Estados Unidos y Reino Unido sellan acuerdo comercial con reducción de aranceles en sectores clave

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro británico, Keir Starmer, anunciaron este lunes la implementación de un nuevo acuerdo comercial bilateral centrado en la reducción de aranceles en sectores estratégicos como el automotor, el agrícola y el aeroespacial.

El acuerdo, según informaron ambas delegaciones, contempla una rebaja sustancial de los aranceles estadounidenses sobre las exportaciones de automóviles del Reino Unido, que pasarán del 27,5% al 10% a partir de finales de junio, con un tope anual de 100.000 unidades.

La presentación del documento tuvo lugar durante la cumbre del Grupo de los Siete en Kananaskis, Canadá, marcando el primer gran avance comercial del actual gobierno estadounidense desde la escalada arancelaria lanzada meses atrás.

También se anunció la exención del sector británico de aeronaves civiles de los aranceles base del 10%, lo que representa un alivio para una industria con fuerte integración transatlántica.

Por parte del Reino Unido, el gobierno de Starmer acordó ampliar las cuotas de importación de productos agrícolas estadounidenses, permitiendo el ingreso recíproco de hasta 13.000 toneladas métricas de carne de vacuno. No obstante, Londres insistió en que todas las importaciones deberán ajustarse a sus normas de seguridad alimentaria, manteniendo una línea de protección regulatoria frente a la presión estadounidense.

Cuotas pendientes y tensiones sobre el acero

Pese a los avances, el acuerdo no logró resolver uno de los puntos más sensibles para el Reino Unido: la eliminación de los aranceles del 25% sobre el acero. Según un funcionario británico, las tarifas siguen vigentes a pesar del documento marco firmado el mes pasado, que preveía su reducción gradual hasta eliminarlas.

En lugar de un acuerdo definitivo, Estados Unidos se comprometió a establecer una cuota de importación sin aranceles, cuyo volumen será determinado próximamente por el secretario de Comercio, Howard Lutnick.

El texto también establece que el Reino Unido deberá colaborar con Estados Unidos en el fortalecimiento de la seguridad en la cadena de suministro de acero y aluminio. Particularmente, Washington ha manifestado su preocupación por la propiedad de British Steel, la principal siderúrgica del país, que aunque se encuentra bajo control estatal efectivo, sigue legalmente en manos del grupo chino Jingye.

Presentación oficial entre torpezas y gestos diplomáticos

Durante la conferencia de prensa conjunta, Trump elogió la relación con el Reino Unido como “simplemente fantástica”, pero protagonizó un momento incómodo al dejar caer parte del documento firmado al intentar mostrarlo a la prensa.

Starmer recogió las hojas con discreción, poco antes de que Trump se refiriera erróneamente al tratado como “un acuerdo con la Unión Europea”, pese a que el Reino Unido abandonó el bloque hace más de cinco años.

Este acuerdo es el primero que Trump cierra tras su decisión de aumentar los aranceles a nivel global, y será utilizado por su administración como evidencia de que su estrategia está dando resultados. Desde la perspectiva británica, el entendimiento representa una oportunidad para asegurar condiciones preferenciales antes de que otros socios negocien sus propios términos con Washington.

Reacción política y valor estratégico del acuerdo

Para Keir Starmer, el pacto ofrece una validación de su enfoque diplomático pragmático, evitando confrontaciones públicas con Trump y priorizando la defensa de sectores industriales clave en un contexto global incierto.

Aunque la ausencia de una solución definitiva para el acero representa un revés, funcionarios británicos consideran que el avance en los sectores automotor y aeroespacial permite mitigar parte del impacto económico de las medidas arancelarias estadounidenses.

Ambos líderes coincidieron en que el acuerdo refleja una profundización de la cooperación económica entre sus países y se comprometieron a seguir avanzando en los capítulos pendientes. Aunque los detalles operativos aún deben definirse, el anuncio envía una señal clara sobre la voluntad política de mantener un vínculo comercial privilegiado entre Londres y Washington, en un escenario internacional marcado por la reconfiguración de alianzas y el ascenso del proteccionismo estratégico.

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