El presidente Javier Milei aseguró este jueves 16 de julio que su Gobierno consiguió “avances enormes” en la cuestión de las Islas Malvinas y sostuvo que los acercamientos con Estados Unidos permitieron que Naciones Unidas “obligara a Inglaterra a sentarse a negociar” con la Argentina.
La declaración fue formulada durante una entrevista después de que la selección argentina eliminara a Inglaterra del Mundial 2026 y varios jugadores exhibieran una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”. Milei respaldó el gesto y reiteró que la recuperación del archipiélago deberá concretarse por la vía diplomática.
Sin embargo, la afirmación central del Presidente no supera un chequeo básico: Naciones Unidas no obligó al Reino Unido a sentarse a negociar y Londres tampoco aceptó abrir una mesa bilateral sobre soberanía.
El Comité Especial de Descolonización adoptó el 25 de junio una nueva resolución por consenso que reconoce la existencia de la disputa y solicita a la Argentina y al Reino Unido que reanuden las negociaciones. El texto representa un respaldo diplomático importante para la posición argentina, pero no tiene capacidad coercitiva, no establece sanciones, no fija un calendario y no obliga jurídicamente al Gobierno británico a iniciar conversaciones.
Tampoco constituye una innovación introducida por la administración Milei. El propio debate del Comité recordó que Naciones Unidas sostiene esa posición desde la Resolución 2065 de 1965 y que el llamado a reanudar las negociaciones ha sido reiterado durante décadas.
Por lo tanto, presentar la resolución como el resultado directo del alineamiento con Washington y como una obligación nueva impuesta sobre Londres exagera tanto el contenido del pronunciamiento como sus consecuencias. El balance real de la gestión muestra actividad diplomática, protestas y algunas iniciativas concretas, pero ningún cambio equivalente al anunciado por el Presidente.
Lo que el Gobierno sí puede mostrar como avances
La administración Milei mantuvo la cuestión Malvinas dentro de los principales foros multilaterales y consiguió renovar los apoyos tradicionales de América Latina, el Caribe y otros países.
Durante la sesión del Comité de Descolonización, representantes de Mercosur, CELAC, el Grupo de los 77 y China y otros bloques reiteraron su respaldo a los derechos argentinos y reclamaron la reanudación de las negociaciones bilaterales. También cuestionaron las actividades unilaterales relacionadas con recursos naturales y la presencia militar británica en el Atlántico Sur.
Esto constituye un activo diplomático para la Argentina. Sin embargo, es principalmente una continuidad de la política de Estado desarrollada por gobiernos de distintos signos políticos y no un reconocimiento internacional creado desde cero por la actual gestión.
El Gobierno también reabrió canales de cooperación con Londres. En septiembre de 2024, la entonces canciller Diana Mondino y su par británico David Lammy acordaron avanzar con la tercera etapa del Plan Proyecto Humanitario, organizar una visita de familiares de caídos y trabajar sobre conectividad, conservación pesquera y otros asuntos prácticos bajo la fórmula de salvaguardia de soberanía.
La gestión también presentó protestas por actividades petroleras, decisiones de las autoridades isleñas y movimientos militares británicos. En septiembre de 2025, Cancillería rechazó formalmente las operaciones de Navitas Petroleum y recordó que la compañía había sido declarada clandestina por operar sin autorización argentina.
Este es uno de los instrumentos más concretos de la gestión. El problema es que todavía no existe evidencia pública de que haya logrado impedir el financiamiento, retrasar el cronograma o provocar la salida de algún actor central.
Estados Unidos abrió una ventana, pero todavía no cambió de posición
Milei vinculó los supuestos avances con su alineamiento con Estados Unidos. Ese acercamiento produjo, como mínimo, una oportunidad política que no debería descartarse.
En abril de 2026, una comunicación interna filtrada del Pentágono reveló que funcionarios estadounidenses evaluaban revisar el respaldo diplomático de Washington a la posición británica sobre las islas, como parte de posibles represalias contra países de la OTAN que no habían apoyado suficientemente las operaciones estadounidenses contra Irán.
Estados Unidos no anunció públicamente que respalda el reclamo soberano argentino, no retiró formalmente su apoyo al Reino Unido y no promovió una negociación concreta. Londres respondió inmediatamente que su posición permanecía “sin cambios” y que no aceptaría modificaciones sobre la soberanía.
Sea Lion avanzó mientras Argentina acumulaba protestas
El principal contraste entre el discurso oficial y los resultados concretos aparece en el proyecto petrolero Sea Lion.
