China inició un programa de investigación destinado a desarrollar tecnologías para el vuelo de misiles hipersónicos a baja altitud, una capacidad que podría plantear nuevos desafíos para los sistemas de defensa de Estados Unidos y el Indo-Pacífico. El proyecto, liderado por la Academia China de Ciencias (CAS), busca resolver algunos de los problemas más complejos de la ingeniería aeroespacial moderna y abrir el camino hacia una nueva generación de armas de alta velocidad.

En este sentido, la iniciativa se centra en una idea particularmente inquietante para los planificadores militares occidentales, y es la de un misil capaz de desplazarse a velocidades superiores a cinco veces la velocidad del sonido mientras permanece cerca de la superficie terrestre o marítima. Al operar por debajo del horizonte radar durante buena parte de su trayectoria, un sistema de estas características podría reducir considerablemente los tiempos de alerta y dificultar la interceptación por parte de las defensas aéreas y navales.
El programa reúne al Instituto de Mecánica de la Academia China de Ciencias, la Universidad de Ciencia y Tecnología de China y el Instituto de Tecnología e Ingeniería de Materiales de Ningbo. Los investigadores trabajarán en áreas como la optimización aerodinámica, el control de ondas de choque, la gestión térmica y el diseño de sistemas de propulsión capaces de soportar las condiciones extremas generadas por el vuelo hipersónico a baja altitud.
China busca desafiar los sistemas de defensa de Estados Unidos y el Indo-Pacífico
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es la apuesta por la combustión por detonación como tecnología de propulsión principal. Según Liu Xiaoming, subdirector del Instituto de Mecánica de la CAS, esta tecnología permitiría aumentar el empuje de los motores y ampliar el rango operativo de futuros vehículos hipersónicos. A diferencia de los motores convencionales, la combustión por detonación utiliza ondas de choque supersónicas para impulsar la reacción química, lo que, en teoría, ofrece una mayor eficiencia energética y mejores prestaciones en condiciones extremas.

Lo cierto es que el interés de Pekín por este tipo de tecnología se enmarca en la rivalidad y competencia estratégica con Estados Unidos. China ya dispone de sistemas hipersónicos operativos, entre ellos el misil DF-17 y diversos programas experimentales vinculados al Ejército Popular de Liberación. Sin embargo, estos sistemas suelen emplear trayectorias de planeo o crucero a gran altitud. El desarrollo de un arma capaz de mantener velocidades hipersónicas a baja altura representaría un salto tecnológico improtante que podría complicar los esquemas defensivos estadounidenses basados en radares de alerta temprana y sistemas de interceptación de largo alcance.
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