La economía que deja la dictadura de Nicolás Maduro no configura un terreno sencillo para el futuro del país. En cualquier posible escenario, a partir de ahora, el camino parece sinuoso y plagado de incertidumbres. Para poder comprender el impacto del suceso actual en la economía mundial, es clave no analizarlo como un hecho aislado, sino como el inicio del final de un reordenamiento mundial.

Sin embargo, el emplazamiento de Delcy Rodríguez como presidenta interina de Venezuela pone la moneda en el aire respecto a qué actitud económica tomará el país de ahora en más. La flamante mandataria, otrora Ministra de Petróleo además de vicepresidenta, enfrenta una encrucijada donde, por un lado, tiene la presión política y militar exterior de Estados Unidos y del otro la que ejercen de manera interna los cuadros remanentes del chavismo -como el Ministro de Interior y Justicia Diosdado Cabello y el titular de Defensa, Vladimir Padrino- quienes podrían mostrarse reacios a un alineamiento automático con Estados Unidos y la consiguiente pérdida de beneficios maximizados por la clase militar en tiempos de Maduro.
La doctrina “Donroe” en acción
En su discurso del sábado 3 de enero, Donald Trump invocó una vez más la Doctrina Monroe, formulada a comienzos del siglo XIX durante la presidencia de James Monroe y sintetizada en “América para los americanos”. Originalmente concebida como advertencia contra la injerencia europea, la doctrina fue resignificada a comienzos del Siglo XX y derivó en intervenciones estadounidenses directas en Cuba, Haití y República Dominicana, entre otros. El actual presidente republicano la renovó con el nombre de “doctrina Donroe”, donde el enfoque decimonónico reaparece bajo la lógica de seguridad nacional y la disputa por esferas de influencia.

En un contexto global marcado por la disputa del mapa internacional entre Estados Unidos, China y Rusia, la reactivación y el control del petróleo venezolano toma el lugar de recurso estratégico en la disputa de poder. Para Estados Unidos, avanzar sobre este sector no solo implica reducir su vulnerabilidad frente a shocks energéticos (como los derivados de la guerra entre Rusia y Ucrania), sino también limita la presencia de China en un espacio considerado de propia influencia.
En ese sentido, la declaración del vicepresidente estadounidense J.D. Vance el pasado 7 de enero en Fox News resulta ilustrativa: “Tienen derecho a vender el petróleo siempre que sirvan al interés nacional de EE.UU. No pueden venderlo si no pueden servir al interés nacional de EE.UU.”. Al igual que otros insumos energéticos, como las tierras raras, más asociadas al desarrollo tecnológico, el petróleo garantiza la base energética sobre la cual se sostiene la competencia estratégica entre grandes potencias, lo que explica su centralidad en la disputa por el control de estos recursos.
Impacto en Argentina y la Economía global
La actividad petrolera ha sido históricamente la principal fuente de exportaciones de Venezuela, con China posicionándose en los últimos años como el principal mercado de destino. Según Bloomberg, alrededor de dos tercios de sus exportaciones se dirigen a este país. Esta relación es consistente con las sanciones impuestas por Estados Unidos desde 2006, profundizadas con la llegada de Maduro al poder en 2013 y, especialmente, con el embargo petrolero, que apuntó directamente contra PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A) y el Banco Central venezolano.
Hasta antes de la captura de Maduro, China era el principal comprador de petróleo venezolano, lo que convertía a Venezuela en uno de los socios comerciales más relevantes de Pekín en América Latina. Esta relación se consolidó a comienzos de la década del 2000, cuando la potencia asiática otorgó préstamos para el desarrollo de infraestructura venezolana a cambio de suministros energéticos. A través de estos acuerdos petroleros, Venezuela logró amortizar parcialmente el impacto de las sanciones internacionales.
De este modo, la intervención estadounidense en Venezuela adquiere una relevancia en la disputa de influencias en América Latina entre las grandes potencias. En línea con esto, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China sostuvo que “China y otros países tienen derechos legítimos en Venezuela, que deben ser protegidos”, advirtiendo que una intervención externa altera sus intereses estratégicos en el país.
El petróleo conforma una pieza fundamental del conflicto, no solo por su carácter estratégico, sino también porque constituye una pieza clave en el desarrollo de la economía venezolana, que posee las mayores reservas del mundo. Sin embargo, aquí emerge una limitación fundamental: Venezuela tiene hoy una infraestructura severamente deteriorada, lo que condiciona su capacidad para exportar recursos que requieren procesos de alta complejidad. Cualquier intento de reactivación por parte de Estados Unidos requeriría fuertes inversiones en infraestructura y en plantas petroleras, lo que indica que, dada la alta complejidad del proceso de reconversión del sector, el impacto en el precio del petróleo hacia la baja no se observaría en el corto plazo.

