El nombre clave de la operación militar fue “Operation Absolute Resolve” (en español, Operación Resolución Absoluta). Este nombre fue citado por las autoridades estadounidenses y medios especializados al informar sobre el operativo militar que condujo a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa el 3 de enero de 2026

Las operaciones militares contemporáneas de alcance limitado constituyen un objeto de análisis relevante para los estudios estratégicos y doctrinarios, en particular aquellas orientadas a la captura de objetivos de alto valor mediante el empleo integrado de capacidades conjuntas. Este tipo de acciones, caracterizadas por su duración acotada, elevado nivel de precisión y fuerte dependencia de la superioridad tecnológica, permiten examinar la evolución de la conducción militar en escenarios complejos, especialmente en entornos urbanos y políticamente sensibles.
El presente artículo intenta analizar dicha operación desde un enfoque exclusivamente operativo y técnico-doctrinario, prescindiendo de toda valoración política, jurídica o estratégica ajena al empleo de la fuerza.
En este marco, la operación ejecutada por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en territorio venezolano representa un caso de estudio significativo desde una perspectiva estrictamente militar. La acción combinó medios aéreos, navales y fuerzas de operaciones especiales, apoyados por capacidades avanzadas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, y se desarrolló bajo un diseño operacional deliberadamente limitado en tiempo y espacio.
Detalles de la operación
Desde el punto de vista operacional, la misión fue concebida como una operación conjunta de precisión, con planificación centralizada y ejecución descentralizada, conforme a los principios doctrinarios vigentes en las Fuerzas Armadas estadounidenses. El diseño de la operación priorizó desde su fase inicial la obtención de libertad de acción en el espacio aéreo del área de operaciones, condición considerada indispensable para el desarrollo seguro de las fases posteriores de inserción, acción y exfiltración.
El poder aéreo desempeñó un rol estructurante a lo largo de toda la operación. La fase inicial incluyó el despliegue de un volumen significativo de medios aéreos destinados a asegurar el control del espacio aéreo local, así como a degradar las capacidades de vigilancia, detección y mando y control existentes en el entorno operativo. Este esfuerzo no se limitó solo a la obtención de superioridad aérea en términos clásicos, sino que fue concebido como un habilitador integral de la maniobra conjunta, permitiendo reducir la capacidad de reacción adversaria y proteger a las fuerzas propias durante las fases críticas de la misión.

En este contexto, el empleo de capacidades de guerra electrónica cumplió un papel relevante. La degradación de sensores, comunicaciones y enlaces de mando contribuyó a limitar la conciencia situacional del adversario y a generar un entorno electromagnético favorable para las fuerzas atacantes.
Estas acciones, integradas con los medios de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, permitieron una conducción más flexible de la operación y redujeron los riesgos asociados a la inserción de fuerzas en un entorno urbano densamente poblado y con presencia de instalaciones militares.
Para ello, se utilizaron más de 150 medios aéreos, que trabajaron en conjunto para habilitar un corredor seguro. La primera fase (Guerra Electrónica) fue para cegar al adversario, participaron el EA18 GROWLER para interferir radares y el EC 130 H COMPASS CALL, que atacó las comunicaciones.




En la segunda Fase (Detección e Inteligencia) encontraron los objetivos, mapearon el escenario y dieron control del espacio aéreo. Participaron el dron furtivo RQ 170 SENTINEL y el E36 SENTERY.
La tercera fase (Dominio del espacio aéreo y supresión de Defensa) fue realizada por el F22 RAPTOR, El F35 A y B LII, caracterizados por ser aeronaves de ataque de precisión y por los F/A 18ET/SUPER JORNET que dieron apoyo y escolta. Además, en esta fase intervino el B1B LANCER como elemento aéreo de disuasión estratégica.




Una vez asegurado el control aéreo local y estabilizado el entorno electromagnético, se procedió a la Fase Cuarta, inserción de fuerzas de operaciones especiales, la unidad élite Delta Force del Ejército de Estados Unidos, con apoyo de un equipo del FBI, mediante helicópteros de largo alcance y alta maniobrabilidad (CHINOOK MH 47), operados por unidades especializadas en misiones nocturnas y de alta complejidad. El MH 60M BLACK HAWK, brindo escolta y apoyo.

