La tercera fase del Proyecto Humanitario destinado a identificar a los soldados argentinos caídos en la Guerra de Malvinas no avanzó, principalmente, por la falta de una decisión política coincidente entre Argentina y el Reino Unido para activar una nueva etapa operativa. Aunque en 2024 se discutió la posibilidad de profundizar el proceso, en 2026 no existe un cronograma de ejecución, nuevas misiones técnicas ni acuerdos formalizados para ponerla en marcha.

En concreto, el Proyecto Humanitario constituye uno de los escasos canales de cooperación entre Buenos Aires y Londres en relación con Malvinas. Sin embargo, esa utilidad diplomática no elimina las tensiones de fondo vinculadas a la disputa de soberanía. Cualquier nueva intervención en el Cementerio de Darwin o en otras áreas vinculadas al proceso requiere de la coordinación entre ambas partes, lo que convierte cada avance en una decisión política además de humanitaria.
Prioridades diplomáticas y pérdida de impulso político
Adicionalmente, otro factor que influye son las prioridades cambiantes en la política exterior. Para el Reino Unido, la agenda Malvinas no ocupa un lugar central dentro de sus desafíos estratégicos. Para Argentina, la intensidad diplomática sobre la cuestión fue variando según el contexto interno y las urgencias económicas de cada administración. En ese escenario, una tercera fase quedó relegada frente a otras prioridades gubernamentales.
En este sentido, el programa, que es coordinado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), surgió del acuerdo firmado en Ginebra en diciembre de 2016 entre Argentina y el Reino Unido. Desde 2017 permitió exhumaciones, análisis forenses y cotejos genéticos en el Cementerio de Darwin, con resultados muy valiosos para las familias de los caídos y los organismos internacionales de derecho humanitario.

Cabe destacar que las etapas anteriores hicieron posible la identificación de más de un centenar de soldados argentinos que fueron enterrados sin nombre. Posteriormente, nuevas tareas permitieron avanzar sobre algunos casos específicos pendientes. No obstante, los expedientes restantes presentan una complejidad mayor, ya que requieren de revisiones individualizadas, nuevas comparaciones genéticas y autorizaciones adicionales.
El rol limitado del CICR y la dependencia de consenso bilateral
Por su parte, el CICR mantiene su capacidad técnica y experiencia para intervenir, pero su mandato depende de una solicitud de las partes. En otras palabras, el organismo no puede impulsar de oficio una nueva misión. De este modo, Esa limitación confirma que el principal obstáculo actual no es forense ni logístico, sino político-diplomático.

En paralelo, quedarían entre cinco y seis casos sin identificación definitiva, lo que deja abierta la dimensión humanitaria del proceso. Por eso, más que clausurado, el programa permanece en una situación de vigencia institucional sin ejecución operativa. El llamado tercer plan no fracasó por inviabilidad técnica: quedó en pausa por falta de decisión política compartida.













