El análisis de un veterano de la Real Fuerza Aérea británica y periodista volvió a poner en foco el deterioro de la capacidad militar del Reino Unido, que según este especialista debilita su capacidad de disuasión en las Islas Malvinas. Como ya contó Escenario Mundial, este tipo de aserción es compartida por distintas fuentes con conocimiento, que evalúan que la reducción de recursos de las FF.AA. de Londres corre en parejo con un rearme de Argentina y la ratificación del reclamo de soberanía del gobierno de Javier Milei en el Atlántico sur.
“Por décadas, sucesivos gobiernos británicos se han aferrado a la cómoda ilusión de que el resultado de la guerra de 1982 resolvió la cuestión de la soberanía de una vez por todas”, afirmó Gary Cartwright en un artículo para el medio especializado Defence Matters antes de advertir: “La historia no funciona de esa manera. La soberanía no se asegura por victorias pasadas; se sostiene por la fortaleza en el presente. Y esa fortaleza, en el caso de Gran Bretaña, se ha degradado consistentemente”.
Análisis británico afirma que el deterioro de la capacidad militar del Reino Unido debilita su disuasión en las Islas Malvinas
La afirmación de Cartwright puede sustentarse en datos que ya compartió Escenario Mundial. Durante la guerra del Atlántico sur, la Fuerza de Tareas británica desplegó dos portaaviones, ocho destructores y 16 fragatas. En la actualidad, la Real Armada británica (Royal Navy) cuenta con la misma cantidad de portaaviones, pero solo seis destructores y 11 fragatas, una reducción significativa atribuida a años de recortes presupuestarios y desinversión. La tendencia a la baja también se observa en el personal: en tiempos de la guerra contra Argentina, la Royal Navy superaba los 60.000 efectivos, mientras que hoy cuenta con alrededor de 17.100 marinos. El Ejército Británico (British Army), por su parte, dispone de poco más de 78.000 soldados, frente a los aproximadamente 163.000 que tenía al momento del conflicto.
El analista lo ilustra también con un movimiento reciente que encendió las alarmas militares del Reino Unido: días después del comienzo de las hostilidades entre Estados Unidos e Israel contra Irán, drones no identificados atacaron la base de la Real Fuerza Aérea de Akrotiri, en Chipre. La respuesta británica fue enviar el HMS Dragon, un destructor con capacidad de defensa aérea. Sin embargo, el buque tardó más de dos semanas en llegar realmente, luego de que tuviera que enfrentar reparaciones en las islas británicas y después nuevamente en el estrecho de Gibraltar antes de poder ser desplegada en el Mediterráneo oriental.
“Difícilmente sea la marca de una nación capaz de proyectar fuerza rápida y decisiva”, comenta Cartwright y sentencia: “Que Gran Bretaña solo pudiera juntar un navío, y con tanta demora, señala un problema estructural subyacente: la reducida escala y preparación de sus Fuerzas Armadas”.
Para el veterano de la fuerza aérea, esto se combina en el Atlántico sur con una retórica inflamada por parte del gobierno argentino en el acto por el último 2 de abril: “Cuando Javier Milei se para ante su nación y reafirma el reclamo de Argentina sobre las Islas Malvinas —mientas se compromete a reconstruir las FF.AA. de su país y advierte a compañías petrolíferas internacionales— señala algo más que diplomacia rutinaria”. “Este no es el lenguaje de una nación resignada al estancamiento diplomático”, señala, “es el lenguaje de un país que percibe debilidad y pretende explotarla”.
En este sentido, Cartwright asegura que “Argentina no necesita igualar a Gran Bretaña en barcos o aviones. Simplemente necesita acortar la brecha lo suficiente para producir incertidumbre. Para elevar el nivel de la disuasión. Para crear condiciones donde la presión diplomática, económica y militar puedan ser usadas en conjunto”.
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