China rompió un nuevo récord en 2025 con 357 despliegues de su Guardia Costera en las inmediaciones de las islas Senkaku, un archipiélago administrado por Japón pero reclamado por Beijing y Taipéi. La cifra supera los registros de los últimos tres años y confirma un patrón de presencia sostenida que se ha convertido en un termómetro de la rivalidad sino-japonesa. Durante el año, se registraron 27 entradas en aguas territoriales japonesas y más de 335 días consecutivos de patrullajes en la zona contigua, lo que evidencia una estrategia de desgaste y presión constante.

La disputa por las Senkaku, conocidas como Diaoyu en China, no se limita a la soberanía territorial. Se trata de un espacio estratégico por su ubicación entre Taiwán y Okinawa y por sus potenciales reservas de hidrocarburos y recursos pesqueros. Japón ha reforzado su vigilancia marítima y la primera ministra Sanae Takaichi advirtió que Tokio podría recurrir al uso de la fuerza si Beijing ataca Taiwán, conectando directamente la seguridad de las islas con la estabilidad regional.
Este récord se suma a un año marcado por advertencias diplomáticas y maniobras militares. En diciembre de 2025, China acusó a Japón en la ONU de abandonar su doctrina defensiva y denunció hostigamiento contra el portaaviones Liaoning en el estrecho de Miyako. Un mes antes, Beijing había amenazado con hacer pagar a Tokio un “doloroso precio” por su apoyo a Taiwán. Estos antecedentes muestran que la presión marítima se complementa con una narrativa política y militar que busca erosionar la posición japonesa y normalizar la presencia china en aguas disputadas.
La estrategia de Beijing se inscribe en lo que se denomina operaciones de “zona gris” (acciones que no llegan a un conflicto abierto pero que generan tensión permanente). Estados Unidos, que considera a China su “desafío de ritmo” en el Indo-Pacífico, ha reforzado la cooperación militar con Japón y otros aliados, mientras que el riesgo de incidentes entre buques pesqueros y patrulleros aumenta la posibilidad de choques accidentales con consecuencias diplomáticas graves.

El récord de incursiones de la Guardia Costera china en las Senkaku no es un hecho aislado, sino parte de una política más amplia de proyección marítima y legitimación narrativa. La disputa se convierte en un indicador de cómo las tensiones territoriales se entrelazan con el pulso estratégico global entre China y Estados Unidos.
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