En medio de una prolongada guerra entre Rusia y Ucrania, un fenómeno menos visible comienza a ganar atención en América Latina tras una investigación de la Fiscalía General de la República de Perú sobre una red de trata que capta ciudadanos para luchar en el frente de la guerra.
Se trata de 18 peruanos que, luego de presentarse ante la sección consular en Moscú, comenzaron a regresar al país en vuelos escalonados. El proceso fue resultado de gestiones diplomáticas sostenidas durante las últimas semanas, en las que la Cancillería brindó asistencia directa, incluyendo alojamiento y alimentación, a quienes lograron salir de la zona de conflicto. Mientras algunos ya han regresado, otros continúan en proceso de repatriación, lo que evidencia que la situación aún está en desarrollo.

En paralelo, Lima solicitó formalmente a la embajada rusa información urgente sobre la ubicación, estado de salud y condiciones de los ciudadanos que permanecen en la zona de guerra. Desde Moscú, se reconoció que algunos peruanos firmaron contratos con las fuerzas armadas, aunque sin despejar del todo las dudas sobre las circunstancias en las que se produjeron esos acuerdos.
Engaño, coerción y una investigación por trata de personas
Detrás de estos retornos emerge un cuadro más complejo. Las denuncias de familiares sostienen que muchos de los ciudadanos fueron captados mediante ofertas engañosas de empleo, principalmente en áreas de seguridad, con promesas salariales de entre 2.000 y 3.000 dólares mensuales. Una vez en Rusia, según estos testimonios, se les habría retenido la documentación y posteriormente se los destinó al frente en Ucrania.

A partir de estas denuncias, la fiscalía peruana abrió una investigación por presunta trata de personas y trata agravada, apuntando a una posible red que habría operado de manera sistemática desde 2025. Se estima que hasta 600 peruanos podrían haber sido reclutados bajo estas modalidades, mientras que ya se reportan al menos 13 fallecidos en combate.
Informes y reconstrucciones periodísticas, como los publicados por Kyiv Post, refuerzan esta hipótesis al describir patrones de captación similares en distintos países. Estas investigaciones señalan que los reclutas extranjeros son frecuentemente incorporados mediante contratos poco claros, sin pleno conocimiento de que serán desplegados en zonas activas de combate, y en muchos casos bajo condiciones que limitan su capacidad de abandonar el servicio.

Del Perú a África
El caso peruano no es aislado, sino que se inserta en una estrategia más amplia vinculada a las necesidades de personal en el conflicto. Diversas estimaciones indican que miles de ciudadanos extranjeros han sido incorporados a las filas rusas, ya sea a través de acuerdos formales o mediante mecanismos más opacos.

Entre los casos más mencionados se encuentran contingentes provenientes de países africanos, donde también se han detectado esquemas de reclutamiento basados en incentivos económicos y promesas laborales. Según datos difundidos por autoridades ucranianas, más de 1.700 ciudadanos de al menos 36 países africanos estarían combatiendo junto a fuerzas rusas.
A esto se suma la participación de efectivos de Corea del Norte, en el marco de acuerdos bilaterales con Moscú, lo que refleja una diversificación de las fuentes de reclutamiento en función de las necesidades militares.
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