El paso del portaaviones nuclear USS Nimitz (CVN-68) por Argentina, en el que será su último viaje antes de ser decomisionado, es una gran excusa para repasar la historia de este buque, el más antiguo de su tipo todavía en servicio para la Armada de Estados Unidos, y como cambió la guerra naval a lo largo de su vida útil.
Asignado en 1975 y desplegado por primera vez en 1976, el servicio del USS Nimitz debía concluir en el año de su 50° aniversario operativo, pero se extendió a 2027 para evitar la reducción de la flota de once portaaviones norteamericanos, que había entrado en crisis por las demoras en la entrega del USS John F. Kennedy. Con la expectativa oficial de que el nuevo navío esté listo en marzo del año entrante, se cumple lo establecido por una ley de 2011 que fija en once el número mínimo de portaaviones activos.
USS Nimitz y el legado de una era: cómo cambió la guerra naval estadounidense
Concebido como el primer portaaviones de su clase y bautizado tras el almirante Chester Nimitz, comandante en jefe de la Flota del Pacífico durante la campaña contra Japón en la Segunda Guerra Mundial, el bautismo de fuego del USS Nimitz y el presente trazan un círculo involuntario: su primera operación militar, luego de algunos años de ejercicios en suelo norteamericano y simulacros de la OTAN en el Mediterráneo, fue el 25 de abril de 1980, como plataforma de despegue de ocho helicópteros Sikorsky RH-53D Sea Stallions involucrados en la operación Eagle Claw, con la que la administración de Jimmy Carter buscó rescatar a los por entonces 53 rehenes norteamericanos detenidos en la embajada estadounidense de Teherán tras la Revolución Islámica de Irán.
La misión enviaba a los helicópteros a una zona de aterrizaje denominada “Desert One” para el abordaje de las tropas destinadas a la extracción -conducidas allí en un viaje separado por seis C-130 Hércules-. Pero dos de los Sea Stallion experimentaron fallas mecánicas en el camino y debieron retornar al portaaviones, mientras que un tercer helicóptero también tuvo desperfectos tras atravesar una tormenta de arena, lo que determinó que se abortara la misión. Pero entonces uno de estos vehículos chocó con un C-130 en “Desert One” y causó la muerte de ocho efectivos norteamericanos, así como dos heridos de gravedad. El fracaso de Eagle Claw determinó que el gobierno estadounidense debiera negociar directamente con el ayatollah Khomeini el retorno de los rehenes, que fueron liberados en un proceso paulatino que duró hasta enero de 1981.
Aquel traspié operativo fue el comienzo de una larga presencia del portaaviones en Medio Oriente, donde también participó en la primera guerra del Golfo. El 18 de abril de 1991, por ejempló, atravesó el estrecho de Ormuz para relevar al USS Ranger (CV-61), y enviar vuelos de apoyo a las misiones Desert Storm y Desert Sabre, con las que la administración republicana de George H.W. Bush expulsó a las tropas iraquíes de Saddam Hussein del país vecino de Kuwait.
Doce años después, la operación Iraqi Freedom, que acabó por deponer a Saddam Hussein en el mandato de George W. Bush, también contó con el USS Nimitz como parte de sus recursos. Para cuando volvió a suelo estadounidense luego de su despliegue en Medio Oriente, más de 6500 misiones habían partido de su pista para participar de esta operación, en lo que también fue el primer despliegue de los bombarderos F/A-18F y los aviones de detección temprana E-2C Hawkeye 2000.
En mayo de 2007 el grupo de ataque del USS Nimitz se dirigió al teatro de operaciones de la Quinta Flota de los Estados Unidos para conducir operaciones de seguridad marítima en apoyo de las tropas estadounidenses en Afganistán e Irak. En aquella época, su grupo aéreo embarcado realizó vuelos de apoyo a la operación Enduring Freedom, denominación de la campaña contra el talibán que se transformaría en la guerra más duradera de la potencia norteamericana.
Esta hoja de ruta muestra a su vez los cambios en la guerra naval que se sucedieron en los cincuenta años de vida útil del portaaviones. Mientras que las operaciones en Kuwait e Irak concluyeron con victorias tácticas rápidas apoyadas en la capacidad de recursos como el portaaviones, la guerra en Afganistán empezó a mostrar las limitaciones de la superioridad técnica en conflictos de raigambre altamente capilares en las sociedades atacadas.
Actualmente, la guerra en Irán muestra la profundización de este fenómeno: tres portaaviones recorren las aguas cercanas al régimen teocrático y destruyeron en buena medida sus fuerzas navales y aéreas, pero éste mantiene su capacidad de negociar al punto de definir el pulso de las conversaciones de paz con la potencia norteamericana. Aún sin un buque que pueda competir en dimensión o prestaciones con los navíos norteamericanos, la República Islámica ilustra el nuevo capítulo de la guerra naval con la disuasión real que generan sus lanchas y aeronaves no tripuladas, las cuales pueden convertir a estructuras ampulosas como los portaaviones en blancos móviles, por una fracción del costo de fabricación y mantenimiento.
En este contexto, el USS Nimitz se retira mientras, como contó Escenario Mundial, algunos informes auguran el fin de la era de los portaaviones. Aunque exagerada, los antecedentes recientes refuerzan esta lectura: en 2025, el portaaviones USS Harry S. Truman debió retirarse del Mar Rojo tras ataques de los hutíes, mientras que el USS Abraham Lincoln fue reposicionado a mayor distancia de Irán tras amenazas con misiles balísticos. Incluso el más moderno de la flota, el USS Gerald R. Ford, ha acumulado cuestionamientos por fallas técnicas y limitaciones operativas que ponen en duda su desempeño en escenarios de alta intensidad.
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