El ejercicio militar Balikatan 2026, el más grande en la historia de esta serie, reúne a fuerzas de siete países en un despliegue que combina entrenamiento operativo, coordinación multinacional y un mensaje claro de disuasión en el Indo-Pacífico. Durante casi tres semanas, desde el 20 de abril hasta el 8 de mayo, alrededor de 17.000 efectivos de Filipinas, Estados Unidos, Australia, Canadá, Francia, Japón y Nueva Zelanda participan en maniobras que van desde simulaciones de combate a gran escala hasta ejercicios con fuego real. La inclusión de varios de estos países con tropas en el terreno por primera vez marca un salto cualitativo en la evolución del ejercicio.

En escenarios como la isla de Palawan, las fuerzas aliadas simulan la defensa ante un desembarco enemigo desde el Mar de China Meridional, una de las zonas más disputadas del mundo. Allí, tropas estadounidenses y filipinas comparten trincheras mientras sistemas HIMARS lanzan misiles desde la costa, en coordinación con unidades aéreas y fuerzas terrestres desplegadas en la playa. La escena, descrita por observadores como una demostración de poder militar, refleja el tipo de operaciones que podrían resultar decisivas en un conflicto real.

Aunque oficialmente las maniobras no están dirigidas contra ningún país en particular, el trasfondo estratégico es evidente. Las tensiones entre China y varios países del sudeste asiático, sumadas a la posibilidad de un conflicto en torno a Taiwán, han reconfigurado las prioridades de defensa en la región.

Entrevista al Gral. Ronald Clark
En este contexto, el comandante del Ejército de Estados Unidos en el Pacífico, el general Ronald Clark, fue claro al definir el objetivo central del ejercicio. “En el gran esquema de las cosas, nuestro deber más importante es disuadir”, afirmó en una entrevista, subrayando que la preparación es la mejor herramienta para evitar la guerra. Para Clark, Balikatan representa precisamente eso, la capacidad de entrenar juntos antes de una crisis, construir confianza y asegurar que, llegado el caso, las fuerzas puedan operar de manera integrada.

Ese cambio de enfoque también se refleja en la naturaleza de las maniobras. Si en el pasado predominaban las operaciones contra insurgencias o terrorismo, hoy el eje está puesto en conflictos de alta intensidad y defensa territorial. En esta edición, por ejemplo, se realizaron ejercicios de contra-desembarco y operaciones para asegurar puntos estratégicos en el estrecho de Luzón, una zona clave al sur de Taiwán.
Estas prácticas no son menores. Según explicó Clark, incluyen el despliegue rápido de sistemas como lanzadores de misiles HIMARS y plataformas antibuque en islas remotas, capacidades que serían críticas para contener a la marina china en caso de escalada. A su vez, la integración de nuevas tecnologías, desde drones hasta sistemas avanzados de comando y control, apunta a mejorar la capacidad de respuesta y la coordinación en tiempo real.

Sin embargo, más allá del componente tecnológico, el eje del ejercicio sigue siendo político y estratégico. “Las alianzas son el ingrediente secreto”, sostuvo Clark, al remarcar que Estados Unidos no enfrenta conflictos en soledad, sino junto a sus socios. En esa misma línea, funcionarios filipinos destacaron que la amplia participación internacional refuerza la idea de un orden basado en reglas, frente a las críticas de Pekín, que calificó las maniobras como una provocación.
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