Medios neerlandeses informaron que la reina Máxima iniciará la formación como reservista en las Fuerzas Armadas de Países Bajos. Según los reportes, la decisión forma parte de un incentivo gubernamental para ampliar el número de reservistas y fortalecer la preparación ante emergencias o crisis de seguridad en una Europea en alerta por la guerra entre Rusia y Ucrania.

De acuerdo con la información, difundida por RTL Nieuws y NOS, la reina —de 54 años— solicitó su incorporación cerca del límite de edad permitido. Su entorno familiar tiene antecedentes vinculados al ámbito militar, ya que el rey Guillermo Alejandro recibió entrenamiento con los marines en su juventud y mantiene rangos de reserva, mientras que su hija mayor Amalia completó recientemente formación militar básica, y como consecuencia fue considerada reservista dentro de su programa académico.
En este sentido, el Ministerio de Defensa neerlandés está impulsando campañas para aumentar el número de reservistas que pueden ser convocados ante desastres naturales o conflictos, sustituyendo temporalmente a personal profesional. De esta forma, las funciones asignadas abarcan desde tareas de guardia hasta investigación en ciberseguridad o participación en bandas militares.
Junto a Países Bajos, los gobiernos europeos se preparan para una amenaza rusa
En términos estratégicos, la posible formación de la reina Máxima como reservista se inscribe en un contexto europeo marcado por la guerra entre Rusia y Ucrania y la revisión de las políticas de defensa en el continente. La percepción de una amenaza sostenida impulsa a los gobiernos europeos a reforzar su preparación militar, aumentar inversiones y ampliar capacidades humanas disponibles para contingencias.

De acuerdo a un informe difundido en Londres y París, el bloque europeo no estaría en condiciones de garantizar por sí solo una disuasión nuclear creíble frente a una potencia como Rusia si Estados Unidos retirara su respaldo estratégico. Esto reavivó un debate latente en el continente, y es por ello que la decisión atribuida a la monarquía neerlandesa adquiere una dimensión política más amplia al reflejar una narrativa de movilización institucional y social frente a un entorno de seguridad cada vez más incierto.
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