- Israel comunicó a la administración de Donald Trump que está dispuesto a actuar de manera unilateral contra Irán si Teherán supera un umbral definido en materia de misiles balísticos.
- Autoridades de defensa israelíes consideran que el programa misilístico iraní representa una amenaza existencial y aseguran que mantienen plena libertad de acción militar.
- La advertencia se produce mientras Irán acelera la reparación de instalaciones de misiles dañadas en ataques de 2025 y Estados Unidos evalúa cursos de acción limitados en la región.

Israel elevó en las últimas semanas el tono de sus advertencias estratégicas hacia Washington al dejar en claro que no descarta un ataque unilateral contra Irán si detecta que Teherán cruza una “línea roja” vinculada a su programa de misiles balísticos. Según funcionarios de defensa israelíes, el mensaje fue transmitido directamente a sus pares estadounidenses en el marco de intercambios de alto nivel, en un contexto de creciente actividad iraní en instalaciones clave y de dudas en Jerusalén sobre la disposición de la Casa Blanca a ir más allá de ataques acotados.
De acuerdo con fuentes de seguridad citadas por medios israelíes, Israel presentó a Estados Unidos planes operativos orientados a degradar de forma significativa la infraestructura de producción y ensamblaje de misiles balísticos iraníes. Esos esquemas incluirían ataques contra fábricas, centros de investigación y nodos logísticos considerados críticos para la capacidad de reposición del arsenal iraní. Las autoridades israelíes subrayaron que, si bien Teherán aún no habría superado el umbral que justificaría una acción inmediata, el seguimiento de las actividades dentro de Irán es permanente.

En Jerusalén, el eje misilístico aparece hoy como el principal foco de preocupación estratégica. Funcionarios del Ministerio de Defensa sostienen que Israel no permitirá que Irán recupere capacidades de armamento estratégico en una escala que pueda alterar el equilibrio regional o poner en riesgo directo su supervivencia. En ese marco, algunos responsables militares describen el momento actual como una oportunidad excepcional para infligir un golpe duradero a la arquitectura misilística iraní, aprovechando el daño acumulado tras los ataques de 2024 y 2025.
Las advertencias israelíes también reflejan inquietud por la posible estrategia de Washington. Dentro del estamento de defensa israelí existe el temor de que el presidente Trump opte por un modelo de ataques limitados, similar al aplicado recientemente contra posiciones hutíes en Yemen, que permita declarar una victoria política sin neutralizar las capacidades centrales de Irán. Desde esa perspectiva, un enfoque parcial dejaría a Israel expuesto a represalias posteriores, sin haber eliminado la amenaza de fondo.
En paralelo, imágenes satelitales analizadas por The New York Times muestran que Irán avanzó con rapidez en la reparación de múltiples instalaciones vinculadas a su programa de misiles balísticos, muchas de ellas dañadas durante los ataques del año pasado. Los trabajos de reconstrucción comenzaron poco después de los bombardeos y se concentraron en plantas de producción y pruebas, lo que sugiere que Teherán priorizó restablecer su capacidad misilística como herramienta de disuasión frente a nuevos ataques.



El contraste con el programa nuclear es significativo. Según el mismo análisis, las principales instalaciones de enriquecimiento de uranio —Isfahán, Natanz y Fordo— presentan avances mucho más limitados en términos de reconstrucción visible. Fuentes occidentales e israelíes señalan que esos complejos seguirían inoperativos en gran medida, aunque persisten interrogantes sobre actividades subterráneas y el destino de las reservas de uranio enriquecido acumuladas antes de los ataques.
Esta asimetría refuerza la lectura israelí de que Irán apuesta, en el corto plazo, a los misiles balísticos como su principal instrumento de presión y disuasión, tanto contra Israel como contra bases y aliados estadounidenses en Medio Oriente. Desde el punto de vista estratégico, la restauración acelerada de esa capacidad reduce el margen de maniobra para soluciones diplomáticas prolongadas y eleva el riesgo de decisiones unilaterales.

En este escenario, la próxima visita del primer ministro Benjamin Netanyahu a Estados Unidos, acompañado por el jefe entrante de la Fuerza Aérea israelí, suma un componente militar directo al diálogo político con Washington. La ausencia de un agregado de defensa israelí en la capital estadounidense agrega complejidad a una relación ya tensionada por diferencias sobre tiempos, escalas y objetivos de una eventual acción contra Irán.
Con negociaciones previstas entre Estados Unidos e Irán en Omán y un refuerzo militar estadounidense en las cercanías del Golfo, el tablero regional permanece en movimiento. La incógnita central es si la combinación de presión diplomática, reconstrucción acelerada de capacidades iraníes y advertencias explícitas de Israel terminará derivando en un entendimiento transitorio o en una nueva escalada, esta vez con la posibilidad concreta de una acción israelí sin cobertura directa de Washington.
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