Un 50% de la flota de cazas F-16 fuera de servicio y 40 semanas de demora en talleres europeos marcan la peor crisis de preparación y mantenimiento de la Fuerza Aérea de Ucrania durante la guerra con Rusia. En este sentido, un informe publicado por The Wall Street Journal confirma que la parálisis técnica mantiene a más de la mitad de las aeronaves fuera de servicio en talleres aliados. En consecuencia, analistas de inteligencia militar advierten que, de sostenerse el actual ritmo de operaciones y los retrasos en las revisiones, las fuerzas ucranianas podrían agotar sus aparatos disponibles antes de que finalice el año.

Para entender el origen de este colapso operativo, es necesario analizar el grave cuello de botella existente en los centros de reparación europeos. El Departamento de Defensa de los Estados Unidos adjudicó un contrato de 235,5 millones de dólares a la firma belga Sabena Aerospace Engineering para ejecutar las tareas de mantenimiento de nivel intermedio y de depósito. Sin embargo, las inspecciones periódicas de fase que habitualmente demandan entre 2 y 6 semanas en instalaciones estadounidenses sufren retrasos de hasta 40 semanas en Bélgica.
Por consiguiente, la falta de repuestos clave y la acumulación de horas de vuelo en fuselajes F-16AM/BM maduros inmovilizan a una aviación que opera con un margen de escala sumamente ajustado.

A este estrangulamiento técnico se suma la reducida cantidad de aeronaves disponibles en el frente de batalla. Hasta el momento, Kiev ha recibido entre 40 y 50 cazas F-16 procedentes de la coalición internacional integrada por Bélgica, Dinamarca, Países Bajos y Noruega. No obstante, una parte de ese lote permanece retenida en Europa para la instrucción de nuevos pilotos, mientras que ya se han contabilizado 5 bajas confirmadas entre accidentes y acciones de combate.
Por su parte, aunque la promesa total abarca 110 aviones —con apenas 3 unidades adicionales anunciadas por Bélgica para fin de año—, la llegada gradual de más aeronaves sin capacidad técnica para repararlas amenaza con colapsar aún más la red logística.
En paralelo, la parálisis en los talleres se combina con un agudo desabastecimiento de municiones guiadas de origen occidental. Los arsenales de misiles aire-aire AIM-9 Sidewinder de corto alcance y AIM-120 AMRAAM de medio alcance se han desgastado aceleradamente al ser utilizados tanto por los F-16 como por los sistemas antiaéreos terrestres NASAMS.

Como resultado de este doble consumo sobre una cadena de suministro tensionada, los pilotos se ven obligados a racionar sus disparos y recurrir a su cañón interno M61 Vulcan de 20 mm para abatir objetivos aéreos, lo que obliga a gestionar compras de urgencia de decenas de miles de proyectiles de 20 mm.
Por último, este cuadro crítico coincide con una escalada masiva en las ofensivas rusas con vehículos aéreos no tripulados. Durante el último mes, Moscú lanzó aproximadamente 2.000 drones de ataque kamikaze (Geran y Shahed), en comparación con los apenas 350 registrados en junio. Al alcanzar velocidades de 600 km/h, estos proyectiles superan la capacidad de interceptación de los drones lentos y fuerzan la salida constante de la aviación tripulada.
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