Aunque la guerra en Ucrania está camino a cumplir los cuatro años, la semana pasada el asunto volvió a estar en el centro de la mesa cuando Rusia, por segunda vez desde que estalló el conflicto, disparó un misil hipersónico Oreshnik con capacidad nuclear contra un objetivo en Ucrania, cerca de la frontera con Polonia, miembro de la OTAN. Pero, pese a la guerra en sí, la medida rusa cobra gran relevancia si se tiene en cuenta que, próxiamente, un histórico tratado nuclear con EE.UU. está por llegar a su fin.

Como era de esperar, el lanzamiento generó temor en Europa. Por ello, Kaja Kallas, jefa de política exterior de la UE, consideró que “el supuesto uso por parte de Rusia de un misil Oreshnik es una clara escalada contra Ucrania y pretende ser una advertencia para Europa y Estados Unidos”.
Pero, más allá de este accionar en particular, lo que realmente preocupa al Viejo Continente (además de una posible retirada de Estados Unidos), es que varios misiles Oreshnik fueron ubicados en Bielorrusia.
La noticia, confirmada por el propio Kremlin, significa que Rusia está tomando medidas para mejorar su capacidad de ataque contra objetivos en toda Europa.
Pero, pese a la nueva estrategia de Moscú, quizás lo más sorprendente es el momento en el que ha decidido tomar la medida, ya que estamos a pocas semanas de que expire el tratado New STAR, el último acuerdo de control de armamento nuclear vigente entre Estados Unidos y Rusia.
¿Hay luz al final del túnel?
Específicamente, el New STAR, firmado los presidentes estadounidense George Bush y el soviético Mijaíl Gorbachov en 1991, expira el próximo 5 de febrero. Sin embargo, pese a la proximidad de la fecha, aún no hay confirmación oficial sobre qué medidas se tomarán al respecto.

En septiembre, el presidente ruso Vladímir Putin propuso que su país y EE.UU. acordaran cumplir, durante otros 12 meses, los límites del Nuevo START que limita el número de ojivas nucleares desplegadas a 1.550 por bando. Sin embargo, es necesario recordar que, desde 2023, las inspecciones mutuas están suspendidas por decisión del propio Putin.
Pero, porr el momento, Trump aún no ha dado una respuesta formal. Por ello, la gran cuestión es si, más allá de una medida estratégica, el despliegue de los Oreshnik son un método de presión ruso para que Washington se siente a negociar o, en realidad, significa que Moscú está preparando el terreno para algo más grande.
Para Washington, dejar que el tratado expire conllevaría que Rusia tendría las manos libres para cargar más ojivas y producir nuevos misiles mucho más rápido que Estados Unidos, que actualmente se esfuerza por construir nuevos submarinos de misiles balísticos clase Columbia y modernizar su arsenal de ICBM.
Por lo tanto, una renovada carrera armamentística pondría a prueba los presupuestos del Pentágono y una base industrial que ya está lidiando con limitaciones en la cadena de suministro y la cadena de producción.
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