El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, parece tener los días contados en el poder: los líderes sindicales se han vuelto contra el líder británico en un momento en el que se espera que el Partido Laborista pierda cientos de escaños en los ayuntamientos en toda Inglaterra, incluido Londres. El partido estaba en un 18% en una encuesta nacional de intención de voto publicada por YouGov, muy por detrás de Reform con un 25%.

Ante este panorama, se espera que este viernes el primer ministro confirme que desea mantener su cargo. Sin embargo, lejos de las cámaras, los líderes de los 11 sindicatos formalmente afiliados al Partido Laborista debatirán los resultados y sus implicaciones en medio de la desilusión con el desempeño de Starmer.
Los líderes sindicales, al igual que los diputados laboristas en los escaños traseros, están divididos sobre si el Primer Ministro debería marcharse y, si eso ocurre, a quién apoyarían como sustituto. Por ejemplo, Andrea Egan, la nueva secretaria general de Unison, se ha autodenominado “fan” de Andy Burnham, el alcalde de Manchester, y ha criticado los intentos de impedirle convertirse en diputado.
Burnham tendría que encontrar la manera de regresar a la Cámara de los Comunes para cumplir sus ambiciones de convertirse en líder laborista, ya que solo los diputados en activo pueden ganar el puesto. Pero, si el apoyo en torno a Burnham se consolida, podría llegar a un acuerdo para retrasar la salida de Starmer hasta que su rival del norte haya regresado a Westminster.
Pero otros líderes sindicales han indicado que apoyarían a Angela Rayner, la ex viceprimera ministra que entró en política a través del movimiento sindical. Cabe recordar los opiniones de los sindicatos son significativas, ya que los grupos afiliados desempeñan un papel formal en el proceso de liderazgo laborista, con respaldos que ayudan a los candidatos a avanzar y que los miembros pueden votar.
En el pasado, los sindicatos también han apoyado a candidatos donando dinero, prestando personal para campañas y permitiendo que sus oficinas se utilicen para llamadas telefónicas y reuniones de planificación. Pero, más allá de las especulaciones, Starmer está determinado a cumplir con el mandato que ha recibido del pueblo británico, aunque muchos incluso creen que debería convocar elecciones generales en lugar de permitir que cualquier posible sustituto gobierne sin un mandato.
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