El pasado domingo, publiqué un artículo que abordó las incertidumbres derivadas de la suspensión de los fondos estadounidenses para el conflicto en Ucrania. En dicho artículo se destaca también la incapacidad de Occidente para satisfacer la demanda de material bélico por parte de Kiev, especialmente munición de artillería, planteando amenazas a los intereses occidentales.

En este sentido, comenté que en un contexto global marcado por los desafíos planteados por China en la región del Indo-Pacífico y la desestabilización en Medio Oriente debido a la guerra en Gaza, la imposibilidad de respaldar a Ucrania conlleva implicaciones estratégicas relevantes para Occidente. De esta forma, a partir de un eventual enfrentamiento con China en el Indo-Pacífico, la capacidad de Estados Unidos para brindar apoyo militar a Europa podría quedar considerablemente mermada, dejando al continente vulnerable a una posible agresión por parte de Rusia.

En este escenario, Moscú podría aprovechar la oportunidad para socavar la cohesión de la OTAN. La perspectiva de una posible agresión coordinada por parte de Rusia y China en el frente europeo presentaría una amenaza a la posición estratégica de Occidente en su conjunto.

Ahora bien, algunos colegas y amigos, con un genuino interés en estos asuntos, me han señalado con respeto que la idea de un ataque de Rusia a la OTAN resulta prácticamente imposible. Argumentan que Rusia carece de la capacidad militar necesaria y que tal evento podría desencadenar el uso de munición nuclear. Estos comentarios bien fundamentados se basan en análisis realistas, como los de John Mearsheimer y otros destacados analistas tanto a nivel nacional como internacional.

Sin embargo, en este artículo profundizaré más en la posibilidad de un ataque por parte de Rusia a la OTAN, dado que es un escenario para el cual Occidente ya se encuentra preparándose.

¿En qué caso y cómo podría atacar Rusia a la OTAN?

La hipótesis de un ataque de Rusia a la OTAN se basa en dos razones fundamentales: en primer lugar, la actualidad de la producción armamentística tanto en Estados Unidos como en Europa, Rusia y China; y en segundo lugar, la posibilidad de un conflicto simultáneo de EEUU y Europa con ambas potencias, China y Rusia.

Según la mirada del especialista y profesor Justin Bronk, investigador principal en el equipo de ciencias militares del Royal United Services Institute, Rusia ha orientado su economía hacia una movilización bélica, mientras que la producción estadounidense no puede satisfacer sus necesidades y las de Ucrania. Al mismo tiempo, los países europeos se encuentran ante una situación insostenible en términos de suministros militares durante períodos de paz. De esta forma, capacidad de suministro militar ruso ha experimentado mejoras evidenciadas por un constante aumento en la producción de tanques, obuses y vehículos aéreos no tripulados.

En este contexto, Rusia se prepara para una guerra prolongada con el objetivo de someter a Ucrania y agotar la capacidad de sus partidarios occidentales para proveer los recursos necesarios. A pesar del notable gasto hasta el momento, Rusia tiene previsto incrementar aún más su presupuesto de defensa en un 68% el próximo año. Así, en los próximos dos o tres años, Rusia tiene previsto llevar a cabo un aumento en la producción de armas y municiones, además de la formación de nuevas fuerzas. 

Por su parte, la OTAN depende en gran medida de Estados Unidos en áreas críticas como la neutralización de las defensas aéreas rusas, el reabastecimiento de municiones, aviones, cisterna, comando y control, así como capacidades satelitales. En Europa persisten desafíos debido a inversiones insuficientes en producción industrial y gastos militares, en países como Alemania y el Reino Unido, a pesar de compromisos anunciados, no han cumplido plenamente sus objetivos de gasto en defensa, lo que se refleja en deficiencias en su planificación y en la implementación lenta a nivel regional de programas como el de la Agencia Europea de Defensa para la adquisición de artillería.

