- Londres rechaza reabrir canales diplomáticos sin pruebas de que Moscú busque la paz.
- París y Roma sugieren explorar contactos con Putin para frenar la guerra.
- La UE busca mantener relevancia creando un enviado especial para Ucrania.
- Moscú acusa a Londres de prolongar el conflicto y de incitar tensiones internacionales.

La ministra de Exteriores británica, Yvette Cooper, declaró que no existen señales creíbles de que Rusia esté dispuesta a negociar la paz. Con ello, rechazó las propuestas de Francia e Italia de reabrir canales diplomáticos con Vladimir Putin. Cooper subrayó que el centro de gravedad diplomático sigue estando en Ucrania y sus aliados más cercanos, principalmente Estados Unidos, y que cualquier relajación de la presión sobre Moscú sería prematura.
La postura europea en disputa
Mientras París y Roma consideran que un acercamiento diplomático podría ser parte de los esfuerzos para terminar la guerra, Londres insiste en que la prioridad debe ser mantener la presión económica y militar sobre Rusia. En Bruselas, el temor es claro: que la UE quede marginada si Washington lidera las negociaciones futuras. Para evitarlo, se han impulsado planes para crear un enviado especial de la UE para Ucrania, con el objetivo de asegurar presencia institucional en cualquier mesa de diálogo.
La reacción de Moscú
La respuesta rusa no se hizo esperar. La portavoz del Ministerio de Exteriores, Maria Zakharova, instó a Londres a abandonar su política de “incitar tensiones internacionales” y a regresar a un “diálogo respetuoso y en igualdad de condiciones”. Recordó que el Reino Unido, junto con Rusia, fue uno de los países que contribuyó a la formación del orden mundial de posguerra como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Zakharova acusó a los estrategas británicos de no aceptar los “éxitos” rusos en la actual “operación militar especial” y de buscar prolongar el conflicto para desgastar a Moscú. Además, calificó la política británica como “corta de miras y dañina”, reforzando la imagen del Reino Unido como “provocador de conflictos” y evocando su pasado colonial e imperial.
Lo que significa para Europa y Rusia
La ruptura entre Reino Unido, Francia e Italia refleja una fragmentación europea que debilita la narrativa de unidad frente a Rusia. Mientras París y Roma consideran que abrir canales diplomáticos podría ser una vía para reducir la intensidad del conflicto, Londres insiste en que cualquier acercamiento sin pruebas de voluntad de paz por parte de Moscú sería contraproducente.

El posicionamiento británico también marca un reposicionamiento post‑Brexit. Al alinearse estrechamente con Washington, el Reino Unido refuerza su papel como actor autónomo y endurece su perfil internacional. La estrategia de Yvette Cooper se centra en mantener la presión militar y económica sobre Rusia, consolidando un eje anglo‑estadounidense que busca liderar la respuesta occidental y, al mismo tiempo, desplazar el centro de gravedad diplomático hacia Kyiv y sus aliados más cercanos.
En términos de coerción, la negativa británica a negociar sin condiciones previas prolonga el aislamiento de Moscú y apuesta por sanciones y apoyo militar como herramientas principales para forzar concesiones. Londres considera que cualquier relajación de la presión podría ser interpretada por el Kremlin como una señal de debilidad, por lo que insiste en intensificar las medidas económicas y militares.
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