La reciente incorporación del portaaviones Fujian, el tercero de la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL), consolida el salto cualitativo de China en materia de proyección naval y refuerza las preocupaciones de Japón y Estados Unidos sobre el equilibrio estratégico en el Indo-Pacífico. Tal como expuso la prensa japonesa, la combinación de nuevos portaaviones, ejercicios de gran escala y una acelerada modernización aérea y naval está alterando las condiciones de seguridad regional en un momento de redefinición de prioridades estratégicas en Washington.

El Fujian se suma al Liaoning y al Shandong, ampliando la capacidad de China para sostener operaciones aeronavales continuas a mayores distancias y con menores restricciones logísticas, un factor clave en escenarios como el estrecho de Taiwán y las cadenas de islas del Pacífico occidental.
Ejercicios en torno a Taiwán y presión sobre Japón
A finales de 2025, el EPL llevó a cabo ejercicios militares de gran escala alrededor de Taiwán, desplegando buques anfibios y drones en aguas al este de la isla, cerca de Yonaguni, el punto más occidental del territorio japonés. Según informó el gobierno de Tokio, el entonces primer ministro Sanae Takaichi recibió múltiples reportes de situación en apenas tres días, reflejo del nivel de alerta generado por estas maniobras.
En paralelo, China modificó sus patrones de entrenamiento naval y aéreo en las inmediaciones de Japón. Entre el 6 y el 12 de diciembre, el portaaviones Liaoning navegó alrededor de la isla principal de Okinawa —donde se concentran bases estadounidenses y japonesas— y lanzó de forma reiterada aeronaves de combate dentro de la zona de identificación de defensa aérea japonesa, un movimiento interpretado como una señal directa hacia Tokio.

La entrada en servicio del Fujian en noviembre de 2025 marca un punto de inflexión. A diferencia de los dos portaaviones previos, esta nueva plataforma incorpora tecnologías más avanzadas, lo que amplía el abanico de misiones posibles y reduce las limitaciones operativas. Analistas regionales destacan que disponer de tres unidades permite a China rotar despliegues, mantener presencia continua en áreas alejadas y disminuir los períodos de inactividad por mantenimiento.
Tal como reportaron medios asiáticos, el Liaoning y el Shandong ya realizaron ejercicios simultáneos en 2025 cerca de la denominada “segunda cadena de islas”, que incluye a las Ogasawara japonesas.
Modernización aérea y naval acelerada
El refuerzo de la flota de portaaviones se inscribe en un proceso más amplio de modernización militar. De acuerdo con datos citados por el Ministerio de Defensa de Japón, China cuenta actualmente con más de 1.600 cazas de cuarta y quinta generación, una cifra inferior a algunas proyecciones estadounidenses, pero igualmente representativa de un crecimiento sostenido en menos de dos décadas.
En el plano naval, el desplazamiento total de la flota china aumentó alrededor de un 25% entre 2019 y 2025, mientras que las capacidades de Japón y de las fuerzas estadounidenses estacionadas en el país se mantuvieron prácticamente estables. Especialistas en defensa señalan que Pekín está desarrollando buques capaces de lanzar múltiples tipos de misiles y de integrar sistemas no tripulados, anticipando escenarios de combate con uso masivo de drones en áreas remotas.

Estados Unidos sostiene que China continúa avanzando hacia una capacidad creíble de invasión de Taiwán para 2027, una evaluación reiterada en informes recientes del Departamento de Defensa. Sin embargo, el contexto estratégico está marcado por un cambio de énfasis en Washington: la nueva Estrategia de Seguridad Nacional prioriza el Hemisferio Occidental, con foco en limitar la influencia china y rusa en América Latina.
Este giro refuerza la presión sobre aliados como Japón para ampliar su rol en la seguridad regional. Tokio avanza en la revisión de su propia Estrategia de Seguridad Nacional y en la construcción de una red de cooperación con países afines, que incluye a Australia, Filipinas, Corea del Sur y socios extra regionales como el Reino Unido, Francia e Italia.
La expansión de la capacidad aeronaval china, simbolizada por la entrada en servicio del Fujian, no solo incrementa la presión militar sobre Taiwán, sino que también reconfigura los cálculos estratégicos de Japón y sus socios. En un escenario de competencia prolongada, la combinación de portaaviones, aviación moderna y plataformas no tripuladas refuerza la ambición de Pekín de operar más allá de sus aguas cercanas, consolidando una presencia sostenida en el Pacífico occidental y desafiando el statu quo regional.
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