El gobierno de Japón levantó restricciones a la venta de armas, alejándose de los criterios pacifistas que esgrimió el archipiélago tras la Segunda Guerra Mundial y profundizando el giro militarista de la primera ministra Sanae Takaichi, quien tras el fuerte respaldo electoral en los últimos comicios ve el camino liberado para avanzar con su agenda centrada en la Defensa.

Pero incluso la consolidación de Takaichi es un fenómeno mayor que ella misma. Su ascenso al poder se dio en un contexto de fuertes tensiones regionales con China, país con el que Japón mantiene disputas territoriales en el Mar de China Meridional. Ante la expansión de Pekín, Tokio flexibiliza los criterios para el uso de sus FF.AA. -consagradas por la constitución pacifista de 1946 como meramente defensivas- a la vez que expande su presencia internacional como proveedor armamentístico.
Japón empieza a vender armas sin restricciones y profundiza el giro militarista de Sanae Takaichi
En la práctica, Japón podrá ahora vender armas a los 17 países con los que tiene acuerdos de defensa, entre los que se incluyen Estados Unidos y Reino Unido. Previamente, existían restricciones que solo autorizaban esta clase de negocios en cinco categorías -rescate, transporte, aviso, vigilancia y limpieza de minas-, las cuales han sido levantadas.
Bajo el nuevo marco, la única limitación para la venta de armas japonesas será que los países estén involucrados en un conflicto armado, aunque este prurito no se contará para los estados que tengan pactos de defensa con Japón. Desde el gobierno nipón sostuvieron que incluso podrían gestionarse excepciones “bajo circunstancias especiales”.
“En un cada vez más severo entorno de seguridad, ningún país puede proteger su propia paz y seguridad en soledad”, escribió la primera ministra Sanae Takaichi en su cuenta oficial de X. “En este contexto, los países socios han expresado expectativas hacia los equipos de defensa que Japón ha desarrollado bajo el principio de «defensa exclusivamente para la autodefensa»”, ahondó. “Responder a estas necesidades y llevar a cabo transferencias de equipos de defensa contribuirá a mejorar las capacidades de defensa de estos países” argumentó “y, en última instancia, a prevenir la ocurrencia de conflictos, lo que contribuirá a garantizar la seguridad de Japón“.
El delicado equilibrio interno en el que se mueve Takaichi, con una sociedad evidentemente abierta a un grado mayor de militarización pero que no abandona del todo los preceptos, también atravesados por matices espirituales y religiosos, que abonan la larga tradición pacifista del archipiélago, se expresa en el siguiente párrafo de su publicación, donde matiza las implicancias del giro armamentista: “No hay absolutamente ningún cambio en nuestro compromiso de mantener el camino recorrido y la ideología básica como nación pacífica durante más de 80 años desde la posguerra”.

Sin embargo, el levantamiento de las restricciones ya es de por sí un cambio, y también lo fueron otros movimientos de Takaichi, como sugerir la intervención de las FF.AA. de Japón ante una eventual invasión china de Taiwán. Esa sugerencia, realizada a fines del año pasado ante la Dieta legislativa, abrió un foco de conflicto con Pekín, que promovió un boicot turístico del país vecino y exigió explicaciones diplomáticas sobre los comentarios, que luego fueron matizados por la primera ministra, la cual, sin embargo, mantiene su curso de ampliar las capacidades bélicas de Japón.
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