Altos asesores del presidente Donald Trump consideran que el escenario políticamente más favorable para Estados Unidos sería que Israel inicie primero una acción militar contra Irán, según revelaron a POLITICO dos fuentes familiarizadas con las discusiones internas. El razonamientO sostiene que una represalia iraní contra intereses estadounidenses o aliados facilitaría el respaldo de la opinión pública a una intervención directa de Estados Unidos.

“El clima político es mucho mejor si los israelíes actúan primero y solos, y los iraníes toman represalias contra nosotros”, señaló una de las fuentes bajo condición de anonimato. Encuestas recientes reflejan que, si bien sectores del electorado —particularmente republicanos— apoyan un endurecimiento frente a Teherán, existe resistencia a asumir bajas estadounidenses en una guerra abierta. El cálculo de la Casa Blanca, según las fuentes, no se limita al programa nuclear iraní, sino también a la narrativa y legitimidad del eventual uso de la fuerza.
El debate ocurre mientras disminuyen las expectativas de una solución diplomática. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, visitó recientemente Estados Unidos para instar a la administración a neutralizar el programa nuclear y la infraestructura misilística iraní. Paralelamente, el enviado especial Steve Witkoff y otros representantes estadounidenses mantienen gestiones diplomáticas en Ginebra. Sin embargo, una de las fuentes afirmó que entre los asesores más cercanos al presidente persiste la convicción de que “los vamos a bombardear”.
Estados Unidos viene reforzando su presencia militar en Medio Oriente
En el plano militar, Estados Unidos viene reforzando su presencia en Medio Oriente, desplegando dos grupos de portaaviones y decenas de aeronaves de combate y vigilancia, en la mayor concentración de poder aéreo en la región desde 2003. Las opciones evaluadas incluirían ataques limitados contra instalaciones nucleares o infraestructura de misiles balísticos, e incluso escenarios más amplios orientados a debilitar estructuras del régimen, como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Sin embargo, funcionarios del Pentágono y legisladores advirtieron que una campaña prolongada podría tensionar reservas de municiones y exponer activos estadounidenses a represalias asimétricas.

La dimensión estratégica excede el teatro regional. Algunos asesores señalaron que un conflicto de gran escala podría afectar la capacidad de disuasión estadounidense frente a China, especialmente en el escenario de Taiwán. Además, un ataque amplio podría provocar represalias directas contra bases y personal estadounidense en Medio Oriente y Europa, elevando el riesgo de bajas y el costo político interno. En este contexto, la secuencia del primer movimiento —quién dispara primero— emerge como un factor central militar, político y diplomático, en un momento de alta volatilidad geopolítica.











