Un ejercicio de guerra que simuló un enfrentamiento entre Rusia y la OTAN en la región del Báltico concluyó con una rápida victoria de las fuerzas rusas, poniendo en evidencia las debilidades estructurales y políticas de Europa ante un escenario de agresión limitada. El juego de guerra fue organizado en diciembre por el diario alemán Die Welt junto al Centro Alemán de Wargaming de la Universidad Helmut Schmidt de las Fuerzas Armadas de Alemania, y sus resultados generaron preocupación en los círculos de seguridad europeos.

El escenario, ambientado en octubre de 2026, recreó una incursión rusa en el sur de Lituania, con el pretexto de una supuesta crisis humanitaria en Kaliningrado, el enclave ruso entre Polonia y Lituania. En la simulación, fuerzas rusas tomaron la ciudad de Marijampolė, un punto neurálgico del corredor terrestre que conecta a los Estados bálticos con el resto de la OTAN.
Según el ejercicio, la narrativa rusa de “operación humanitaria” fue suficiente para que Estados Unidos se abstuviera de impulsar la activación del Artículo 5, mientras que Alemania mostró indecisión política y Polonia, aunque movilizó fuerzas, evitó cruzar la frontera para apoyar a Lituania. Incluso la brigada alemana ya desplegada en territorio lituano quedó neutralizada cuando drones rusos minaron las rutas de salida de su base.
Franz-Stefan Gady, analista militar que interpretó al jefe del Estado Mayor ruso en la simulación, sostuvo que el factor decisivo no fue la superioridad militar, sino la percepción de falta de voluntad política. “La disuasión depende tanto de las capacidades como de lo que el adversario cree sobre nuestra determinación. En el juego, sabíamos que Alemania dudaría, y eso fue suficiente”, explicó.
El ejercicio mostró que Rusia logró imponer hechos consumados en apenas dos días, utilizando un contingente inicial de unos 15.000 efectivos y combinando presión militar limitada con tácticas híbridas, desinformación y ambigüedad legal. En ausencia de un liderazgo claro de Washington, la simulación concluyó con una pérdida de credibilidad de la OTAN y el establecimiento de un dominio ruso de facto sobre el Báltico.

La elección de Marijampolė no fue casual. La ciudad controla uno de los cruces viales más estratégicos de Europa, sobre la autopista Via Baltica, que conecta a Lituania, Letonia y Estonia con Polonia y el resto de la alianza. La vulnerabilidad de este corredor terrestre —un verdadero cuello de botella estratégico— fue uno de los puntos más críticos señalados por los participantes del juego de guerra.
Desde los países bálticos, las reacciones buscaron matizar las conclusiones más alarmistas. El jefe del Estado Mayor de Defensa de Lituania, Giedrius Premeneckas, afirmó que en la realidad existirían alertas de inteligencia tempranas y que las fuerzas lituanas, con 17.000 efectivos en tiempo de paz y hasta 58.000 tras movilización, podrían responder a una amenaza limitada. No obstante, reconoció que el escenario ilustra los riesgos de demoras políticas en un conflicto de alta velocidad.
El trasfondo estratégico del ejercicio es la percepción creciente de que Rusia podría estar en condiciones de desafiar a la OTAN antes de 2029, fecha que hasta hace poco se consideraba el umbral mínimo para una amenaza directa. Funcionarios europeos señalan que Moscú opera ya bajo una economía de guerra, incrementa su reclutamiento y acumula reservas estratégicas, mientras que Europa aún se encuentra en una fase inicial de rearme.
Más allá de la discusión sobre capacidades, el juego de guerra dejó una conclusión central: en un escenario de agresión limitada y ambigua, la cohesión política y la rapidez de decisión pueden ser tan determinantes como el número de tropas o sistemas de armas. La posibilidad de que Rusia explote las zonas grises del Artículo 5 y la indecisión aliada aparece, para muchos analistas europeos, como uno de los principales desafíos estratégicos del flanco oriental de la OTAN en los próximos años.
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