Bélgica está probando una nueva configuración para sus cazas F-16 orientada a enfrentar una de las amenazas que más transformó la guerra moderna: los drones de bajo costo. La Fuerza Aérea belga ensaya el empleo de cohetes guiados láser FZ275 de 70 mm, desarrollados por Thales Belgium, para interceptar drones de ataque desde aeronaves F-16AM.

La iniciativa apunta a resolver un problema que se volvió central para las fuerzas armadas occidentales: cómo destruir drones baratos sin gastar misiles de defensa aérea mucho más costosos que el objetivo. En los últimos conflictos, especialmente en Ucrania, los sistemas no tripulados demostraron que pueden saturar defensas, golpear infraestructura crítica y obligar al defensor a consumir interceptores caros a un ritmo difícil de sostener.
En ese contexto, Bélgica busca adaptar una plataforma ya disponible, como el F-16, para una misión que hasta hace pocos años no formaba parte de sus funciones principales. En lugar de depender únicamente de misiles aire-aire tradicionales, la prueba explora el uso de cohetes guiados de menor costo, con mayor capacidad de carga por salida y suficiente precisión para atacar blancos aéreos de baja velocidad.
El sistema utilizado es el FZ275 LGR, un cohete guiado láser de 2,75 pulgadas, o 70 mm, producido por Thales Belgium. A diferencia de un cohete no guiado convencional, el FZ275 incorpora guiado semi-activo láser, lo que permite dirigirlo hacia un blanco iluminado por un designador. Esta característica lo convierte en una munición de precisión de bajo costo relativo, apta para enfrentar objetivos pequeños, móviles o de bajo valor económico.
La configuración observada en los F-16 belgas incluyó pods LAU-131 para cohetes de 70 mm, con capacidad teórica para transportar múltiples disparos en una sola salida. Esa es una de las claves de la prueba: frente a ataques con varios drones, el número de interceptores disponibles por aeronave importa tanto como la precisión o el alcance.
El concepto no convierte al F-16 en un reemplazo de la defensa aérea terrestre, pero sí le da una función complementaria. Un caza armado con cohetes guiados puede actuar como plataforma de reacción rápida contra determinados tipos de drones, especialmente aquellos de mayor tamaño, menor velocidad o trayectoria previsible. También permite reservar misiles más caros para amenazas más complejas, como aeronaves tripuladas, misiles de crucero o blancos de alto valor.

La lectura estratégica va más allá de Bélgica. La prueba muestra cómo las fuerzas de la OTAN están intentando cerrar la brecha entre sistemas de defensa caros y amenazas baratas. El problema no es solo tecnológico, sino económico: si un defensor necesita disparar interceptores de alto costo contra drones de bajo precio, la ecuación favorece al atacante.
La guerra en Ucrania aceleró esa discusión. Los drones de ataque, los merodeadores y los enjambres obligaron a los países europeos a repensar sus capas de defensa aérea. En ese escenario, soluciones como el FZ275 buscan ocupar un espacio intermedio: más precisas que municiones no guiadas, pero mucho más accesibles que misiles antiaéreos avanzados.
El caso belga también expone una tendencia más amplia: la reconversión de plataformas heredadas. Mientras varios países europeos avanzan en la transición hacia cazas de quinta generación, como el F-35, los F-16 siguen ofreciendo margen para nuevas misiones si se los combina con sensores, pods y municiones adaptadas al entorno actual.
Bélgica no está simplemente probando un arma nueva. Está ensayando una respuesta a una pregunta que atraviesa a toda la defensa occidental: cómo sostener la defensa aérea frente a drones baratos, numerosos y cada vez más letales sin quebrar la relación entre costo del blanco y costo del interceptor.
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