Pablo Quirno reafirmó en la Asamblea General de la OEA los derechos argentinos sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y rechazó el avance del proyecto Sea Lion bajo licencias británicas consideradas ilegítimas por Buenos Aires.

Argentina volvió a reclamar ante la Organización de Estados Americanos que el Reino Unido reanude las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, en una intervención donde también apuntó contra los avances británicos vinculados al proyecto petrolero Sea Lion.
Durante su discurso en la 56ª Asamblea General de la OEA, el canciller Pablo Quirno sostuvo que la cuestión Malvinas sigue siendo una causa nacional, una política de Estado y un mandato consagrado en la Constitución Nacional. En ese marco, agradeció el respaldo histórico de los países de la región al reclamo argentino.
El punto central del mensaje fue doble: por un lado, Argentina volvió a pedir que Londres retome el diálogo bilateral para alcanzar una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía; por otro, rechazó los actos unilaterales que el Reino Unido continúa impulsando en el área bajo disputa.
Quirno recordó que la OEA ha reconocido la cuestión Malvinas como un asunto de interés hemisférico permanente y que, en reiteradas oportunidades, instó a la Argentina y al Reino Unido a reanudar negociaciones. También citó la Resolución 2065 de Naciones Unidas, que reconoció la existencia de una disputa de soberanía e indicó que ambas partes deben negociar.

El tramo más fuerte del discurso apuntó al proyecto Sea Lion, impulsado por Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum. Según Quirno, los recientes avances del desarrollo petrolero se apoyan en licencias otorgadas por las autoridades británicas en las islas, a las que Argentina considera ilegítimas.
Para Buenos Aires, esos movimientos constituyen un intento de consolidar hechos consumados en un territorio cuya soberanía permanece pendiente de solución. El canciller sostuvo que ninguna licencia irregular, inversión privada o decisión unilateral puede alterar la naturaleza jurídica de la controversia.

La mención a Sea Lion vuelve a colocar la disputa en un terreno estratégico. Malvinas ya no aparece solo como una cuestión diplomática o histórica, sino también como un conflicto atravesado por recursos naturales, explotación hidrocarburífera, control marítimo e infraestructura en el Atlántico Sur.
Quirno buscó equilibrar firmeza y apertura diplomática. Afirmó que el gobierno de Javier Milei desea una relación madura con el Reino Unido en áreas de interés común, pero remarcó que esa disposición al diálogo no puede dejar afuera el punto central: la soberanía.
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