El componente terrestre estuvo integrado por un número limitado de efectivos altamente entrenados, cuya misión principal fue asegurar el perímetro inmediato del objetivo, ejecutar la captura de los objetivos designados y garantizar una exfiltración rápida y ordenada.
La operación terrestre se apoyó de manera constante en inteligencia en tiempo real, lo que permitió seguramente ajustar decisiones tácticas durante su ejecución.
Paralelamente al despliegue aéreo y terrestre, el componente naval desempeñó un rol fundamental como elemento de apoyo, sostenimiento y extracción estratégica. Unidades navales posicionadas en el mar Caribe actuaron como plataformas de Comando y Control, apoyo logístico y punto de repliegue, reduciendo la dependencia de infraestructura terrestre y reforzando la capacidad de proyección de fuerza desde el mar. Este esquema evidenció la versatilidad del poder naval como facilitador de operaciones conjuntas de alcance limitado.
Desde la perspectiva del Comando y Control, la operación mostró un alto grado de integración entre los distintos componentes de las Fuerzas Armadas estadounidenses. La conducción se apoyó en sistemas de comunicaciones seguras y en una arquitectura de comando conjunta que permitió sincronizar acciones en los dominios aéreo, terrestre, marítimo y electromagnético, manteniendo coherencia operativa durante todas las fases de la misión.

Eduardo Muñoz/Reuters
En términos de resultados operacionales, las autoridades militares estadounidenses informaron oficialmente que la misión fue completada conforme a los objetivos establecidos, sin registrarse bajas entre el personal propio. Si bien se difundieron algunas imágenes sobre daños materiales de las pérdidas del lado venezolano y la existencia de enfrentamientos limitados durante la fase de inserción que ocasionaron al menos entre 80 muertos, según el New York Times y el Gobierno de Venezuela que contabiliza al menos 100 personas muertas y otra cantidad parecida de heridos, aseguramiento del objetivo, así como impactos sobre determinadas instalaciones militares en el área de operaciones, estas siguen siendo muy limitadas para ampliar o realizar otro tipo de evaluación.
Lecciones preliminares
En primer lugar, confirma la centralidad de la operación conjunta integrada como marco dominante de la acción militar contemporánea. El poder aéreo aparece no solo como un medio de apoyo, sino como el eje que articula la maniobra conjunta, habilitando el empleo eficaz de fuerzas especiales y garantizando la protección del conjunto de la fuerza.
La operación confirma la relevancia de las fuerzas de operaciones especiales para capturar objetivos de alto valor, apoyadas por tecnología avanzada e inteligencia en tiempo real. La integración de sistemas C4ISR (Comando, Control, Comunicaciones, Computación, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) resalta el papel clave del dominio electromagnético en las operaciones militares actuales.

Si bien no se difundieron detalles específicos sobre operaciones en el dominio cibernético, la articulación observada entre inteligencia, guerra electrónica y control del espacio aéreo sugiere la integración de capacidades “ciber” como parte del entorno operacional, en consonancia con los modelos doctrinarios contemporáneos de operaciones multidominio. Esta integración, aun cuando no sea visible públicamente, constituye hoy un componente habitual de las operaciones militares de alta complejidad.
Finalmente, la operación pone de relieve la aplicación deliberada del principio de limitación del objetivo y del esfuerzo militar. El alcance geográfico y temporal acotado de la misión permitió evitar la expansión innecesaria de la acción, reducir riesgos operacionales y facilitar una retirada inmediata una vez cumplido el objetivo asignado, según los expertos militares la idea no era repetir experiencias militares como en Irak y Afganistán, y también ponderar la opinión del ciudadano estadounidense que se opone a repetir experiencias militares fallidas.
En conclusión, considerada desde una perspectiva estrictamente militar, la operación llevada a cabo por Estados Unidos en Venezuela constituye un ejemplo representativo de las operaciones de precisión contemporáneas, caracterizadas por la integración efectiva de capacidades multidominio, la centralidad del poder aéreo, el empleo coordinado de guerra electrónica y sistemas de inteligencia, el uso del poder naval como soporte de la proyección de fuerza.
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