El pasado viernes, Estados Unidos llevó a cabo múltiples e importantes ataques aéreos contra 85 objetivos en Irak y Siria, los cuales duraron aproximadamente 30 minutos y “emplearon más de 125 municiones de precisión”, según un comunicado. El bombardeo fue principalmente direccionado “contra la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán y grupos de milicias afiliados”, aunque Biden afirmó que el accionar estadounidense continuará “en los momentos y lugares” que se elijan. 

“Las instalaciones que fueron atacadas incluían operaciones de comando y control, centros, centros de inteligencia, cohetes y misiles, y almacenes de vehículos aéreos no tripulados, e instalaciones logísticas y de cadena de suministro de municiones de grupos de milicias y sus patrocinadores del IRGC que facilitaron ataques contra las fuerzas estadounidenses y de la Coalición”, afirma el comunicado oficial de los Estados Unidos. “Creemos que los ataques tuvieron éxito”, agregó el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby.

El primer ministro iraquí, Mohammed Shia al-Sudani, en la primera sesión de negociaciones entre Irak y Estados Unidos el pasado sábado 27 de enero de 2024. (Foto AP/Hadi Mizban, Piscina)

 

 El teniente general Douglas Sims explicitó que los lugares de los ataques fueron elegidos “con la idea de que probablemente habría bajas” y afirmó que los bombarderos volaron en un “vuelo único sin escalas” desde Estados Unidos gracias al “mejorado del Comando de Transporte y la capacidad de abastecer combustible y seguir el camino”.Lo cierto es que los ataques estadounidenses alcanzaron instalaciones utilizadas por al Hashd al Shabi o Unidades de Movilización Popular (UMP) vinculadas a Irán en la ciudad iraquí de Al-Qaim. 

Irán fue culpado como la mente detrás del ataque, principalmente porque Estados Unidos mantuvo un rol activo contra grupos terroristas y reaccionarios a lo largo de Medio Oriente. En su momento, Biden declaró en una declaración escrita que Estados Unidos “hará que todos los responsables rindan cuentas en el momento y de la manera que elijamos”, a lo que el secretario de Defensa, Lloyd Austin, añadió “tomaremos todas las medidas necesarias para defender a Estados Unidos, nuestras tropas y nuestros intereses”.

Locales y analistas internacionales afirman que estos ataques fueron “notablemente más significativos que los ataques anteriores contra las milicias respaldadas por Irán en las últimas semanas” considerando lo anticipado del accionar ya que, al mediodía del pasado viernes, un funcionario del Pentágono confirmó a Sky News Arabia que sus bombarderos B-1 habían abandonado la base aérea de Lakenheath en Gran Bretaña para una “misión en el Medio Oriente”.

Por otro lado, el portavoz de las Fuerzas Armadas de Irak, Yahya Rasool, denunció los ataques como una “violación de la soberanía iraquí” y destacó que la ciudad de Al-Qaim y las zonas fronterizas de su país “están siendo objeto de ataques aéreos por parte de aviones estadounidenses, en un momento en que Irak se esfuerza por garantizar la estabilidad de la región”. El alcalde de Al-Qaim, Turki Al-Mahalawi, confirmó que los ataques alcanzaron tres casas utilizadas como almacenes de armas por las PMU.

Sin embargo, el ataque del domingo marcó una escalada significativa a la que Biden ya que, aunque anteriormente hubo otras escalada de tensiones en la semana, esta fue la primera vez que mueren miembros del personal estadounidense. Según Kirby, además, el accionar de Washington a llevar a cabo fue anticipado con antelación al gobierno iraquí, aunque no hubo comunicación con Irán. Por otro lado, el gobierno de Raisi declaró que Irak no busca un conflicto pero que “responderá con fuerza a los matones”.

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Redacción
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