Argentina volvió a plantear formalmente al Reino Unido la necesidad de negociar la soberanía de las Islas Malvinas al conmemorar el 60° aniversario del Comunicado Conjunto Zavala Ortiz–Stewart, firmado en 1966. A través de un comunicado oficial, la Cancillería destacó que ese entendimiento constituyó la primera aceptación explícita por parte británica de la existencia de una disputa de soberanía y reafirmó la voluntad argentina de reanudar conversaciones bilaterales para poner fin a una situación colonial aún vigente.

El acuerdo original fue suscripto en Buenos Aires por el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Miguel Ángel Zavala Ortiz, y el secretario de Estado para Asuntos Exteriores del Reino Unido, Michael Stewart. En ese marco, ambas partes coincidieron en la necesidad de avanzar “sin demora” por la vía diplomática para alcanzar una solución pacífica, evitando que la cuestión afectara las relaciones bilaterales. A partir de ese comunicado se abrió un proceso de diálogo que se extendió durante dieciséis años.
Desde la perspectiva argentina, el valor central del Comunicado de 1966 radica en que el Reino Unido reconoció formalmente la existencia de una controversia de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, así como sobre los espacios marítimos circundantes. Para la diplomacia nacional, ese reconocimiento conserva plena vigencia y constituye una base política y jurídica para insistir en la reapertura de negociaciones.
En el pronunciamiento difundido este miércoles, el Ministerio de Relaciones Exteriores reiteró la plena disposición de Argentina a entablar un diálogo “constructivo y sincero”, enmarcado en el derecho internacional. La referencia remite de forma directa a las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que instan a ambos países a negociar una solución pacífica a la disputa de soberanía.
Un reclamo histórico reactivado en un escenario internacional distinto
La insistencia argentina se produce en un contexto global marcado por crecientes tensiones geopolíticas y por la renovada importancia estratégica del Atlántico Sur. En ese escenario, la cuestión Malvinas adquiere relevancia no solo por su dimensión histórica y jurídica, sino también por su proyección marítima, el acceso a recursos naturales y su valor geoestratégico.

Para Buenos Aires, la negativa británica a negociar contradice tanto el espíritu del Comunicado Zavala Ortiz–Stewart como el mandato de las Naciones Unidas, que considera el caso de Malvinas como una situación colonial especial pendiente de resolución. El Reino Unido, en cambio, mantiene su posición de no discutir la soberanía y apela al principio de autodeterminación de los habitantes del archipiélago, un enfoque que Argentina rechaza por considerarlo inaplicable a esta controversia.
El recordatorio del acuerdo de 1966 funciona así como una herramienta diplomática para reforzar la legitimidad del reclamo argentino y mantener la cuestión en la agenda internacional. De cara a los próximos meses, la incógnita es si Londres dará alguna señal de apertura al diálogo o si la disputa continuará canalizándose principalmente en foros multilaterales, mientras la negociación bilateral sigue siendo una demanda pendiente.
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