Apenas pasado el mediodía, Argentina y Egipto se enfrentarán por los octavos de final del Mundial 2026. Cuando muevan la pelota del círculo central, se pondrán en juego historias políticas y paralelismos que acercan mucho a dos Estados referentes de sus regiones. La Copa del Mundo los enfrenta, el Fondo Monetario Internacional, las presidencias de Juan Domingo Perón y Gamal Abdel Nasser los acercan. Los primeros años tras la Segunda Guerra Mundial fueron intensos para ambos países y coincidieron, por algún tiempo, fuertes liderazgos que marcaron una época.
El vínculo entre Argentina y Egipto, más allá del Mundial
Existen, como se introdujo, muchos puntos de contacto entre Argentina y Egipto en el último siglo. El surgimiento de los grandes líderes en la Guerra Fría y la respuesta desde la tercera posición es una. La deuda actual y la relación problemática con el FMI son las más contemporáneas. También apareció un nuevo camino que los separó hace unos años: Argentina rechazó el ingreso a los BRICS en 2024, en la misma tanda en la que Egipto se incorporó a esta alianza mundial.
Estos países, además, son líderes de dos regiones en pugna histórica entre las grandes potencias. Como Rusia y Estados Unidos se aproximaban a ellos en la posguerra, lo hace ahora también China y, aún igual, Norteamérica. Su posicionamiento en el tablero geopolítico siempre es influyente en clave regional.
Dos símbolos del antiimperialismo
Juan Domingo Perón llegó antes que Gamal Abdel Nasser a la presidencia de su país. El surgimiento temprano del líder argentino llegó a suponer que sirvió de inspiración para su par egipcio. Las similitudes y simpatías entre ambos líderes se nuclean alrededor del antiimperialismo, la neutralidad en la era de la Guerra Fría y el desarrollo de una influencia del Estado en la economía e industrialización.
Se ha demostrado, a través de una investigación, el entrelazamiento y contactos oficiales entre ambos gobiernos. Si bien no existen fotos ni hechos fehacientes sobre un encuentro, si se conoce el intercambio de cartas entre Perón y Nasser. Desde Egipto, hubo viajes de diplomáticos y representantes que se interesaron en el gobierno peronista.
Por el lado argentino, Perón siguió con interés la revolución egipcia de 1952. La evolución de ambas épocas nacionales no fue coincidencia, sino que el intercambio y la coincidencia generaron una retroalimentación entre los movimientos.
La traducción al árabe de la Doctrina Justicialista y La Razón de Mi Vida marcan el interés del principal país de Medio Oriente en la época sobre el fenómeno argentino. Nasser se erigiría como el parteaguas en la historia del panarabismo y la resistencia a la injerencia extranjera. Como también Perón basó parte de su campaña frente a Estados Unidos y en favor de una posición neutral en la era del gran enfrentamiento con la Unión Soviética.
Simpatizantes del Movimiento de Países No Alineados, referentes de la resistencia regional a los imperios, partidarios de una fuerte injerencia del Estado en la economía y la industria, Nasser y Perón dejaron una huella, no solo en sus tierras, sino en el tablero global del Siglo XX.
Argentina y Egipto, ¿de la resistencia al control blando?
La segunda mitad del siglo XX fue transformando la canalización de la disputa por el poder global. Incluso con líderes antiimperialistas y reclamos de soberanía, como Malvinas y Suez, Argentina y Egipto encontraron una conexión más contemporánea de injerencia extranjera en esta era mundial.
Estados Unidos, o los poderes económicos, comenzaron a diversificar sus métodos de intervención. Si bien aún en Medio Oriente persisten las maniobras militares, desde el Siglo XXI en Latinoamérica predominan los abordajes desde la economía con el FMI.
Egipto, que dio un vuelco en su política exterior tras el fin de la era Nasser, es uno de los grandes aliados árabes de Estados Unidos. La influencia del imperio del norte se ve reforzada en el aterrizaje del Fondo a las economías de Argentina y Egipto, siendo, además, los países con mayor deuda de los clasificados al Mundial.
Con Ucrania en el medio por el obvio motivo de la guerra, estas naciones son las que han construido una relación más duradera con el organismo internacional en este siglo. La devaluación del peso argentino y la libra egipcia, la inflación, la escasez de reservas y el déficit fiscal son otras características compartidas entre las realidades de ambos países.
Sin embargo, esta búsqueda de financiación, inversión extranjera y acuerdos que generen alianzas económicas los terminaría separando, finalmente, en 2024. Los caminos de Egipto y Argentina en su proyección mundial se dividieron en la reforma del BRICS: el gigante árabe formalizó su ingreso al mismo tiempo que el país sudamericano rechazó la integración.
Dos caras, ya no de la misma moneda
A pesar de las similitudes económicas, políticas e industriales que acercan a Argentina y Egipto, finalmente han optado por respuestas disímiles. Mientras, desde el gobierno de Javier Milei, el primero se acercó decididamente a Estados Unidos, Abdel Fattah Al-Sisi posicionó al país árabe de manera más fiel a la historia no alineada.
Su ingreso formal a los nuevos BRICS+, al igual que Arabia Saudita o Pakistán, como vecinos regionales, marcó una nueva tendencia en su política exterior. Mientras el gobierno egipcio se abrió al multilateralismo, su par argentino apostó por la alianza irrestricta con Estados Unidos.
Aun así, Argentina intenta matizar la urgencia de sus reservas con medidas como el swap con China, pero su dependencia del dólar sigue latente. Por su lado, Egipto intenta escapar de la crisis acercándose al Nuevo Banco de Desarrollo. Esto no significa salir de la esfera de influencia del FMI; sino diversificar sus carteras de provisión de divisas.
De esta forma, Egipto puede considerar haber obtenido algunos alivios económicos con las inversiones anunciadas por el NBD, mientras que la jugada del gobierno argentino aún se limita a beneficios políticos o preferencias diplomáticas que no se traducen en guiños a la economía.
La cooperación en términos de desarrollo industrial, especialmente apuntada hacia minerales críticos, sigue siendo un campo potencial. Incluso una de las áreas más favorecidas, como la Defensa, sigue siendo de menor importancia para Washington en comparación con su cooperación con Egipto. Aquí, vale aclarar, mueve la aguja el peso del rol egipcio en Gaza.
Así se separa un largo recorrido casi a la par, donde Argentina y Egipto construyeron sólidas coincidencias sin requerir oficialmente de una alianza per se. Los caminos se alejaron y, finalmente, hoy se vuelven a tocar, pero como rivales en esta Copa del Mundo.
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