- El Geran‑5 incorpora un motor jet importado desde China, aumentando velocidad y alcance.
- Con una carga explosiva de 90 kg, duplica la potencia de los Shahed‑136.
- Pekín mantiene una neutralidad declarada, pero su apoyo tecnológico refuerza la ofensiva rusa.


La Dirección de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania (GUR) reveló en enero de 2026 la aparición del Geran‑5, un drone ruso de largo alcance con motor jet chino. Con dimensiones de seis metros de largo y 5,5 de envergadura, el UAV puede transportar una cabeza de guerra de 90 kg y alcanzar hasta 1.000 km, lo que lo convierte en un vector de ataque profundo comparable a un misil de crucero ligero. Su diseño aerodinámico recuerda al iraní Karrar, pero con mejoras sustanciales en potencia y carga útil.
Este avance no surge del vacío. En julio de 2025, Escenario Mundial publicó sobre una serie de documentos filtrados que exponían una red de cooperación entre Rusia y China en el desarrollo de drones para atacar a Ucrania. Allí, se detallaba cómo la empresa rusa Aero‑HIT, con respaldo estatal, trabajaba junto a proveedores chinos para sortear sanciones y producir miles de drones al año. La implicación de la Universidad de Tecnología de Harbin y contratos con firmas como Shenzhen Huasheng Industry Co. Ltd. confirmaban la dimensión institucional de esta cooperación.
Pocos días después, otra nota del medio reveló que Moscú desplegaba drones señuelo compuestos al 100% por piezas chinas, incluyendo controladores de vuelo de CUAV Technology, sistemas de navegación y fibra óptica para extender el alcance. Este hallazgo evidenció una estrategia sistémica de dependencia tecnológica.
El corazón chino en el Geran-5
La incorporación de un motor jet de origen chino en el Geran‑5 no es un detalle técnico menor, sino el elemento que define la performance del nuevo drone ruso. Este componente crítico permite a Moscú superar las limitaciones de los modelos anteriores, aumentando la velocidad de crucero y reduciendo el tiempo de exposición frente a las defensas aéreas ucranianas. Al mismo tiempo, la mayor potencia del motor habilita una carga explosiva de 90 kilos y un alcance de hasta 1.000 kilómetros, situando al Geran‑5 en una categoría intermedia entre los drones de ataque y los misiles de crucero ligeros.


Las implicancias operativas son claras. Rusia diversifica su doctrina de empleo de drones, pasando de plataformas baratas de saturación como el Geran‑2 a vectores jet capaces de penetrar en profundidad y golpear infraestructura crítica. Esta combinación obliga a Ucrania a desplegar defensas multicapa, capaces de interceptar desde municiones lentas y masivas hasta drones rápidos con mayor carga destructiva. El Geran‑5, en este sentido, representa un desafío estratégico que incrementa la presión sobre los sistemas de defensa aérea y sobre la logística de reposición de interceptores.
En el plano tecnológico, la presencia de un motor chino confirma la existencia de un mercado gris de componentes duales que sostiene la resiliencia rusa. Tal como revelaron notas previas de Escenario Mundial, Moscú ha recurrido a empresas pantalla, zonas francas y proveedores sancionados para garantizar un flujo constante de piezas críticas. El salto hacia la integración de motores jet demuestra que la cooperación ruso‑china ha alcanzado un nivel en el que ya no se trata de insumos menores, sino de tecnologías centrales para la ofensiva aérea.
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