Durante 2024 y 2025, la Cancillería presentó protestas contra las evaluaciones ambientales, la búsqueda de financiamiento y las actividades de Navitas y Rockhopper. Sin embargo, el 10 de diciembre de 2025 las empresas alcanzaron la decisión final de inversión, después de asegurar las autorizaciones, los proveedores y la estructura financiera necesaria para iniciar el desarrollo.
Actualmente, Navitas clasifica a Sea Lion como un proyecto “en desarrollo” y prevé alcanzar el primer petróleo en marzo de 2028. Su primera fase contempla once pozos submarinos conectados a una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga. Rockhopper calcula que esa etapa permitirá recuperar aproximadamente 170 millones de barriles.
Sea Lion atravesó la etapa decisiva pese a las notas diplomáticas y las advertencias argentinas. Si cumple su calendario, comenzará a producir durante el mandato presidencial iniciado en 2027 y podría modificar profundamente la capacidad económica de las autoridades isleñas.
Los ejercicios británicos se convirtieron en parte del paisaje
La misma brecha aparece en el terreno militar.
Durante la gestión Milei, el Reino Unido mantuvo la compañía rotativa de infantería, los aviones Eurofighter Typhoon, la capacidad de transporte A400M, el patrullero naval permanente y la infraestructura de Monte Agradable. Además, continuó desarrollando ejercicios destinados a reforzar, desplegar y sostener fuerzas en las islas.
Londres también continúa invirtiendo en Monte Agradable y otras instalaciones. Documentos británicos describen a las islas como una base militar permanente, un centro logístico para el Atlántico Sur y un punto de apoyo para operaciones antárticas. La Estrategia de Seguridad Nacional británica de 2025 reafirmó expresamente que el Reino Unido mantendrá allí su presencia militar.
Eso deja un problema estratégico: la militarización no se produce solamente durante las pruebas de misiles. También avanza mediante ejercicios de infantería, refuerzos aéreos, rotación de tropas, mantenimiento de radares, patrullas navales, obras de infraestructura y operaciones logísticas hacia la Antártida.
El HMS Medway y una protesta que llegó después de que el movimiento fuera público
El caso del HMS Medway expuso nuevamente ese carácter reactivo.
El patrullero británico navegó desde las Islas Malvinas hacia Punta Arenas para una escala logística realizada entre el 5 y el 8 de julio. Su movimiento y el posible tránsito por espacios marítimos bajo jurisdicción argentina comenzaron a ser informados públicamente por Escenario Mundial el 7 de julio.
La Cancillería presentó la nota formal de protesta ante la Embajada británica el 13 de julio y difundió públicamente el comunicado dos días después, el 15 de julio. El Gobierno denunció que el movimiento no había sido notificado adecuadamente y que involucró el tránsito por el mar territorial argentino.
La protesta existió y fue jurídicamente contundente. Pero llegó varios días después de que el recorrido comenzara a circular públicamente y su difusión terminó coincidiendo con el partido entre Argentina e Inglaterra.
El Reino Unido, por su parte, sostuvo que se trató de un paso inocente realizado de acuerdo con el derecho marítimo y afirmó que la misión transportaba suministros para operaciones científicas antárticas.
¿Hubo realmente “avances enormes”?
El balance obliga a separar tres categorías.
El Gobierno puede mostrar gestiones: mantuvo la cuestión Malvinas en los foros internacionales, renovó apoyos diplomáticos, abrió canales humanitarios, presentó protestas contra Sea Lion.
También puede mostrar oportunidades: la relación con Estados Unidos abrió una discusión interna inesperada y permitió imaginar un escenario más favorable para la posición argentina.
Pero los resultados sustantivos son mucho más limitados.
El Reino Unido no aceptó negociar soberanía. Estados Unidos no modificó formalmente su posición. Sea Lion alcanzó la decisión final de inversión. La presencia militar británica continuó fortaleciéndose y las fuerzas desplegadas en las islas siguieron ejercitándose. El HMS Medway atravesó espacios cuestionados por la Argentina antes de que la protesta fuera presentada.
La respuesta más precisa, entonces, es que Milei tiene razón cuando señala que su Gobierno realizó acciones y consiguió algunos movimientos diplomáticos favorables. Pero aún se deben los “avances enormes” y directamente se equivoca al afirmar que Naciones Unidas obligó al Reino Unido a negociar.
La ONU volvió a pedir lo que viene pidiendo desde hace más de medio siglo. Londres volvió a rechazarlo. Y mientras el Gobierno argentino celebraba la resolución, el Reino Unido continuó consolidando petróleo, infraestructura y presencia militar en el Atlántico Sur.
Hubo más actividad de la que admiten los críticos más duros de Milei, pero bastante menos avance del que proclamó el Presidente.
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