Durante la Guerra de Malvinas de 1982, el Reino Unido no solo siguió de cerca los movimientos militares argentinos, sino que también evaluó con preocupación la posibilidad de una participación indirecta, o incluso directa, de Venezuela en el conflicto. Así lo sugiere un documento clasificado británico de situación operacional, difundido recientemente por el investigador Mariano Sciaroni, especialista en el conflicto del Atlántico Sur.
El informe, fechado en mayo de 1982 y distribuido entre altos mandos británicos, muestra que Londres dedicó varios días a monitorear la postura militar venezolana, en un contexto regional marcado por una fuerte solidaridad latinoamericana con la Argentina y por el temor británico a que el conflicto escalara más allá del eje Buenos Aires–Londres.
Según el “sitrep”, no se detectaban indicios de un despliegue naval venezolano ni de una puesta en alerta formal de su Armada, pero sí se consignaban señales de alistamiento en la Fuerza Aérea de Venezuela, además de movimientos vinculados al traslado y recolección de repuestos aeronáuticos en la región. Para la inteligencia británica, esos indicios no alcanzaban para confirmar una intervención, pero sí justificaban una vigilancia estrecha.
Solidaridad política, presión social y cálculos estratégicos
El trasfondo de esa preocupación británica no era menor. La Guerra de Malvinas generó en Venezuela una rápida reacción popular de apoyo a la Argentina, con protestas frente a la embajada británica en Caracas y un clima de fuerte identificación con la causa argentina. En amplios sectores de la sociedad venezolana, el conflicto fue leído en clave antiimperialista y asociado a reclamos históricos propios, como el diferendo territorial por el Esequibo.
Bajo ese contexto interno, el gobierno de Luis Herrera Campins quedó sometido a presiones políticas significativas. Si bien Caracas mantenía una relación estrecha con Washington —particularmente por el rol del petróleo venezolano en la seguridad energética estadounidense—, también buscó canales discretos de apoyo a la Argentina para no quedar alineada públicamente con Londres.

Diversos testimonios y trabajos históricos señalan que Venezuela aportó material militar y logístico. Entre ellos, repuestos y municiones para aviones Mirage III de la Fuerza Aérea Argentina. Estas acciones se habrían coordinado bajo la supervisión de altos mandos venezolanos, en un equilibrio delicado entre respaldo regional y cautela estratégica.
Vuelos y asistencia encubierta
Uno de los episodios más citados es el testimonio del general argentino Rómulo Henríquez, quien afirmó que dos aviones de la Fuerza Aérea Venezolana aterrizaron de manera clandestina en Tucumán en mayo de 1982. Según esa versión, las aeronaves permanecieron en hangares militares y nunca fueron empleadas operativamente, pero su sola llegada reflejaba un nivel de cooperación que Londres consideraba potencialmente desestabilizador.
Desde la perspectiva británica, cualquier involucramiento venezolano directo hubiera tenido consecuencias mayores: habría transformado la guerra en un conflicto regional, forzando posicionamientos más explícitos de países como Brasil y complicando el respaldo diplomático y logístico que el Reino Unido recibía de Estados Unidos y de la OTAN.
El documento difundido por Sciaroni también se conecta con versiones históricas sobre una eventual intervención de fuerzas aerotransportadas venezolanas. Las brigadas paracaidistas de Venezuela, con experiencia en operaciones contrainsurgentes y en conflictos regionales previos, fueron consideradas por algunos mandos como una fuerza capaz de apoyar a la Argentina en terrenos específicos de las islas.
El antecedente cobra nueva relevancia en el escenario actual, marcado por la crisis venezolana, la captura de Nicolás Maduro y la reconfiguración de alineamientos hemisféricos. En ese contexto, los archivos de 1982 recuerdan que la guerra de Malvinas nunca fue solo un conflicto entre dos Estados, sino un episodio inserto en una dinámica regional más amplia, donde cada movimiento latinoamericano era observado con atención por las potencias involucradas.
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