Una proporción significativa de ciudadanos europeos percibe a Estados Unidos como una amenaza mayor que China, según la encuesta “European Pulse”, publicada por POLÍTICO, que fue realizada en seis países de la Unión Europea. Puntualmente, el estudio indicó que solo el 12% de los encuestados considera a Washington un aliado cercano, mientras que el 36% lo define como una amenaza, frente al 29% que expresa la misma percepción sobre Pekín.

Concretamente, el cambio de percepción se produce a la luz de la política exterior de la administración de Donald Trump desde su regreso al poder en 2025. De este modo, factores como las críticas a la OTAN, las tensiones comerciales con socios europeos y la guerra contra Irán, a la que Europa no se sumó, contribuyeron a desgastar la confianza en el vínculo transatlántico.
En cada caso, los datos reflejan diferencias significativas. En este sentido, España encabeza la percepción negativa hacia Estados Unidos, con un 51% que lo considera una amenaza, seguida por Italia, Bélgica, Francia y Alemania. En contraste, Polonia mantiene una visión más favorable, en gran medida por su dependencia estratégica frente a Rusia, que sigue siendo señalada como la principal amenaza por el 70% de los encuestados.
Más capacidad militar, menor compromiso individual
Adicionalmente, el sondeo también deja en evidencia un gran respaldo a una mayor autonomía estratégica europea. De esta manera, una gran mayoría apoya el fortalecimiento de las capacidades militares propias e incluso la creación de una fuerza común dentro de la Unión Europea. Sin embargo, este consenso se debilita cuando esto implica mayores gastos o compromisos individuales, lo que expone tensiones internas en la definición de una política de defensa más ambiciosa.

En conjunto, los resultados reflejan una transformación en la percepción de seguridad en Europa, marcada por una creciente desconfianza a Estados Unidos y un debate más intenso sobre el rol del continente en el escenario internacional. Aunque el compromiso con la defensa colectiva se mantiene, los datos sugieren un reequilibrio estratégico en curso, con implicancias para el futuro de la relación transatlántica y la arquitectura de seguridad occidental.
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