Corea del Norte realizó una nueva demostración de fuerza al probar sistemas de artillería y misiles modernizados bajo la supervisión de su líder, Kim Jong Un, en una serie de ensayos que elevan la presión sobre Corea del Sur. Las pruebas, difundidas por la agencia estatal KCNA, coincidieron con el aniversario del inicio de la Guerra de Corea de 1950-1953, una fecha que Pyongyang suele aprovechar para enviar mensajes políticos y militares tanto a Seúl como a Washington.

Según la información oficial, los ensayos incluyeron una versión modernizada del sistema lanzacohetes múltiple de 24 tubos y calibre 240 milímetros, un misil balístico táctico equipado con una nueva ojiva y un obús autopropulsado de 155 milímetros con alcance ampliado. De acuerdo con KCNA, el lanzacohetes incorpora un sistema autónomo de guiado de precisión y ahora puede alcanzar objetivos situados hasta 90 kilómetros de distancia, una capacidad suficiente para impactar sectores del área metropolitana de Seúl desde posiciones cercanas a la frontera intercoreana.
Tras observar las pruebas, Kim Jong Un expresó su satisfacción por los resultados y afirmó que el desarrollo militar del país avanza hacia una mayor automatización, un incremento del alcance y una capacidad de “ultraprecisión”. El dirigente sostuvo además que el fortalecimiento del arsenal convencional busca garantizar que “ningún enemigo se atreva a enfrentarse” a Corea del Norte y reiteró la necesidad de consolidar una postura ofensiva capaz de disuadir cualquier amenaza externa.
Corea del norte busca hacer frente a la alianza entre Estados Unidos y Corea del Sur
Estas maniobras fueron interpretadas como una demostración de fuerza dirigida específicamente a Corea del Sur. Yang Moo-jin, ex rector de la Universidad de Estudios Norcoreanos, señaló que la información divulgada por Pyongyang sobre el alcance de los sistemas y la identificación de objetivos como aeródromos, puertos e instalaciones energéticas constituye una estrategia destinada a generar incertidumbre y reforzar la capacidad de disuasión del régimen. Corea del Norte busca integrar sus capacidades convencionales y nucleares para ampliar el poder de ataque de las unidades desplegadas cerca de la frontera.

En mayo, el régimen anunció ensayos de una combinación de misiles balísticos tácticos, cohetes de artillería y misiles de crucero guiados mediante inteligencia artificial, mientras que este mes el líder norcoreano prometió dotar a la Armada de capacidades nucleares y acelerar la construcción de nuevos buques de guerra. Estas iniciativas responden, según expresó Kim Jong un, al fortalecimiento de la cooperación militar entre Corea del Sur y Estados Unidos, al que acusa de incrementar el riesgo de un conflicto en la península.
El contexto regional también contribuye al aumento de las tensiones. Días antes de las pruebas, el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, abordó la situación de seguridad en la península con el presidente estadounidense, Donald Trump, durante la cumbre del G7. Tras el encuentro, Lee afirmó que ambos coincidieron en la necesidad de prestar una mayor atención a Corea del Norte y reforzar los mecanismos de coordinación bilateral frente a la evolución del programa militar norcoreano.
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