El Reino Unido ha iniciado conversaciones con sus aliados de la OTAN para reforzar la seguridad en el Ártico, en un intento por contrarrestar la creciente influencia militar de Rusia y China en la región. La ministra de Transporte, Heidi Alexander, confirmó que las discusiones forman parte de la agenda habitual de cooperación, aunque se producen en un contexto marcado por las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre Groenlandia.

Groenlandia en el centro de la disputa
La tensión se agudizó tras las afirmaciones de Trump, quien reiteró que Estados Unidos “tomará Groenlandia” porque, de no hacerlo, Rusia y China lo harán. El el mandatario insistió en que la isla es clave para la seguridad del Ártico y para evitar que potencias rivales consoliden su presencia en el círculo polar. Esta postura ha generado alarma en Dinamarca, que administra el territorio, y en varios miembros de la OTAN que temen un quiebre en la cohesión de la alianza.
En respuesta inmediata, la secretaria de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, condenó las declaraciones de Trump y reafirmó la posición británica. “Quiero dejar muy clara la postura del Reino Unido. Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, uno de nuestros socios europeos más cercanos y aliados históricos de la OTAN. Todos nuestros países colaboran estrechamente en cuestiones de seguridad y siempre lo harán. El futuro de Groenlandia es asunto de los groenlandeses y los daneses, y de nadie más”, exclamó el pasado 5 de enero.
Por su parte, Alexander subrayó que, aunque el Ártico no ha sufrido las consecuencias devastadoras vistas en Ucrania, es esencial fortalecer la disuasión frente a Vladimir Putin. “Debemos hacer todo lo posible con nuestros aliados de la OTAN para garantizar un frente sólido en esa parte del mundo”, declaró a la BBC.
Rechazo a la anexión
Mientras tanto, los pueblos indígenas de Groenlandia han respondido con firmeza a las amenazas de Washington. Aproximadamente el 89% de la población de la isla —unos 57.000 habitantes— pertenece a la comunidad inuit, que ha dejado claro que no desea convertirse en parte de Estados Unidos. “We don’t want to be Americans”, fue el mensaje contundente de líderes locales, quienes además han expresado su aspiración a una mayor independencia tanto de Dinamarca como de cualquier intento de control externo.
El rechazo se intensificó tras conocerse que la administración Trump no descarta el uso de la fuerza militar y que incluso se habría considerado ofrecer pagos de hasta 100.000 dólares a los groenlandeses que aceptaran integrarse a Estados Unidos. Sin embargo, la respuesta de la población ha sido categórica: la identidad inuit y la autodeterminación no están en venta.

Cohesión en la OTAN
La discusión sobre Groenlandia ha reavivado el debate sobre el liderazgo en la seguridad ártica. Peter Mandelson, exembajador británico en Washington, sostuvo que Trump no recurrirá a la fuerza, pero advirtió que “el Ártico necesita asegurarse contra China y Rusia, y todos sabemos que será Estados Unidos quien lidere ese esfuerzo”.
Desde la oposición británica, Ed Davey, líder de los Liberal Demócratas, sugirió que Londres podría ofrecer tropas en un mando conjunto con Dinamarca. “Si Trump realmente se preocupa por la seguridad, debería participar en una estrategia común y abandonar sus amenazas”, señaló, advirtiendo que una fractura en la OTAN beneficiaría directamente a Putin.
En el plano europeo, la primera ministra italiana Giorgia Meloni ha intentado rebajar las tensiones con Trump, apelando al diálogo y a la necesidad de mantener la cohesión de la OTAN. A su vez, Meloni se ha mostrado contraria a una anexión unilateral de Groenlandia, pero ha evitado confrontar directamente al presidente estadounidense, buscando preservar la relación estratégica con Washington. En contraste, Francia ha redoblado la apuesta, adoptando una postura más firme frente a las amenazas de Trump y defendiendo con mayor contundencia la soberanía de Dinamarca y Groenlandia.
El Ártico como nuevo escenario de competencia

La incertidumbre persiste sobre cómo reaccionarían los demás miembros de la Alianza en caso de que Washington intentara tomar control de Groenlandia por la fuerza. El Ártico se ha convertido en un espacio de competencia geopolítica creciente. El deshielo abre nuevas rutas marítimas y oportunidades energéticas, lo que ha incentivado la presencia militar de Rusia y el interés económico de China. Para Londres, reforzar su papel en la región no solo responde a la necesidad de apoyar a sus aliados, sino también a la urgencia de mantener la cohesión de la OTAN frente a desafíos globales.
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