- El Nuevo Partido Democrático (NDP) instó al gobierno canadiense a cancelar la adquisición de cazas F-35 fabricados en Estados Unidos, incluidos los 16 ya comprometidos.
- La propuesta plantea reemplazarlos por Gripen de Saab, en línea con un enfoque de cooperación entre “potencias medias” y menor integración militar con Washington.
- El debate se intensificó tras amenazas comerciales y retóricas del presidente estadounidense Donald Trump, que reavivaron temores sobre dependencia logística y de repuestos.

Lockheed Martin
El NDP reclamó que el primer ministro Mark Carney cancele los contratos para adquirir cazas F-35 Lightning II y evalúe la compra del Gripen del fabricante sueco Saab. El planteo fue presentado por el líder interino del NDP, Don Davies, quien sostuvo que avanzar con el F-35 “profundiza la integración militar con una superpotencia” en lugar de reducirla.
Davies vinculó su pedido a las recientes tensiones con Washington y a la propia definición estratégica del gobierno canadiense. Recordó el discurso de Carney en Davos, donde llamó a que las potencias medias trabajen juntas, y afirmó que un proveedor europeo “previsible y estable” como Suecia encajaría mejor con ese objetivo. En la misma línea, la crítica de defensa del NDP, Lori Idlout, cuestionó en el Parlamento la dependencia de Estados Unidos, citando amenazas de Trump sobre soberanía y comercio.

El telón de fondo incluye advertencias del presidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles y medidas punitivas a aeronaves canadienses, lo que reavivó el debate sobre riesgos de suministro. Davies sostuvo que Canadá podría quedar “vulnerable a la voluntad” de Washington si, ante desacuerdos políticos, se restringieran repuestos o soporte del F-35, un temor que el NDP presenta como precedente plausible en otros conflictos.
Desde el Ejecutivo, el ministro de Defensa David McGuinty respondió que las decisiones de adquisición se revisan con foco en el interés nacional y las necesidades de la fuerza aérea, subrayando además los beneficios económicos para Canadá. Aunque el país inició una revisión del contrato el año pasado, aún no hay decisión final sobre el futuro de la flota de la Real Fuerza Aérea Canadiense.

La conducción militar ha marcado reparos a un cambio de rumbo. La jefa del Estado Mayor de la Defensa, Jennie Carignan, advirtió que abandonar el F-35 implicaría costos adicionales por entrenamiento y mantenimiento. En tanto, la comandante de la Fuerza Aérea, Jamie Speiser-Blanchet, señaló que el F-35 es el único caza que hoy permite enfrentar amenazas de alta gama, y que espera ver a pilotos canadienses entrenándose en ese sistema el próximo año.
El contrapunto político-militar deja expuesta una tensión de fondo: autonomía estratégica versus interoperabilidad. Mientras el NDP enfatiza diversificación de proveedores y menor dependencia de Washington, sectores del gobierno y la cúpula castrense priorizan capacidades, integración tecnológica y costos de transición. El desenlace del debate —si Canadá mantiene el F-35 o vira hacia el Gripen— será una señal relevante sobre cómo Ottawa equilibra su relación con Estados Unidos en un contexto de fricciones políticas y competencia geoestratégica creciente.
Te puede interesar: Un alto funcionario danés pone en duda el programa de los cazas F-35 tras el mensaje de Trump sobre Canadá