Sin embargo, a pesar de la creciente frustración occidental por los costos y la falta de avances en la guerra, la alternativa sería presionar a Ucrania para que negocie con Putin. Esta opción es peligrosa, ya que los objetivos rusos persisten y la voluntad del Kremlin de continuar la guerra se refleja en sus preparativos y acciones ofensivas. Retirar el apoyo militar occidental podría fortalecer la determinación rusa, enviando un mensaje riesgoso sobre la falta de voluntad de Occidente para resistir, lo que complicaría la disuasión frente a futuras agresiones de potencias revisionistas.

El otro motivo por el cual la hipótesis de un ataque del Kremlin es factible, se debe a la posibilidad de un conflicto simultáneo de EEUU y la OTAN con China y Rusia. En este sentido, el rápido crecimiento del ejército chino, especialmente en sistemas de misiles de largo alcance, presenta un desafío para las capacidades militares de Estados Unidos en el Indo-Pacífico. Las respuestas técnicas estadounidenses, como el caza Air Dominance de próxima generación, el avión de combate colaborativo y el bombardero B-21 Raider, no estarán disponibles a escala útil hasta 2029 o 2030, generando un período de riesgo entre 2026 y 2028.

En ese lapso, según la mirada de Bronk las capacidades chinas estarán desplegadas mientras las respuestas estadounidenses aún no estarán listas. En caso de un conflicto en el Indo-Pacífico, Washington enfrentaría presiones para cumplir con los compromisos y necesidades aliadas, posiblemente requiriendo la transferencia de activos de otros comandos para volcarlos en el Indo-Pacífico. Esto podría afectar la capacidad de respuesta en caso de conflicto, especialmente si se enfrentan amenazas simultáneas en Europa y el Indo-Pacífico. 

Para darle más sustento a esta visión hay que tener en cuenta que la inteligencia de Estados Unidos ha detectado que el presidente chino Xi Jinping dio instrucciones a sus militares a estar listos para invadir Taiwán en 2027, según el director de la CIA, William Burns. En consecuencia, es razonable que occidente se prepare para una posible confrontación, ya que esta situación sumada a la dificultades en la base industrial occidental para producir suficiente armamento, crea un combo peligroso.

De esta manera, cualquier análisis que priorice la amenaza militar de China en el Indo-Pacífico o de Rusia en Europa es errónea porque estos son conflictos que muy probablemente puedan surgir en simultáneo. Es importante remarcar que Beijing tiene un gran interés en respaldar a Moscú para mantenerla como una seria amenaza militar en Europa, dividiendo así la atención de Estados Unidos y sus aliados. 

Basándonos en lo anteriormente dicho, el escenario más probable para un ataque directo de Rusia a un país europeo de la OTAN sería durante un conflicto simultáneo en el Indo-Pacífico, cuando las fuerzas estadounidenses estén ocupadas en esa región. Así, entre 2026 y 2028, Rusia podría aprovechar la oportunidad para debilitar la OTAN, mientras Estados Unidos no puede reforzar eficazmente a Europa, dado el incentivo creado por una confrontación militar con China en esa época. Durante este período, la industria rusa habrá estado en plena producción militar, permitiéndole reconstruir sus fuerzas. Este es el escenario temido por los funcionarios de defensa y política exterior occidentales, y ya están tomando medidas para enfrentarlo. 

Alrededor de 90.000 soldados de la OTAN comenzarán esta semana el mayor ejercicio militar del bloque desde la Guerra Fría, llamado operación Steadfast Defender 2024. Este ejercicio se ha duplicado en tamaño desde que se anunció el año pasado, y está diseñado explícitamente para preparar a la alianza para una invasión rusa. En este contexto, el jefe del Comité Militar, el almirante neerlandés rob Bauer sostuvo que los civiles deben prepararse para una guerra total con Rusia durante los próximos 20 años. En la misma línea, el ministro de Defensa Alemán, Boris Pistorius, comentó que la OTAN espera un conflicto con el Kremlin en los próximos 5 años. 

