Estados Unidos pasó a operar al mismo tiempo con los portaaviones USS Abraham Lincoln, USS Gerald R. Ford y USS George H.W. Bush en torno a Medio Oriente, algo que CENTCOM presentó como la primera vez “en décadas” que ocurre y que medios militares estadounidenses ubicaron como la mayor concentración de este tipo desde 2003. La llegada del Bush al área de responsabilidad del comando terminó de completar un dispositivo que reúne más de 200 aeronaves y más de 15.000 marineros e infantes de marina.

El esquema quedó distribuido en tres sectores. El USS Abraham Lincoln lleva meses operando en el mar Arábigo dentro del área de la 5ª Flota; el USS Gerald R. Ford volvió a quedar activo en el frente occidental, con presencia reciente en el mar Rojo; y el USS George H.W. Bush ingresó al teatro después de rodear el extremo sur de África y entrar por el océano Índico. En los hechos, eso le da a Washington una cubierta aérea al este de Irán, otra al oeste y una tercera en función de refuerzo, rotación y escalada.
Los tres grupos de ataque combinan aeronaves como los F/A-18 Super Hornet, EA-18G Growler, F-35C Lightning II y CMV-22B Osprey, es decir, una mezcla de caza embarcada, guerra electrónica, ataque furtivo, alerta temprana y apoyo logístico. El paquete total incluye al menos doce buques de escolta, lo que amplía la cobertura antiaérea, la defensa antimisil y la capacidad de ataque de precisión del despliegue.


El movimiento está directamente atado a la crisis con Irán. El bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes comenzó el 13 de abril y, según Reuters, ya obligó a dar media vuelta a 34 buques. La misma agencia informó además que el tránsito por el estrecho de Ormuz cayó a apenas cinco barcos en 24 horas, cuando antes de la guerra promediaba unos 140 cruces diarios. Como por ese corredor pasa alrededor de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, la presencia simultánea de tres portaaviones no es una foto de disuasión abstracta: forma parte del intento estadounidense de controlar la escalada militar y, al mismo tiempo, condicionar el tráfico marítimo más sensible del planeta.
También hay una dimensión política. Mientras el Pentágono insiste en mantener la presión y condiciona cualquier salida negociada a concesiones verificables de Teherán, la acumulación naval le permite a la Casa Blanca sostener conversaciones desde una posición de fuerza. En términos operativos, tres grupos de ataque de portaaviones habilitan patrullas aéreas continuas, cobertura sobre el mar Rojo, el mar Arábigo y el acceso al Golfo, además de flexibilidad para responder rápido si la tregua vuelve a romperse. Es, en otras palabras, una arquitectura de guerra regional más que un simple refuerzo naval.
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