Según trascendió de las declaraciones vertidas en la audiencia del Comité del Senado sobre Relaciones Exteriores, al momento de testificar sobre la política estadounidense en Venezuela, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que la administración del presidente Donald Trump no prevé llevar adelante nuevas acciones militares en territorio venezolano. Según afirmó, Washington no tiene intención ni expectativa de recurrir al uso de la fuerza en el país sudamericano, aunque mantiene abierta esa posibilidad en caso de amenazas directas a los intereses estadounidenses.

En este sentido, Rubio sostuvo que la única presencia militar estadounidense que se espera en Venezuela es la de marines asignados a la seguridad de la embajada. Además, remarcó que una injerencia militar más amplia dificultaría los objetivos estratégicos de Estados Unidos, en particular la recuperación institucional y económica del país.
En una especie de paralelismo, el secretario de Estado aclaró que la administración está preparada para utilizar la fuerza si otros métodos fallan y fuera necesario garantizar la cooperación de las autoridades interinas venezolanas. Rubio subrayó que Estados Unidos no descarta el uso de la fuerza en defensa propia, por ejemplo, ante un eventual despliegue de drones hostiles que amenacen a personal o activos estadounidenses en la región.
Estados Unidos confirma que busca avanzar hacia una transición política en Venezuela
Cronológicamente, las declaraciones se producen casi un mes después de la redada militar estadounidense que derivó en la detención del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, hecho que generó preocupación entre legisladores de ambos partidos por una posible prolongación del compromiso militar de Estados Unidos en Venezuela. Cabe señalar que actualmente el portaaviones USS Gerald R. Ford continúa desplegado en el Caribe y unos 15.000 efectivos estadounidenses permanecen estacionados en tierra y mar en la región.

En este contexto, Rubio sostuvo que el objetivo final de Washington es avanzar a una transición política que permita consolidar una Venezuela “amigable, estable, próspera y democrática”, con elecciones libres y justas y representación de todos los sectores sociales. Si bien evitó fijar un calendario preciso, advirtió que el proceso no puede extenderse indefinidamente y que Estados Unidos espera avances en los próximos meses, en medio de crecientes cuestionamientos del Congreso por la falta de consulta y supervisión sobre las acciones de la administración en el país.
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