Por este motivo, para hacer frente a esta amenaza, los países europeos, incluido el Reino Unido, están buscando incrementar la capacidad de producción de municiones, repuestos y misiles de defensa aérea, lo cual es vital para apoyar a Ucrania y, al mismo tiempo, reponer sus propias reservas agotadas. De acuerdo con Bronk, es esencial que las fuerzas aéreas europeas adquieran armas especializadas y se enfoquen en capacitar a las tripulaciones aéreas en tácticas avanzadas de supresión y destrucción de las defensas aéreas enemigas. Así, la capacidad creíble de repeler a las fuerzas rusas en Europa depende de lograr la superioridad aérea, ya que las potencias europeas de la OTAN carecen de la capacidad para desplegar fuerzas terrestres en la escala y calidad necesarias para derrotar a Rusia sin ella.

¿Cuál es el objetivo de Rusia?

A partir de lo analizado, se puede observar que la posibilidad de un ataque ruso al territorio de la OTAN no solo es factible, sino que está emergiendo como una hipótesis de conflicto muy real para la alianza. 

Sin embargo, la mayoría de los argumentos que descartan la viabilidad de un ataque de este tipo suelen implicar una acción rusa con la intención de derrotar por completo a Europa, llegando incluso a tomar el Canal de la Mancha. También, se suele hablar como si los combates en algunos territorios de Europa del Este derivaran automáticamente en una guerra nuclear, y de manera similar, parece sugerirse que la intención de una ofensiva militar necesariamente implicaría el objetivo de ganar gran cantidad de territorios o infligir una derrota total al adversario.

Personalmente, no creo que Rusia esté buscando un escenario que conduzca a un conflicto de tal magnitud, ya que entre la opción de atacar y provocar una guerra nuclear y la de abstenerse, existen posibles caminos intermedios. Esto es especialmente relevante considerando que vivimos en un mundo multipolar, con un creciente nivel de tecnologización e interconexión, donde los conflictos en una región pueden vincularse fácilmente con otros.

Desde mi perspectiva, el objetivo de Rusia parece ser intentar socavar la cohesión de la OTAN a través de acciones en Europa del Este, generando presión y limitando la influencia de Estados Unidos. Esto podría obligar a Europa a negociar una paz separada en caso de que Washington tenga un conflicto simultáneo con Beijing. Así, Moscú buscaría negociar una arquitectura continental que fortalezca la posición de Rusia en el tablero regional y mundial, contribuyendo a la tendencia del sistema hacia la multipolaridad.

A mi entender, el objetivo último de Putin es asegurar una posición más sólida para Rusia en el sistema internacional, siguiendo la sabiduría de Kissinger, quien afirmó que “la esencia de la mediocridad se encuentra en quien prefiere la ventaja tangible a la ganancia intangible de posición”. Con un liderazgo de un cuarto de siglo en una potencia de gran relevancia, Putin no debería ser considerado mediocre.

Por este motivo, los miembros europeos de la OTAN seguramente se enfocarán en aumentar la inversión en producción de armamento y municiones y centrar el entrenamiento militar y las estructuras de fuerza para disuadir de manera creíble a Rusia de explotar un choque entre Estados Unidos y China a finales de la década de 2020 como una oportunidad para romper el Artículo 5 en Europa.

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Lautaro Bermudez
Licenciado en Relaciones Internacionales 🕊️. Apasionado por la historia 📘 y la geopolítica 🌐. LinkedIn: Lautaro Bermudez

2 COMENTARIOS

  1. Este conflicto me recuerda a los 80 con el conflicto de los misiles. En esa ocasión Petrov tuvo la cabeza fría ese día de septiembre de 1983, para evtar una destrucción mundial, al no responder a un falso ataque de EEUU. Si hubiese respondido tal vez no estaríamos acá. Apelo a la sensatez de los poderosos Estados por toda la humanidad y que sólo sean formas de lograr negociaciones.

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