Japón rechazó las acusaciones de China sobre supuestas maniobras de acoso y provocación contra el portaaviones Liaoning y otros buques de la Armada china durante sus recientes operaciones en el Pacífico occidental. La respuesta japonesa abre un nuevo cruce político-militar entre Tokio y Beijing en una de las rutas más sensibles del Indo-Pacífico.

La controversia comenzó después de que medios estatales chinos afirmaran que buques y aeronaves japonesas habían seguido de cerca, vigilado e interferido con el grupo del Liaoning durante sus más de 40 días de ejercicios en el Mar de China Meridional y el Pacífico occidental. Según la narrativa china, la fuerza naval respondió de manera “profesional y prudente” ante esas supuestas acciones japonesas.
Tokio negó esa versión. El Estado Mayor Conjunto japonés sostuvo que los reportes chinos presentan como si la Fuerza de Autodefensa hubiese realizado actos de obstrucción o provocación contra el Liaoning, pero afirmó que esas acusaciones no se corresponden con los hechos.
El jefe de la Fuerza Marítima de Autodefensa también defendió la actuación japonesa y remarcó que las operaciones de vigilancia e inteligencia se realizan conforme al derecho internacional y a las normas aplicables. En esa línea, Japón sostiene que reducir la vigilancia sobre el entorno marítimo y aéreo del país solo alentaría intentos de modificar el statu quo por la fuerza.
El episodio ocurre pocos días después de que Japón detectara al Liaoning navegando junto a un destructor clase Renhai y un destructor clase Luyang III entre Okinawa y Miyako, rumbo al Mar de China Oriental. Ese corredor es clave porque forma parte de la primera cadena de islas, el arco estratégico que condiciona la salida naval china desde sus mares cercanos hacia el Pacífico occidental.
Para China, los despliegues del Liaoning buscan mostrar que sus operaciones de portaaviones en aguas lejanas ya forman parte de una rutina militar. Para Japón, en cambio, cada tránsito de un grupo aeronaval chino cerca de Okinawa, Miyako o las islas del suroeste obliga a sostener vigilancia permanente, sobre todo en un contexto marcado por Taiwán y la expansión naval china.
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