, según informó el Ministerio de Defensa rumano.

Gleb Garanich/Reuters
Posteriormente, los restos del aparato cayeron en una zona despoblada de la región de Galati, cerca de la frontera con Ucrania. Las autoridades rumanas no informaron víctimas ni daños materiales derivados del derribo. El episodio se produjo después de un nuevo ataque del Kremlin contra Kiev y otras regiones de Ucrania.
Daños colaterales producto de la proximidad geografíca
Rumania se encuentra entre los países de la OTAN más expuestos a las consecuencias de la guerra en Ucrania debido a su proximidad geográfica con el conflicto. Desde 2023, las autoridades rumanas vienen informando en reiteradas ocasiones sobre la presencia de fragmentos de drones en su territorio después de ataques rusos contra puertos ucranianos situados sobre el río Danubio.

Adicionalmente, el incidente se suma a una serie de episodios registrados recientemente en otros países miembros de la Alianza. En Letonia, cazas de la OTAN derribaron un dron que había ingresado en su espacio aéreo, mientras las autoridades luego desplegaron efectivos para localizar los restos. Según las Fuerzas Armadas letonas, el episodio estuvo relacionado con la denominada “guerra electromagnética rusa”.
El caso de Letonia no fue aislado. Este fue el segundo episodio del año en el que cazas de la OTAN interceptaron un dron desviado sobre territorio letón. El 8 de junio, aviones franceses de la Alianza habían derribado otro aparato procedente de Ucrania, que se había desviado como consecuencia de las tácticas rusas.
Incursiones repetidas y una tensión latente
Rumania también había registrado nuevas alertas en los días anteriores. El jueves, dos F-18 españoles desplegados en el país despegaron después de que un radar del Ministerio de Defensa detectara un dron no identificado cerca de la frontera con Ucrania. El aparato penetró unos 3,5 kilómetros en territorio rumano, permaneció aproximadamente 12 minutos en la zona y posteriormente regresó hacia Ucrania.

Durante esa alerta, las autoridades enviaron mensajes a los habitantes del condado de Tulcea para que permanecieran en sus viviendas. La jornada había incluido además otra alerta aérea, después de que dos F-16 rumanos fueran enviados para vigilar un segundo dron que había ingresado en el espacio aéreo nacional.
El flanco oriental de la OTAN muestra sus debilidades
La sucesión de estos episodios plantea un desafío para los países de la OTAN que comparten proximidad geográfica con la guerra de Ucrania. La presencia de drones cerca de sus fronteras obliga a mantener activos los sistemas de vigilancia y a desplegar aviones capaces de responder ante eventuales incursiones.

En este contexto, el derribo realizado por el F-18 español constituye un nuevo episodio de una dinámica que se extiende por distintos sectores del flanco oriental de la OTAN. La principal cuestión para los países aliados es determinar el origen y las circunstancias de cada incursión, mientras buscan evitar que los incidentes vinculados con la guerra en Ucrania deriven en una escalada mayor.













