Tras la captura de Nicolás Maduro, y pese a la “celebración” en general a nivel internacional por la detención del dictador, la mayoría de los actores del Sistema Internacional condenaron el accionar de Estados Unidos. Sin embargo, un país en particular decidió alinearse detrás de Washington: el Reino Unido. Pero, pese al accionar británico, el vínculo no atraviesa su mejor momento, lo que abre el interrogante sobre cómo esto afectará a la cuestión Malvinas.

Específicamente, tras la captura de Maduro, el primer ministro Keir Starmer y otros miembros de su gabinete celebraron el derrocamiento del mandatario y no lo identificaron como una violación evidente del derecho internacional.
La secretaria de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, dijo en un debate parlamentario sobre Venezuela que “siempre defenderemos el respeto del derecho internacional”.
E incluso Londres fue un paso más allá cuando, cuatro días después del secuestro, proporcionó apoyo militar a Washington para ayudarle a capturar un petrolero con bandera rusa cerca de las aguas del noroeste del país.
Una “relación especial”
Esta no es la primera vez que el Reino Unido hace la vista gorda ante el accionar norteamericano: hace cuarenta años, aviones de guerra estadounidenses bombardearon Libia para asesinar a Muamar Gadafi, aunque lo único que lograron fue matar a decenas de civiles en Trípoli.
Los ataques fueron apoyados por el gobierno de Margaret Thatcher, que incluso permitió que algunos de los aviones estadounidenses despegaran desde bases británicas.
Y, ante la amplia oposición pública a la redada estadounidense, Thatcher le dijo al parlamento que era “una respuesta necesaria y proporcionada a un patrón claro de terrorismo libio” y para “respetar el derecho internacional”.

Pero este no es el único ejemplo: tres años después del ataque a Libia, Estados Unidos invadió Panamá en diciembre de 1989. La agresión estadounidense, que mató hasta a 3.000 personas, derrocó al presidente Manuel Noriega.
Y, aunque la invasión fue ampliamente considerada ilegal y en violación de las cartas de la ONU y la OEA, en una llamada privada Thatcher aseguró al presidente estadounidense George W. Bush que la intervención “fue una decisión muy valiente que contaría con nuestro total apoyo”.
Acto seguido, Reino Unido incluso vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que “deplora firmemente” la invasión.
Proyecciones a futuro
Sin dudas, en un momento en el que Estados Unidos amenaza con abandonar a Europa, el Reino Unido intenta mantenerse lo más cercano posible a Washington para contar con su defensa.
Esto se debe a que, en un momento en el que la amenaza rusa va en ascenso, el jefe del Estado Mayor de la Defensa del Reino Unido, Air Chief Marshal Sir Richard Knighton, reconoció ante el Parlamento que las Fuerzas Armadas británicas no están listas para enfrentar un conflicto de gran escala “del tipo que podríamos enfrentar”.
Cabe recordar que, cuando Trump le impuso aranceles a todo el mundo, Londres fue el primer en llegar a un acuerdo comercial con Washington para sufrir las menores consecuencias posibles.

Pero, más allá de la estrategia de Starmer, la realidad es que Trump genera desconfianza tanto en propios como ajenos, por lo que el Reino Unido no tiene ninugna garantía de que el histórico vínculo se mantendrá intacto.
Y es allí donde cabe la posibilidad de preguntarse si una hipotética ruptura en este vínculo generaría una oportunidad para Argentina a la hora de incrementar su reclamo sobre las islas Malvinas.
Por el momento, el gobierno de Javier Milei está apostando por mejorar los vínculos bilaterales con Londres, tal como sucedió durante el gobierno de Carlos Saúl Menem.
Sin embargo, teniendo en cuenta la posición estratégica de las Malvinas respecto a la Antártida, y en medio de los reclamos de Trump para anexar Groenlandia, es posible que, a futuro, Argentina tenga algunas cartas extra para negociar.
Tal vez te interese: Las Fuerzas Armadas del Reino Unido no están preparadas para un conflicto a gran escala, afirma el jefe militar












