Argelia llega al Mundial 2026 como uno de los rivales de Argentina en el Grupo J, junto a Austria y Jordania. Para la Selección de Scaloni, será un cruce contra un equipo africano con talento europeo, memoria mundialista y una carga histórica fuerte. No es debutante, no es potencia global, pero sí una selección incómoda de enfrentar, competitiva y con argumentos para complicar a cualquiera.
La clasificación argelina se selló con una victoria 3-0 ante Somalia, resultado que le permitió asegurarse el primer puesto de su grupo y volver a una Copa del Mundo después de doce años. Fue el cuarto seleccionado africano en conseguir el pasaje al torneo de 2026, detrás de Marruecos, Túnez y Egipto.
Para los argentinos, es probablemente el rival más difícil de leer, ya que no tiene el peso histórico de una potencia europea, pero cuenta con futbolistas de jerarquía, experiencia internacional y una identidad competitiva marcada por el fútbol africano, árabe y euroepo al mismo tiempo.
El equipo es dirigido por Vladimir Petković, entrenador bosnio que asumió en 2024. Su llegada buscó ordenar a un plantel golpeado por una Copa Africana decepcionante, pero con una base de talento suficiente para volver rápido a escena. El DT cuenta con las cartas de haber clasificado a Suiza a octavos de final en Rusia 2018 y a cuartos de final en la Euro 2020. La gran figura de Argelia sigue siendo Riyad Mahrez, que con 34 años, lejos de su mejor momento, el extremo de Al-Ahli continúa siendo el emblema de la selección. Este Mundial, será la revancha para él, ya que en Brasil 2014 no tuvo protagonismo.
Pero en Escenario Mundial vamos más allá del fútbol, analizamos también los principales puntos de la política, la historia y el lugar que ocupa cada país en el tablero internacional.
La política de Argelia y su rol en África
Argellia es una república presidencialista ubicada en el norte de África. Es el país más grande del continente por superficie y una de las potencias centrales del Magreb. Su historia moderna está marcada por la guerra de independencia contra Francia, el peso de las Fuerzas Armadas, la renta energética y una identidad política muy vinculada al antiimperialismo, la causa palestina y el principio de autodeterminación.
En el Magreb, Argelia es una potencia central, pero también un actor en disputa permanennte por el liderazgo regional. Su rivalidad con Marruecos atraviesa buena parte de su política exterior, especialmente por la cuestión del Sáhara Occidental, que Argelia considera un caso pendiente de descolonización. Esa disputa no es solo territorial o diplomática, sino que expresa una competencia por influencia en África, en el mundo árabe y en la relación con Europa.
Cómo golpeó la Primavera Árabe a Argelia
La Primavera Árabe golpeó a Argelia de una manera distinta a otros países de la región. No produjo una caída inmediata del régimen como en Túnez o Egipto, en parte porque el recuerdo de la guerra civil de los años 90 todavía funcionaba como una advertencia social contra el caos.
Sin embargo, el malestar acumulado reapareció con fuerza en 2019 con el Hirak, el movimiento popular que forzó la salida de Abdelaziz Buteflika tras dos décadas en el poder y abrió una etapa de reformas limitadas bajo Abdelmadjid Tebboune.
La religión en Argelia
La cuestión religiosa también es clave para entender al país. Argelia es mayoritariamente musulmana sunita y el islam forma parte de su identidad nacional, pero el Estado mantiene un fuerte control sobre la esfera religiosa. Esa relación está marcada por la experiencia traumática de la guerra civil de los años 90, cuando el avance del islamismo político y la respuesta del aparato estatal derivaron en una década de violencia.
Desde entonces, el gobierno combina identidad islámica, nacionalismo y control institucional para evitar que la religión vuelva a convertirse en un factor de disputa abierta por el poder. Por eso, Argelia llega al Mundial con una doble identidad. En primer lugar, es una selección con talento, memoria y una figura global como Mahrez. Fuera de la cancha. es una potencia del Magreb que busca recuperar peso regional en medio de rivalidades, energía, tensiones con Marruecos y una política exterior que intenta moverse sin quedar atrapada en un solo bloque.
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