Escenario Mundial viajará a Santiago de Chile este domingo para cubrir la segunda vuelta electoral que marcará un antes y después en un país clave en la región, con el balotaje que definirá al próximo presidente. Los candidatos son dos extremistas que definirán si el país sostiene el rumbo del ciclo Boric o gira hacia una derecha que llega envalentonada. Los nombres son de polos bien marcados. José Antonio Kast por el partido Republicano, que se presenta por tercera vez consecutiva buscando que sea la vencida. Por el oficialismo irá Jeannette Jara, que ganó la interna de la izquierda chilena, y representa la continuidad de Boric.

En la primera vuelta, desarrollada el pasado 16 de octubre, la candidata oficialista Jara se consolidó en el primer lugar y el derechista José Antonio Kast obtuvo su pase al balotaje. Según los datos entregados por el Servicio Electoral de Chile (Servel), la política de izquierda obtuvo un 26,7% de los votos, frente al 24% del exdiputado católico.
Jara se impuso en la primera vuelta en buena parte del país, dominando el centro y el extremo sur. Ganó en Coquimbo, Valparaíso, Aysén y Magallanes, además de la Región Metropolitana, que concentra Santiago y el mayor caudal electoral del país. Su desempeño sólido en las zonas urbanas y en el sur profundo refuerza la lectura de una candidatura que logró ordenar al oficialismo y capitalizar el voto progresista. Kast, en cambio, lideró con claridad en gran parte del sur centro del país, imponiéndose en O’Higgins, Maule, Ñuble, Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. El mapa muestra así un Chile partido en dos: grandes centros urbanos y regiones extremas inclinadas hacia Jara, y el sur productivo, rural y conservador, volcado hacia Kast.
Estos párrafos de la geografía chilena sirven para mostrar los objetivos a consolidar este domingo por los candidatos. Pero el voto más importante no hay que mirarlo desde el mapa, sino desde la demografía. Según analistas, el voto joven definirá la elección. Esto se da en un momento clave de la región en donde las juventudes se ven menos atadas a las viejas lealtades partidarias y más orientadas a los cambios concretos que esperan ver, lo que podría inclinar la balanza en una contienda marcada por la incertidumbre y la fragmentación.
Esto implica un abanico de escenarios, pero como periodista no hago futurología (por ahora). Kast representa el viraje a la derecha, algo que ya es tendencia en la región. El chileno mira el mapa y ve a Javier Milei consolidado, derrotando al partido hegemónico; Bolivia, un país histórico por tener gobiernos de izquierda con el MAS, tuvo un viraje a la centroderecha de Rodrigo Paz; Perú no opino; la Ecuador de Noboa forma parte del cambio de época; y Paraguay complementa. Por lo tanto, la geografía indica que hay dos situaciones: los oficialismos -algunos partidos hegemónicos- pierden y no son reelectos, y Sudamérica está en un momento de derechización. Sonríe Donald.
De cara al balotaje, si uno toma la calculadora, y sigue la lógica -en una región donde nada tiene lógica- la derecha de Kast debería triunfar más por apoyos de los otros partidos de derecha, como los de Johhanes Kaiser, Evelyn Matthei, y ahora Franco Parissi.

La eventual victoria de Kast y derrota de Jara se tiene que explicar observando los logros y desaciertos de la gestión actual de Gabriel Boric. La consultora en comunicación política, Elda Tomasini, en diálogo con Escenario Mundial, resaltó los puntos bajos durante la última presidencia: “Los dos fracasos de intento de reforma de la constitución, que estaba vigente de la época de Pinochet, tanto en el primer intento, cuando estuvo dirigida, por los sectores de izquierda, como en el segundo, donde los que redactaron la reforma eran los sectores de derecha, llegaron a buen puerto. Eso es algo que pendiente y un fracaso que reúne al gobierno de Boric, como a la dirigencia política chilena en general”. En suma, “No se logró en ninguno de los dos casos un acuerdo transversal en temas claves para las principales demandas de los chilenos que se fueron profundizando después del estallido que hubo en el 2019”, analiza Tomasini.
Las últimas encuestas ubican a Kast con una amplia ventaja con una intención de voto que ronda el 60% sobre la candidato del oficialismo Jara. Si bien ambos comparten discursos sobre la cuestión de la inseguridad y crecimiento de la migración, pero difieren en los métodos de aplicación. Chile, a pesar de ser el país más seguro de América Latina, pero en el que se duplicó la tasa de homicidios en la última década, pasando de 2,32 por cada 100.000 habitantes en 2015 a 6,0 en 2024.
Otro punto importante de la campaña, es que Kast y Jara coincidieron en el diagnóstico del delito y migración como cuestión central de cara a futuro, pero no en la receta. En un país de 18,5 millones de habitantes, los extranjeros ya rozan el 10%. Jara propone un enfoque más institucional para ordenar el flujo migratorio, con un registro oficial de quiénes entran. En seguridad, su plan se apoya en tres pilares: más cárceles, modernización del Estado y las policías, y una ofensiva financiera contra el delito.
Con todo esto, Jara reforzó su discurso, y pasó de ser la candidata comunista a alguien más de la centroizquierda. Entendió todo, ahora falta que la voten. También, defendió la idea de expulsar a los extranjeros que no se registren o que cometan delitos.

