Tras varias décadas de calma en el Sistema Internacional, ya no queda ninguna duda de que el mundo va camino, una vez más, a regirse en términos de poder. Las guerras en Ucrania o Medio Oriente, sumado a la decisión de Estados Unidos de no respetar el derecho internacional al capturar a Nicolás Maduro en Venezuela, nos hacen ver que, en un futuro próximo, serán los países más poderosos los que dictarán las normas del juego. Y, en este “nuevo mundo” son las armas del tipo nuclear las que les permitirán a los estados mantener su soberanía y asegurar su supervivencia.

Esta última afirmación cobra relevancia si se tiene en cuenta que, tras varios años de desarme, en 2025 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le ordenó al Departamento de Guerra reanudar las pruebas de armas nucleares.
Según Trump, su país, que realizó el último ensayo en 1992, reanudaría las pruebas porque “otros países lo hacen. Si ellos (lo van a) a hacer, nosotros lo vamos a hacer”, aunque nunca quedó del todo claro a qué se refería.
Pero, más allá de esto, la realidad es que, según el SIPRI, los nueve países con armas atómicas (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel), “continuaron con los programas intensivos de modernización nuclear en 2024 y 2025, actualizando las armas existentes y agregando versiones más nuevas”.
El SIPRI considera que, luego de décadas de una disminución anual en el inventario mundial de armas nucleares, esta tendencia se revertirá en los próximos años a medida que el desmantelamiento se desacelere y aumente el despliegue de nuevas armas.
Por ejemplo, en el caso de China, su arsenal nuclear ha crecido 20% en tan solo un año. Las proyecciones indican que podría rivalizar con las reservas de Estados Unidos y Rusia para 2030.
La urgencia de llegar a nuevos acuerdos
En un momento en el que las tensiones no dejan de subir, es necesario recordar que incluso en plena Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética negociaron una serie de tratados para evitar que la carrera armamentística se descontrolara.
Pero el problema es que el último pacto entre ambos, el New START de 1991, está a punto de expirar (5 de febrero).

El presidente ruso Vladímir Putin propuso en septiembre que ambas partes acordaran durante otros 12 meses cumplir los límites del Nuevo START. Este limita el número de ojivas nucleares desplegadas a 1.550 por bando. Pero Trump aún no ha dado una respuesta formal.
En el caso de una respuesta afirmativa, esto daría tiempo para trazar un camino a seguir. Además, se enviaría una señal política de que ambas partes quieren evitar una crisis nuclear.
También enviaría un mensaje a China de que Estados Unidos no reforzaría sus fuerzas nucleares estratégicas en respuesta al rápido crecimiento del arsenal nuclear chino.
China no cede
Justamente, uno de los objetivos de Trump es que China se siente a negociar con Washington y Moscú, algo a lo que Pekín se opone porque su arsenal es “mucho más chico”.

Cabe recordar que, de las 12.000 ojivas nucleares que hay en el mundo, más de 10.000 pertenecen a EE.UU. y Rusia. Pero China ha acelerado su programa nuclear y ahora cuenta con unas 600 ojivas. El Pentágono estima que tendrá más de 1.000 para 2030.
Por eso, una de las opciones sería que Rusia y Estados Unidos elaboraran un sucesor de New START que incluyera límites flexibles de ojivas para tener en cuenta el aumento chino.
Además, sería útil incrementar los canales de comunicación, ya que hoy en día Rusia y Estados Unidos solo tienen una línea directa para usar en una crisis nuclear. Sin embargo, ninguna capital europea puede comunicarse realmente con Moscú en caso de una crisis.
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