Reino Unido, tras alcanzar un acuerdo con la Unión Europea, acordó retornar al programa Erasmus en 2027. La decisión representa un giro político significativo en las relaciones entre Londres y Bruselas luego del Brexit. Junto a otras medidas, el primer ministro Keir Starmer busca mejorar las relaciones con el bloque europeo.

Este movimiento no es un hecho aislado. Por el contrario, constituye una pieza central de la estrategia de Starmer hacia Bruselas. El primer ministro apunta a revertir una de las consecuencias más simbólicas que acarreó el Brexit de Boris Johnson.
No obstante, aunque Reino Unido retornará a Erasmus, la decisión conlleva concesiones financieras y políticas relevantes. Pese a que se presenta como una victoria pragmática por sus beneficios futuros, existen notables críticas al regreso británico a Erasmus.
La economía política del acuerdo entre Londres y Bruselas
El contenido del acuerdo no se ciñe netamente a lo económico. También aborda matices presupuestarios y económicos, estrechamente vinculados a la negociación entre las partes.
Reino Unido retornará a Erasmus en el ciclo 2027/2028 pagando 570 millones de libras para dicho período, según recogió rtve. El gobierno laborista destaca haber obtenido una tarifa reducida del 30% frente a otros países también externos a la UE. Sin embargo, los críticos señalan que el monto que el Reino Unido abona es mucho más caro que cuando era miembro pleno del bloque.
Por otro lado, el acuerdo contempla una reducción significativa de las tasas a pagar para los estudiantes de la Unión Europea en universidades británicas. Esta reducción de casi el triple en los montos busca recuperar el flujo de estudiantes europeos que colapsó tras el Brexit y la pandemia. Asimismo, revitalizará financieramente a las instituciones de educación superior británicas y la economía de servicios asociados a la movilidad estudiantil.
El fracaso del unilateralismo
El hecho de que Reino Unido retornará a Erasmus no es un fenómeno aislado. De hecho es el fracaso de un proyecto soberanista aislado que se presentó como alternativa al programa europeo.
El primer ministro Johnson denunciaba que el programa Erasmus no era rentable para el Reino Unido, al ofrecer una mala relación calidad-precio. Por lo tanto, paralelamente a la salida del país de la Unión Europea en 2020, se produjo la retirada británica de Erasmus en 2021.

Andrew Gilligan y Boris Johnson. Colaborador de imágenes
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En su reemplazo, Jhonson presentó al “Esquema Turing” como una alternativa de menor costo y más global. Sin embargo, este programa resultó menos confiable, con fondos limitados que no cubrían los costos de vida. Como resultado, se dificultó el acceso a estas oportunidades de intercambio para los estudiantes de bajos recursos.
En consecuencia, el retorno británico a Erasmus evidencia la falta de capacidad del aparato estatal de replicar el alcance y capacidad del programa multilateral europeo. El Estado británico no pudo ofrecer satisfactoriamente a sus ciudadanos los mismos beneficios en materia de intercambios educativos que el multilateralismo proveyó en años anteriores.
El retorno a Erasmus como parte de un proyecto de estrechamiento de lazos más amplio
Además de Erasmus, el gobierno de Starmer abordó otros puntos de agenda en sus reuniones con los funcionarios de la Unión Europea. El primer ministro busca mejorar los lazos entre Londres y Bruselas, luego de las secuelas del Brexit en las relaciones entre ambas partes.
Se lograron avances en la integración de mercados eléctricos, el comercio de alimentos y el manejo de las emisiones de carbono. Como informó El País, tras los apagones en la península ibérica del año pasado, Reino Unido, dada su condición insular, busca paliar su vulnerabilidad energética. Es en este escenario que el acercamiento a Bruselas se vuelve significativo.
Sin embargo, para lograr estos acuerdos, Reino Unido debió otorgar concesiones a la Unión Europea. Por ejemplo, Starmer realizó la cesión de derechos de pesca. Específicamente, extendió el acceso de la UE a aguas británicas por 12 años, según El País.

Es importante mencionar que fracasaron las negociaciones para unirse al fondo de defensa de la Unión Europea: SAFE. Este colapso en las negociaciones se produjo por desacuerdos económicos entre las partes. Esto evidencia que, pese a la existencia de una voluntad de acercamiento, esta reviste límites claros.
Asimismo, otra precisión fundamental es que, aunque se acordó que Reino Unido retornará a Erasmus, Londres se resiste a un esquema más amplio de movilidad. Se evita el abordaje de cualquier proyecto de “movilidad juvenil”, que incluya puestos de trabajo para extranjeros, para evitar protestas de los sectores anti-inmigración.
Implicancias del acuerdo
La decisión ha tenido lecturas y reacciones en diferentes sectores. Además, se ha presentado este acontecimiento bajo diversas narrativas hacia adentro y hacia fuera del país.
Por un lado, varios actores de la sociedad británica conciben al acuerdo como una oportunidad para fortalecer el poder blando británico. Señalan que los estudiantes europeos que estudien en el país son potenciales líderes afines a Reino Unido. Se ve como una inversión en influencia a largo plazo.

“Incluso una visita breve al Reino Unido… la gente disfruta su tiempo aquí […] Muchas de estas personas se convertirán en líderes del sector público y privado, en líderes de sus países, y eso es positivo. Atendemos a ese remolino de talento global. Eso es poder blando y diplomacia blanda” ~Irene Tracey, vicerrectora de la Universidad de Oxford, para BBC (Traducción del inglés)
Por otro lado, internamente, el acuerdo entre Londres y Bruselas se ha enmarcado en una lucha de narrativas entre diversos sectores políticos del país. Los laboristas lo enmarcan como una “oportunidad de crecimiento económico”, evitando señalar una reversión del Brexit. En cambio, los conservadores califican el acuerdo de “traición” y sumisión a Bruselas, en detrimento de los bolsillos de la ciudadanía británica.
En cualquier caso, debe verse cómo evolucionará la estrategia de Starmer hacia la Unión Europea, tomando como referencia este hito. Cabe preguntarse si el primer ministro está articulando un “Brexit blando” por partes, priorizando únicamente áreas claves en lugar de un soberanismo absoluto.
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