Como se imaginarán, Kast promete implementar la mano dura inspirada en el presidente más romantizado de la región, Nayib Bukele de El Salvador. Kast visitó la cárcel del salvadoreño y lo incluyó como plan de gobierno en materia de seguridad. “Quienes intenten ingresar de manera violenta o desobedecer las órdenes serán reducidos con protocolos estrictos”, advierte su programa.
La pelea por el balotaje se volvió la caza del votante indeciso y joven. Ambos candidatos entendieron que sus ideas extremas no funcionan para persuadir y bajaron el volumen de sus identidades más duras y tomaron prestadas banderas ajenas. El objetivo tiene nombre y número: Franco Parisi, el economista que quedó tercero en la primera vuelta con casi el 20% y dejó un electorado suelto, difícil de encasillar y demasiado grande como para ignorarlo.
Ese voto Parisi es una mezcla incómoda para cualquier comando: jóvenes que desconfían del sistema, trabajadores y pequeños empresarios, gente harta de la clase política y también quienes sienten que nadie los representa. No es un bloque ideológico; es más bien un clima. Y por eso se transformó en botín electoral para los dos finalistas:
Jara eligió una jugada de alto impacto simbólico: marcar distancia del Partido Comunista y anunciar que, si gana, renunciará a esa afiliación. A la vez, sumó medidas que vienen de otros competidores para hablarle a un votante más pragmático que doctrinario: desde devolver el IVA en medicamentos hasta incentivos financieros para jóvenes, una agenda pensada para el bolsillo y el día a día.

Kast, en espejo, entendió que su techo depende de bajar el miedo que despierta su historial conservador —abogado, contrario al aborto y al matrimonio igualitario— y ensayó una garantía para el votante moderado: prometió que en su eventual gobierno “ningún derecho adquirido se va a tocar”.
“El resultado electoral no solo tiene que ver con la gestión del oficialismo, sino también con un proceso que se viene dando en el tiempo, que se está denominando las tres derechas chilenas, con la aparición de nuevos partidos y una opción de extrema derecha. Hoy está en su punto máximo como fenómeno”, advierte la experta en comunicación política Tomasini. En criollo, más allá de campañas y slogans, Chile está votando una reconfiguración del sistema de partidos de derechas, con efectos que van a seguir el lunes, gane quien gane.
Cuando cierren las urnas, el balotaje va a dejar un dato más grande que el nombre del próximo presidente: qué tipo de Chile está empezando a organizarse. Uno que acepta la continuidad con correcciones, que le exige al progresismo resultado en materias de seguridad, economía y gobernabilidad, o uno que compra el giro a la derecha como promesas de orden, aun con el riesgo de tensar consensos que el país tardó décadas en construir.
El resultado no va a hablar solo de Boric, ni de la campaña de Jara o Kast. Va a hablar de un proceso más profundo. La reconfiguración, el tablero, con las “tres derechas” que remarca Tomasini, como fenómeno en expansión y con un electorado a lo Parisi -joven, desconfiado y pragmático- que ya no vota por pertenencia sino por expectativa. En esa mezcla de miedo, cansancio y demanda de eficacia se juega el domingo: no tanto quién gana, sino qué mandato recibe.
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