El Gobierno argentino decidió poner en pausa el traslado de su embajada en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén, una de las promesas diplomáticas más simbólicas del presidente Javier Milei, en medio de tensiones con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Así lo informó el Canal 12 de la televisión israelí, que atribuye la decisión a un conflicto diplomático reciente vinculado a planes de exploración petrolera en las Islas Malvinas.

Según el reporte, el punto de fricción surgió tras el anuncio de un proyecto de perforación offshore impulsado por la empresa israelí Navitas Petroleum junto a la firma británica Rockhopper, en aguas Argentinas. Buenos Aires calificó la iniciativa como un emprendimiento “ilegítimo”, con una inversión estimada en unos 2.100 millones de dólares, y cuestionó tanto la participación empresarial como el aval implícito del Reino Unido, país que ejerce control sobre el archipiélago pero cuya soberanía es reclamada por la Argentina.
El proyecto petrolero, cuya ejecución estaría prevista recién a partir de 2028, reactivó una de las cuestiones más sensibles de la política exterior argentina. Para el Gobierno, la exploración de hidrocarburos en torno a las Malvinas no solo vulnera los reclamos de soberanía, sino que también contradice los llamados internacionales a abstenerse de adoptar medidas unilaterales mientras persista la disputa con el Reino Unido.

De acuerdo con Channel 12, el canciller israelí Gideon Sa’ar intentó explicar a las autoridades argentinas que el gobierno de Israel no tiene injerencia directa en las operaciones de Navitas, dado que se trata de una empresa privada que cotiza en bolsa. Sin embargo, fuentes cercanas a Milei citadas por el medio sostienen que el malestar fue suficiente no solo para congelar el traslado de la embajada, sino también para introducir un factor de tensión en una relación bilateral que se había fortalecido notablemente desde la llegada del líder libertario al poder en 2023.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel buscaron bajar el tono del conflicto. En respuesta a las consultas periodísticas, señalaron que la Argentina de Milei sigue siendo “uno de los mejores y más cercanos amigos de Israel” y que existe un contacto fluido y permanente entre ambos gobiernos. Además, remarcaron que el tema continuará siendo tratado por los canales diplomáticos correspondientes.
La decisión de frenar el traslado de la embajada no implica, por ahora, una ruptura en el vínculo estratégico entre Buenos Aires y Jerusalén, pero sí expone los límites del alineamiento argentino cuando entran en juego intereses considerados centrales, como la cuestión Malvinas. En ese sentido, el episodio refleja cómo la disputa por los recursos naturales en el Atlántico Sur sigue condicionando la política exterior argentina, incluso en un contexto de fuerte sintonía ideológica con aliados clave.
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