Donald Trump ordena la reconstrucción masiva de la Armada de los Estados Unidos mediante un memorando que exige el regreso de las catapultas de vapor al portaaviones USS Doris Miller y la creación de un nuevo astillero público para recuperar la superioridad naval frente a China. Esta directiva, firmada el 13 de agosto de 2026, representa un giro radical en la estrategia de defensa al abandonar las catapultas electromagnéticas (EMALS) y los elevadores de armas avanzados en el futuro CVN-81, estableciendo un plazo de 60 días para que el Pentágono presente un plan que sustituya estos sistemas por tecnologías hidráulicas y de vapor tradicionales.
La medida busca mitigar los “retrasos y sobrecostos acumulados” que ya han postergado la entrega del Doris Miller desde 2032 hasta febrero de 2034, en un momento donde la administración busca simplificar diseños “excesivamente complejos” para acelerar la producción naval. Esta transición técnica ocurre en un contexto de alta tensión tecnológica, ya que mientras Washington prepara el regreso a sistemas probados, China ya ha incorporado catapultas electromagnéticas en su portaaviones Fujian, la plataforma más avanzada de su armada.
A pesar de las advertencias de fabricantes como General Atomics sobre los riesgos de rediseñar un buque que ya cuenta con un 50% de su producción asociada completada, el Ejecutivo estadounidense ha decidido priorizar la fiabilidad operativa para evitar que el CVN-81 sufra las fallas iniciales de la clase Ford. Esta decisión se complementa con una reforma profunda del Comando de Sistemas Navales (NAVSEA), cuya efectividad será evaluada exclusivamente por la velocidad de entrega de los buques, eliminando la burocracia que ha paralizado seis programas principales de construcción.
Para expandir la capacidad física de la flota, el memorando autoriza la creación del quinto astillero naval público, el primero en ocho décadas, con ubicaciones proyectadas cerca de la Flota del Pacífico en Alaska, Hawái o territorios de ultramar. Esta nueva infraestructura contará con hasta tres diques secos capaces de sostener portaaviones y todas las clases de submarinos nucleares, apoyados por un nuevo Centro de Reparación de Componentes que mantendrá repuestos críticos para las clases Los Angeles, Virginia, Seawolf, Ohio y el futuro Columbia. Este despliegue logístico busca garantizar que Estados Unidos pueda sostener una guerra prolongada o una competencia de alta intensidad en el Pacífico mediante una base industrial resiliente y geográficamente estratégica.
Finalmente, el plan introduce el denominado “Modelo Finlandia”, un esquema de cooperación internacional que permitirá a astilleros aliados participar en la construcción de buques logísticos y de carga, siempre que realicen inversiones duraderas en suelo estadounidense. Bajo este modelo, los socios extranjeros podrán fabricar los dos primeros buques de una serie en sus países de origen para cubrir brechas urgentes de capacidad, con la condición de construir las unidades restantes en astilleros estadounidenses revitalizados, utilizando mano de obra local y transfiriendo tecnología propietaria. Con estas acciones, la administración Trump pretende inaugurar una nueva “Era Dorada Marítima” que devuelva a Estados Unidos el control de las rutas comerciales y la hegemonía militar global.
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