El inicio de una nueva etapa de diálogo político entre China y Filipinas se produce en un momento de máxima fricción militar en las aguas disputadas del Mar de China Meridional. A pesar de los recientes choques físicos entre sus fuerzas navales, ambos países han buscado un acercamiento diplomático en el marco de la reunión anual de ministros de Relaciones Exteriores de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) celebrada en Manila.
El principal hito de este acercamiento es la participación del canciller chino, Wang Yi, en las reuniones que comienzan el 22 de julio de 2026 en la capital filipina. Según fuentes diplomáticas, se espera que Wang Yi mantenga un encuentro bilateral con su homóloga filipina, Theresa Lazaro, lo que representaría la primera reunión de este nivel en dos años. El objetivo central de estas conversaciones es avanzar en la negociación de un Código de Conducta (CoC) para reducir el riesgo de incidentes militares, una iniciativa que ha permanecido estancada durante más de dos décadas.
Aumento de la presión
Este intento de desescalada política contrasta radicalmente con la realidad de los enfrentamientos en el frente marítimo. El lunes 20 de julio de 2026, las Fuerzas Armadas de Filipinas denunciaron que un miembro de la Guardia Costera china golpeó a un marinero filipino con una porra de madera en el banco de arena Second Thomas Shoal (Ayungin). Este tipo de incidentes violentos, que incluyen el uso de remos y palos, se han vuelto recurrentes en las zonas donde Manila mantiene puestos avanzados como el buque BRP Sierra Madre.
Por otro lado, Filipinas ha presentado protestas formales por la detección de una plataforma flotante con antenas en el arrecife de Scarborough. Manila teme que estas instalaciones iniciales terminen convirtiéndose en islas artificiales con capacidades militares permanentes. Y, además, en junio de 2026, Beijing escaló el conflicto al prohibir la entrada a China al ministro de Defensa filipino, Gilberto Teodoro Jr., y a toda su familia, en respuesta a sus críticas contra las actividades navales chinas.
El papel de Estados Unidos y el reordenamiento regional
La reapertura del diálogo coincide con la presencia en Manila del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, quien busca reforzar la alianza estratégica con Filipinas frente a la influencia china. Ante la presión de Pekín, Filipinas ha optado por diversificar sus alianzas, modernizando su defensa con el apoyo de Japón y Australia, y participando en ejercicios conjuntos de contradesembarco y pruebas de misiles.
En conclusión, aunque la reunión en Manila abre una ventana para el diálogo diplomático, las agresiones directas en los arrecifes y la construcción de infraestructura en zonas disputadas mantienen la relación en un estado de confrontación latente, donde la desconfianza mutua sigue siendo el principal obstáculo para una estabilidad duradera.
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