Si bien hasta el momento no se observan cambios significativos en los precios internacionales ni en los flujos comerciales, el suceso ya ha tenido cierto impacto sobre las expectativas de mercado. En este marco, las acciones de YPF acumulan tres ruedas en rojo, reflejando un sector actualmente vulnerable frente a los vaivenes políticos vinculados al petróleo. En este marco, el 6 de enero, Trump anunció que Venezuela entregará 50 millones de barriles de petróleo a precio de mercado, lo que podría provocar un descenso en el precio internacional de la commodity.
Además del sector energético, otra cuestión de particular relevancia es la deuda externa venezolana, que se estima en u$s 150.000 millones. La reestructuración de estos pasivos dependerá del éxito en la transición política y la reconstrucción institucional del país, condición necesaria para normalizar su posición en el sistema financiero internacional. En este contexto, los mercados reaccionaron de forma positiva luego de la detención de Maduro, los bonos soberanos venezolanos crecieron cerca de un 25%, mientras que los títulos en manos de PDVSA aumentaron alrededor de un 28%, reflejando una mejora en las expectativas frente a este nuevo escenario.
La geopolítica sí importa
En términos del reordenamiento geopolítico latinoamericano, la captura de Nicolás Maduro implica la salida de uno de los pocos liderazgos de la región que sostenía una oposición sistemática y explícita a la política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump. En este sentido, el suceso contribuye a configurar un nuevo equilibrio político en la región, debilitando a una oposición fragmentada y con marcadas diferencias internas.
Durante la sesión de Naciones Unidas, Brasil, México y Chile fundamentaron su rechazo a la intervención militar estadounidense sosteniendo que es una violación del artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, apelando a principios como la autodeterminación de los pueblos, la integridad territorial y la solución pacífica de controversias. En Argentina, estas referencias aparecieron en declaraciones de referentes de la oposición, entre ellos Cristina Fernández de Kirchner. Cuba, desde su histórica posición confrontativa contra Washington D.C, calificó la operación como una agresión imperialista y fascista, inscribiéndola en una lógica histórica de dominación hemisférica. En contraste, Argentina y Paraguay respaldaron la intervención estadounidense, argumentando que la salida de Maduro es un avance en la lucha contra el narcoterrorismo y una condición necesaria para la restauración del orden democrático en Venezuela.
Así, la publicación compartida por el Departamento de Estado con la frase “este es nuestro hemisferio” no puede interpretarse como una declaración aislada, sino como una señal política dirigida principalmente a China y Rusia. Más que anunciar una estrategia de forma explícita, deja entrever el trazo que comienza a delinear la administración Trump, en un contexto de reconversión del mapa político regional donde las definiciones ideológicas se entremezclan con lógicas de poder y lineamientos estratégicos.
¿Cómo afecta a la Argentina?
Si bien Argentina y Venezuela mantuvieron una relación comercial más estrecha durante los años del kirchnerismo, en la actualidad el vínculo comercial tiene carácter limitado. No obstante, el impacto no debe leerse únicamente en términos comerciales. En un sistema internacional crecientemente interconectado, las decisiones políticas y diplomáticas generan efectos indirectos que trascienden el intercambio bilateral entre Argentina y Venezuela y, por el contrato, se proyectan sobre otras relaciones y ámbitos de inserción internacional.

Desde una perspectiva realista, cada vez más utilizada para explicar el presente del orden internacional, se observa una recomposición de las esferas de influencia. En este marco, el presidente Javier Milei declaró su intención en avanzar con una cumbre de países de derecha, un dato no menor en un mundo que parece transitar un cambio de ciclo. Sin embargo, el propio presidente sostuvo que, pese a su alineamiento con Estados Unidos, no romperá las relaciones comerciales con China.
Esta diferenciación, según su propia explicación, entre lo geopolítico y lo comercial puede interpretarse como un elemento favorable para la economía local en un contexto de creciente tensión internacional. Tanto para la economía global como para la argentina en particular, este evento interpela al país debido a su posicionamiento en un sistema internacional en plena transformación, donde las definiciones políticas comienzan a adquirir un peso creciente. Se configura así un escenario en el que las decisiones económicas quedan cada vez más condicionadas por la dinámica geopolítica y el riesgo político, que se consolidan como variables centrales en la definición de estrategias de largo plazo.
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